OFFSHORE Y EL DEBER DE CONTRADECIR EL ÉXITO CAPITAL

Juliàn Axat y el deber de contradecir al éxito capital –   en Arte/Literatura  por 

http://www.criticasculturales.cl/deber-contradecir-al-exito-capital/

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ME GUSTARÍA

YEVGUENI YEVTUSHENKO

ME GUSTARÍA

Me gustaría nacer en todos los países,
tener un pasaporte para todos
que provoque el pánico de las cancillerías;
ser cada pez en cada océano
y cada perro en las calles del mundo.
No quiero arrodillarme ante ídolo alguno
ni hacer el papel de un ruso ortodoxo hippie,
pero me gustaría hundirme
en lo más hondo del Lago Baikal
y salir resoplando en otras aguas,
¿por qué no en las del Mississippi?
En mi maldito universo amado
me gustaría ser una hierba humilde,
nunca un Narciso delicado que se besa
en el espejo.
Me gustaría ser
cualquiera de las criaturas de Dios,
incluso la última hiena sarnosa,
pero nunca un tirano,
ni siquiera el gato de un tirano.
Me gustaría reencarnar como hombre
en cualquier imagen:
víctima de una cárcel de tortura,
un niño vagabundo en los tugurios de Hong Kong ,
un esqueleto viviente en Bangladesh,
un pordiosero sagrado en el Tíbet,
un negro de Ciudad del Cabo,
pero nunca encarnar la imagen de Rambo.
Sólo odio a los hipócritas,
hienas sazonadas en espesa melaza.
Me gustaría tenderme
bajo el bisturí de todos los cirujanos del mundo,
ser un tullido, un ciego,
sufrir todo mal, toda deformidad y herida,
ser un mutilado de guerra,
o el que recoge las colillas del suelo,
con tal de que no las penetre
el infame microbio de la prepotencia.
No quisiera formar parte de la élite,
ni, por supuesto, del rebaño de cobardes,
ni perro de manada,
ni pastor servil al abrigo de su rebaño.
Y quisiera ser feliz,
pero no a costa de los infelices.
Y quisiera ser libre,
pero no a costa de los que no lo son.
Quisiera amar a todas las mujeres del mundo,
y ser también una mujer
sólo una vez.
La madre naturaleza ha menospreciado al hombre.
¿Por qué no lo hizo capaz de ser madre?
Si se agitara un niño bajo su corazón,
acaso el hombre sería menos cruel.
Quisiera ser el pan de cada día,
digamos, ser la taza de arroz
de la sufriente madre vietnamita,
el vino barato
en las tabernas de los obreros napolitanos,
o el tubito de queso
en la órbita lunar.
Que me coman
que me beban,
dejadme ser útil
en la muerte.
Quisiera pertenecer a todas las edades,
atolondrar la historia
y atontarla con mis travesuras.
Quisiera llevarle a Nefertiti
en una troika á Pushkin.
Quisiera multiplicar
cien veces el espacio de un instante
para que al mismo tiempo
pueda beber vodka con los pescadores siberianos,
y junto a Homero, Dante, Shakespeare y Tolstoi
sentarme a beber cualquier cosa,
salvo, por supuesto, Coca-Cola.
Y bailar al ritmo de los tam-tam en el Congo,
estar en huelga en Renault,
jugar a la pelota con los muchachos brasileños
en la playa de Copacabana.
Quisiera hablar todas las lenguas,
como las aguas ocultas bajo la tierra,
y hacer todo tipo de trabajo de una vez.
Me aseguraría
de que sólo fue poeta un Yevtushenko,
el otro un clandestino
en alguna parte,
no puedo decir dónde
por razones de seguridad.
El tercero, un estudiante en Berkeley,
y el cuarto un entusiasta huaso chileno.
El quinto sería tal vez
un maestro de niños esquimales en Alaska,
el sexto
un joven presidente
en cualquier parte, modestamente digamos Sierra Leona,
el séptimo
podría entretenerse en la cuna con un sonajero,
y el décimo, el centésimo, el millonésimo.
Para mí, ser yo mismo no es bastante,
¡dejadme ser todo el mundo!
Estaré en miles de ejemplares hasta mi último día
para que la tierra vibre conmigo
y las computadoras enloquezcan
procesando mi censo universal.
Quisiera combatir en todas tus barricadas,
humanidad,
y morir cada noche como una luna exhausta,
y amanecer cada día como sol recién nacido
con una suave mancha inmortal
en la cabeza.
Y cuando muera,
un Francois Villon siberiano,
que no descanse mi cuerpo
ni en la tierra francesa,
ni italiana,
sino en la tierra rusa, amarga,
en una colina verde,
donde por vez primera
me sentí todo el mundo.

EL HOMBRE QUE FUE MARTES

EL HOMBRE QUE FUE MARTES

Infiltrarse
Infiltrarse en la gente
& armar asociaciones oscuras
Malignas altamente peligrosas
Inventar terroristas subversivos & hechiceros
Herejes brujos exorcizados cancerberos
Infiltrar al hombre que fue jueves & viernes & sábado
Infiltrar las novelas de Chesterton con periodismo barato
No leer a los demonios de Dostoievski
& desobedecer los panegíricos de Sion
Ni en la eternidad por los astros de Blanqui
o en las largas cabelleras de los comuneros llenas de infiltrados de Paris
aquellos que hicieron la Revolución
Los únicos terroristas son polis infiltrados que lucen de terroristas
& terroristas que no existen sino en la mente del estado terrorista
infiltrados Lenin el presidente los senadores el celador el docente el ama de llaves
infiltrados los talleres de poesía & la rutina de box
La realidad infiltrada por los que ya no están a salvo de la infiltración
& se miran unos a otros preguntándose infiltrados hasta los tuetanos
¿a quién de todos estos infiltrados hay que limpiar?

ESTRELLA CERCANA

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Estrella cercana

Por Julián Axat

Hace pocos días, el reconocido pianista tucumano, Miguel Ángel Estrella brindó un recital para los presos alojados del Penal de Chimbas, en San Juan.  Como siempre, ofreció un repertorio de música clásica y popular y, entre tema y tema, conversó con los internos. Habló sobre su fundación “Música Esperanza”, proyecto que nació y fue tomando forma en cautiverio; allá por 1976, cuando tras el exilio argentino, los militares uruguayos lo secuestraron.  Miguel Ángel, siempre cuenta que mientras lo golpeaban, se ensañaban particularmente, por el hecho de ser pianista: ‘vos nunca más vas a tocar el piano’ le espetaban mientras le martillaban las manos y amenazaban con cortarle los dedos.

Estrella también cuenta que en ese momento de profundo dolor, sintió la presencia de algo trascendente, como si Dios le hablara o le escuchara y que le pidió no morirse. Una promesa que desde ese momento el músico decidió cumplir. En esa mazmorra en la que lo tenían, hubo algo así como un dialogo o un llamado del más allá. Y la música se convirtió para él en una suerte de mensaje o misión para ayudar a los demás. Entonces tenía 38 años, y con Marta, su mujer, decidieron llevar la música por todos aquellos lugares donde existía opresión, encierro e injusticia.

Los conciertos de piano de Miguel Ángel, empezaron en las cárceles de Francia, en el año 1982, siguieron por el resto de Europa y, tarde o temprano, retornaron a la Argentina. Ex embajador de la UNESCO durante el gobierno anterior, el proyecto “Música Esperanza” lleva más de cuarenta años, viaja y se expande por las Villas, arma coros en las cárceles, fomenta y prepara orquestas infantiles, apadrina músicos y organiza conciertos. La música salva, tal como lo salvó a Miguel Ángel del horror de una dictadura sangrienta.

Es así como hace pocos días, Miguel Ángel llega al Penal de San Juan. Tocaba para los internos, les contaba -como siempre- su historia intercalando piezas de Bach; cuando ya terminando su repertorio uno de los presos tímidamente se le acerca con un papelito al atril, lo hace pidiendo permiso para ejecutar una pieza. Estrella cede respetuosamente su pequeño órgano al solicitante, claro que sorprendido por el gesto. Entonces el hombre toma su lugar y pasa a interpretar un tango. Al finalizar la melodía levanta su rostro y balbucea unas frases sobre la unión de los argentinos y una nueva argentina;  mientras, vemos el rostro del músico sentado enfrente, como desconcertado, sus ojos vidriosos. El ejecutante de pronto se para y le tiende la mano. Recién más tarde, Miguel Ángel se enterará que ese hombre, el ex militar Jorge Olivera, preso a perpetua por torturas y asesinatos masivos entre 1976/1983, había tocado en su piano.

***

En las imágenes lo vemos a Olivera gozoso por el momento vivido. Las imágenes captadas por el Servicio Penitenciario Federal (y subidas a la web por el mismo Servicio) no parecen ser ingenuas, hay algo de la situación directamente dirigida a banalizar el horror, sorprendiendo a la víctima de 77 años, imponiéndole una escena que, estoy seguro, nunca se esperaba.

Olivera, estrecho colaborador del poderoso general Carlos Guillermo Suárez Mason, jefe del Primer Cuerpo de Ejército, condenado a perpetua, viene de ser recapturado luego de estar prófugo por mucho tiempo.  Olivera, el desaparecedor y  torturador de la modelo franco-argentina Marie Anne Erize, intenta acercarse y ejecutar (casi militarmente como un réquiem) una pieza de tango “la Comparsita”, para lograr ser puente con la otra pieza de Bach que un pianista de la talla de Estrella acababa de dejar sonando en la sala.

No es el crimen ejecutado como una de las bellas artes, como diría De Quincey, es la ignorancia y la banalidad del mal lo que irrumpe y digita esa escena. Es el contexto político actual, pretendiendo poner en el mismo plano al verdugo y a la víctima, como si sus dedos hurgaran el mismo arte, acaso la misma música o sensibilidad que los unificara en un dialogo posible.

Olivera nunca tuvo sensibilidad alguna en sus manos, como esbirro del genocidio,  ni siquiera se asemeja al capitán Nazi Wilm Hosenfeld, quien una noche de 1943 se encontró con el pianista judío Wladyslaw Szpilman, y en vez de exterminarlo, pidió probar su condición de músico, a lo que Szpilman, con las manos aún entumecidas, tocó el “Nocturno en cis moll” de Chopin.  Entonces, conmovido, lo ayudó a fugarse del horror. La escena  recreado por Roman Polanski en la película “El pianista”, que en 2003 obtuvo el Premio Oscar, no deja de ser la obsesión de un director en su demostración que, hay veces que el Mal, salva al Bien.  Pero el verdugo y la víctima no se igualan frente al arte si no están en el mismo infierno, y el dialogo si es –acaso- posible, es entre dos personas que sienten el arte en sus máximas pulsiones. Pues, no me queda duda, de que el capitán Olivera es la bestia que hubiera despedazado los dedos de Miguel Ángel Estrella, en vez de salvarlo de su fatal destino.

En las imágenes del penal de Chimbas, uno puede pensar en los dedos de Miguel Ángel y luego observa los dedos de Olivera sobre el mismo teclado. Los dedos del torturador Olivera, pesados, toscos, ensangrentados… Y los dedos que le quisieron arrancar al concertista para que nunca más siga tocando. Los dedos gráciles, como palomas que se mueven y luchan contra el olvido y el terror en “re menor”. Los dedos de Estrella que hablan con Dios y le prometen, y –pese a todo- continúan tocando.

 

Los videos:

https://www.youtube.com/watch?time_continue=6&v=Pt4zUaZiMVw https://www.youtube.com/watch?v=S0kUg8mecRk

La nota:

http://www.tiempodesanjuan.com/sanjuan/2017/10/10/represor-olivera-toco-piano-concierto-miguel-estrella-penal-193219.html

 

 

Sofía o la lucha por la memoria

Sofía o la lucha por la memoria

Por Julián Axat, abogado

 

Al principio fue un accidente. O eso es de lo que se enteró Sofía Caravelos Swica más tarde, a los 13 años. Uno, dos, tres… Ya está… ¡que vuelvan! Ahora sí. A soplar las velitas. La escena se repite con cada torta. La de Heidi. La de chocolate con colores… La que sólo tenía las velitas de los 8 años. Ausencia renovada en cada confirmación de que el regreso, no sucedía. De que los automóviles vistos desde el micro al volver de la escuela no anunciaban nada. Solo estaban allí, parados frente a la puerta de lo de su abuela Anna.

Al principio o a los 13 años, Sofía escuchó hablar a los adultos de unos “cuerpos” encontrados en un lugar que ella no conocía, aunque intuyó que se trataba de sus padres reducidos en la conversación a: cuerpos hallados tras un accidente de autos.  Eso fue un 21 de julio de 1978, a las 4:30 de la mañana. Figuraron como NN en el expediente judicial, y eran los de sus padres Lucía Swica y Jorge Caravelos. Ambos militantes revolucionarios de FAL (Frente Argentino de la Liberación). Su desaparición denunciada el 18 de mayo, en un habeas corpus presentado y rechazado por el mismo juez platense, Carlos Mayón, que luego colocarapara siempre la carátula de NN.

El parte policial hablaba de dos cuerpos arrasados por el fuego el 21 de julio de 1978. Mutilados tras un accidente de tránsito. Un vehículo Fiat 125 -que había sido robado un día antes- en llamas, a la vera de la ruta provincial 53, a la altura de Florencio Varela. En los alrededores, y a salvo del fuego, fueron encontrados un carnet de conducir a nombre de Jorge Caravelos, y como detalle: un par de anteojos y un mocasín.

Por la evidencia, era lógico que el habeas corpus que Mayon tenía en su despacho coincidía con el habeas corpus que él había rechazado con costas. Pero en esa lógica de la banalidad del mal represora, a solo tres días del hallazgo, la firma del juez en lo criminal platense, dispuso la extinción de la acción penal en la causa “que se le siguiera a NN masculino o Caravello Jorge por homicidio culposo del que resultara víctima NN femenino en la localidad de Florencio. Varela.” (Sic). Es decir, para el silogismo de un asesino de escritorios, el NN masculino había sido responsable de la muerte de la NN mujer, por accidente. Y así mandó a que quede fosilizado como carátula en aquel expediente fraguado, y en dos tumbas sin identificar por muchos años en el cementerio de Florencio Varela.Todo, hasta que Sofía Caravelos, ya abogada treinta años después entra en escena y desentierra la verdad.

En la investigación posterior, Sofía va armando el rompecabezas, descubre que el 18 de mayosu mamásalió de Berisso para tomar el micro a La Plata. Se va a encontrar con Jorge, que la noche anterior, no había dormido en su casa. El encuentro es en la esquina de 6 y 45. Frente a la famosa librería de Emilio Pernas. Van a un bar. Toman un café. Discuten. Se pelean y de pronto suben la voz. Salen del bar, siguen discutiendo. Tienen la mala suerte de que el movimiento llama la atención de la policía que pasaba. Los levantan. Según testimonios posteriores,ambos fueron vistos en el centro clandestino de detención conocido como La Cacha (ubicado en la localidad de Olmos) y más tarde trasladado el 19 de junio a la comisaría 8va de La Plata.

De la reconstrucción surge que tanto la fecha de ingreso como la de egreso de esa dependencia -20 de julio de 1978- fueron informadas entonces al juez por el comisario a cargo de la Unidad Regional La Plata, Juan Fiorillo, quien falleció hace ya una década mientras estaba detenido con prisión domiciliaria en la causa por los crímenes en otra comisaría platense, la 5ta, entre los que está la desaparición y apropiación de Clara Anahí TeruggiMariani. Todo esto lo sabía Carlos Mayón, el ex juez y actual titular de Derecho Constitucional de la Facultad de derecho de la UNLP, quien ocultó y avaló un accidente fraguado por la policía tras un asesinato, y luego inhumó los cuerpos como NN en un cementerio, culpando al padre del (falso) homicidio de la madre.

El tiempo que baraja el peso de la ausencia, el gramaje del dolor es esa incertidumbre cotidiana entre los vivos y el peso de los muertos. Los hijos, como Sofía buscan y buscan, y su justicia es tan titánica en su desenfreno, como poética. Pues el expediente judicial quedó allí, archivado. En su memoria burocrática sigue figurando:Jorge Caravelos autor de la muerte de Lucía Swica. Esta patraña burocrática es el mal de archivo, el deshonor de la memoria obliterada por los verdugos vencedores hecha palabra, sobre piras de papeles judiciales. Es así como Sofía, abogada o detective (salvaje) de su historia,desarchiva, pliega y repliega hasta que devuelve a la memoria de los suyos y del pueblo un sentido de las víctimas, su destino. Trae tranquilidad a los fantasmas.Primero el rescate e identificación de los cuerpos a través del equipo de antropología forenseexhuma y da nuevo entierro de Lucía y Jorge, junto al amor de sus hijos, familiares, militantes y amigos. Los restos siguen juntos, abrazados.Una lápida del cementerio de La Plata recuerda a Jorge y a Lucía con sus nombres completos, y dice:víctimas de desaparición forzada.

La segunda lucha de Sofía es hoy: declarar nulo el expediente fosilizado por el lenguaje del verdugo, encubriendo el asesinato por un accidente fraguado en el que Jorge mata a Lucía en el accidente. Los fiscales federales Juan Nogueira y Marcelo Molina hace pocos díassolicitaron la declaración de nulidad de “la cosa juzgada írrita” del expediente mandado al archivo por el entonces juez Mayón, quien a tono con la Corte Suprema y los vientos que corren, departe sus clases arengando que el derecho internacional de los derechos humanos no es vinculante para la jurisdicción local. El señor Mayón, jubilado vecino de la ciudad de La Plata, espera, como los cómplices civiles, que tarde o temprano redoblen sus campanas.

Alguna vez Sofía me contó que su obsesión es saber que pensaron Lucía y Jorge antes de recibir el tiro final. Entonces se los imagina con el puño levantado, a la luz de los faros.Seguramente ese grito en silencio, no los hace sentir tan solos en ese descampado camino a Florencio Varela. Levantar el puño y gritar, me dice Sofía…Y putear. Aunque las manos sigan detrás, en la espalda. Aunque la lengua estuviera seca. Gritar con la garganta y el puño izquierdo bien arriba, apretado, hasta sentir por fin, ese pesado golpe un poco más arriba de la nuca.

Publicado en diario Pagina12:  https://www.pagina12.com.ar/58654-sofia-o-la-lucha-por-la-memoria