POESÍA DE JORGE PIÑEIRO, HOMENAJE AL POETA DE ARTURO SEGUÍ

jorge piñeiro

Poeta, anarco, escultor, ebanista, escritor, carpintero, trabajador de Museo de La Plata, constructor de su cabaña “Octubre” en Arturo Seguí… A Jorge Piñeiro lo conocí en 1992 en el taller literario “los Albañiles”, junto al grupo conformado por Patricia Coto, Diego Vallejo, Alicia Vallejo, Florencia Fernández Coria, y que funcionaba en la Fundación Runa Simi de calle 14 y 56.  Por entonces Jorge me marcó mucho con su escritura, pero especialmente por su postura frente al mundo. Falleció allá por el año 2000. Sus poemas son inhallables en la red, y su historia prácticamente desconocida. Quiero compartir aquí algunos de sus versos, que eran hojas de poesía que él repartía durante el taller o las que escribíamos allí mismo.

 

 

EXCELENCIA

 

El útero placido de tu vocación pequeña

Se quebrará, yo lo sé

Como sé que estallará el silencio

Que no impacienta

 

Tu soberbia será, para tu mal

Para mi bien, para el bien de todos

Tu propia bomba

Tu mortaja

El ácido que te diluya

 

No existirás y eso me alegra

Nos pondrá en éxtasis y

Con las borracheras rituales seremos nosotros

Tan nosotros como las palabras imperfectas

Tan humanas como el amor y la traición

 

¿Qué te puedo pedir que no me estés dando?

En tu justo y simple acto de morir.

(JP. Invierno del  96)

 

 

USTEDES SERÁN

 

Soy…

¿Y qué?

¿No transité acaso lo mismo que ustedes hoy recorren?

¿No llegarán al límite de la niebla como llegué yo?

 

Serán – no lo duden-

Discapacitados por imperativo biológico.

Cuando al fin sean comprensivos

Será tarde.

—————–

JOP. 14/10/96

 

 

ENTONCES ESCRIBO

 

Pequeño el agujerito

se seis milímetros apenas

pero pueden escapar por él

los planos luminosos de imágenes pasadas

y esas cositas placenteras que

ahora

en este momento, quisiera tener

 

Un elemental orificio

Ya dije

de apenas seis milímetros y

se va el aliento

junto con mis amores

concretos o deseados

 

Me imagino el vaho de la vida

Esfumado por el círculo rojizo

 

Solo puede entrar la muerte

única huella tangible del tiempo

entonces,

Escribo, Escribo, Escribo

Como si fueran versos

pedazos de lo que creo

viviendo vidas que duran segundos o centurias

no le doy tregua al tiempo que me busca

 

Así invento que me salvo

aumento la distancia

del pequeño agujerito de seis milímetros

Pensado para mi cabeza.

 

 

EL TALLER

 

Es una barca, eso es.

somos en ella a veces seis, otras ocho o cinco

nunca una multitud, tampoco la soledad

 

Despreciamos las playas cercanas

¿Qué destino proponemos?

¿El horizonte?

Sabemos que es inalcanzable

lo intentamos,

lo importante es ir.

 

Es una barca, eso es.

explorando los deltas que fabrican el aire

el suficiente y necesario

para alimentar palabras, que liberadas

relatan, discuten, fabulan, discurren.

 

Es una barca quieta que viaja

somos seis, cinco u ocho

ni pocos, ni muchos, los suficientes

para dar y tomar, lo que queremos tanto:

Las Palabras.

28/6/97

 

A GIORDANO BRUNO

Mi antigua sed se resigna ante el agua derramada

¿Qué puedo decir yo?

-viento sin dogmas-

de los hormigueros

 

NADA ES COMPRENSIBLE SI NO HAY FE

(el reloj detenido)      ¿Cuándo será después?

TODO SE CORROMPE CON EL EXCESO DE FE

////TERMINAN LOS SIGLOS////     el tiempo continúa

 

Mis palabras SON

Solo aire descarcelado

 

Serán devorados por los nuevos dogmas

SIEMPRE ANTIGUOS

 

Yo ardí

La verdad seguirá ardiendo

 

J.P – 1996

 

 

EL TIEMPO

 

El tiempo es un oscuro damero.

En la noche entrada, los símbolos del sueño lo acosan.

Las puertas y ventanas deficientes, tamizan el viento frío

Corporizando sus largos dedos nocturnos.

El anciano colocó la pava sobre la hornalla y se dijo con voz apagada:

  • Creo que es demasiado tarde.

Aunque tal vez…

Todos los años compartiendo todo.

Su sonrisa grande, el pelo negro suelto sobre los hombros.

¿Cuánto tiempo hace del baile de “El pogreso”?

 

El viento encorva las ramas. El sauce del patio golpea con intervalos iguales contra el alero.

María  ¿Sos vos?

 

J.P. 2/del frio/96

 

 

Ni el flaco perdón – Sobre neoliberalismo y la herencia maldita de sus burocracias

Por Julián Axat*

(para La Tecl@ Eñe)

 

La ausencia de vacunas, el hambre…la falta de soluciones habitacionales, la derogación del protocolo de abortos punibles, la persecución a migrantes, el hambre…la legitimación del gatillo fácil a través de la doctrina Chocobar, el empobrecimiento masivo de la población, el hambre…la reducción de las jubilaciones, la falta de medicamentos, el hambre… el endeudamiento histórico, el desmantelamiento de estructuras de contención social en los territorios… el hambre, la anulación de prestaciones a la discapacidad, el blanqueo de capitales de familiares, el hambre… la persecución vía lawfare de opositores políticos, el sobrendeudamiento de los sectores populares, el hambre…, el crecimiento de la indigencia y la mortalidad infantil, la desocupación creciente, la intervención de las FFAA en seguridad interior, el hambre… el deterioro de las escuelas, la falta de insumos en los hospitales; el hambre… el hacinamiento en las cárceles, la inflación galopante, el desfinanciamiento y desguace del fondo de garantía y sustentabilidad, la teoría de los dos demonios recargada,  el hambre… la desaparición de Santiago Maldonado, los tarifazos, el hambre…  el hambre… el hambre…

 

Seguir leyendo en: https://lateclaenerevista.com/ni-el-flaco-perdon-del-diablo-por-julian-axat/?fbclid=IwAR0aOL0QqPSfDFhoT3nGP0WkEh231L1n3OkdOYVws8xD9WPnxBWxUiUvG5A

 

VEINTICINCO AÑOS EL ENCUENTRO DE EGRESADOS

Nacio

VEINTICINCO AÑOS EL ENCUENTRO DE EGRESADOS

                               A la promoción 1994 del Colegio Nacional de La Plata

 

Veinticinco años

Encuentro de egresados

 

El exitoso

El miserable

Al que la vida le sonrió en la cara

Al que la vida se le rió en la cara

Al que la vida le salió muy cara

 

El que se ha reído de la vida

el que recibió risas en la vida

y al que la vida se le rió

 

El que exhibe sus pequeños logros

y esconde sus grande fracasos

 

El que muestra

El que oculta

El que no tiene nada que ocultar

El que no tiene nada que mostrar

 

Los que hace veinticinco años

tenían toda la vida por delante

Los que hoy tienen toda la vida por detrás

 

Aquel de quien se esperaba todo

y aquel de quien ya no se espera nada

 

Los que desde la nada exhiben sus logros

Lo que no logran exhibir ya nada

 

El que fue

El que se quedó

El que ya no está

El que es como si no estuviera

 

Los que llegaron

Los que están de viaje

Los que no llegaron nunca

Los que quedaron en el olvido

Los que ni siquiera pudieron partir

Los que no saben adónde ir

Los que no tendrían que haber ido

 

Encuentro de egresados

Veinticinco años

 

(Poema Prevertiano, reescrito a partir de otro del poeta y locutor Horacio Games)

El Juez y el Cronista

libro cnu

El Juez y el Cronista.

Sobre el juzgamiento de los crímenes del CNU y las notas de Miradas al Sur

Prólogo al libro

Por Julián Axat

 

Estas notas nacen en paralelo al expediente. El recorrido de pesquisa y crónica  muchas veces se cruza, se comunica y, por momentos, pierde contacto. Una avanza la otra queda. Dicho de otro modo, el tiempo del juez no es el del historiador, tampoco el del cronista. Y eso lo saben Alberto Leal y Daniel Cecchini, cuyo relato desveló por varios domingos al ex juez federal Hugo Arnaldo Corazza quien al día siguiente de cada publicación, debía traducir en los expedientes CNU la lógica de lo que leía; al menos ante la angustia de las querellas que se acumulaban en su despacho y él recibía con cara de desconcierto.

Más allá de la lentitud del expediente judicial, mientras las crónicas del CNU se publican, en La Plata hay ámbitos que comienzan a caldearse. El comentario de pasillo de los lunes es rumor que incomoda, la basura que sale de la alfombra después de tanto tiempo estar tapada. Hasta los mozos se ponen nerviosos cuando sirven el café a matones de derecha devenidos empleados en la vieja Legislatura Bonaerense. Laderos de senadores, intendentes y sindicalistas, apenas pueden ocultar que son la caterva anticipatoria a la noche más siniestra.

El avance de los juicios de derechos humanos viene demostrando que el aparato de dominio estatal con el que se ejecutó un plan de exterminio, es bastante anterior al golpe del 76. Al menos existen pruebas irrefutables que evidencian las formas preparatorias del golpe en los crímenes cometidos en todo el país ejecutados por bandas y escuadrones que actuaban con cobertura estatal y paraestatal. En La Plata y Mar del Plata una de esas bandas es la Concentración Nacional Universitaria (CNU) nutrida de cuadros formados en las Universidades Públicas por docentes como Carlos A. Disandro, mentor intelectual que también arengará la formación de grupos afines, con capacidad operativa para sembrar muerte.

La cadena de asesinatos cometidos por bandas del CNU contra sectores de amplia radicalización política, en especial cuadros de base, de la “tendencia” y sectores de izquierda; marcará el pulso entre fines del 1973 y comienzos de 1976. Luego vendrá la dictadura, y el nivel de terror se multiplicará en el método del secuestro y desaparición. La importancia de poner foco en este período y la concatenación de crímenes es fundamental para abrir discusiones sobre la participación civil previa al golpe, pero especialmente sacar a relucir el tipo de comunión entre facciones políticas ministeriales, universitarias, sindicales, judiciales, municipales, policiales y hasta clericales que legitimaron a un tipo de perpetrador que la dictadura no tocará, y en democracia sobrevivirá en esos intersticios que le daba amparo.

En sus entregas dominicales, Cecchini y Leal se meten con pesos pesados de justicialismo local, quienes hasta hoy han mantenido entre sus filas a personajes de los que se rumoreaban eran cómplices del genocidio, y a los que nadie se atrevía a señalar. Por eso más acá del expediente (del juez) y más allá de la nota periodística (del cronista involucrado que interpela a la justicia), de lo que se trata es de ir abriendo el camino que permita fortalecer indicios e hipótesis sobre la ilación y trama CNU, en la comisión de delitos de lesa humanidad; permitiendo –por el hecho de la interpelación- la corroboración posterior de pistas que permitan ingresar a etapas que afiancen cada vez más el proceso de verdad y justicia iniciado hace varios años.

A diferencia de la causa CNU tramitada en Mar del Plata, que cuenta con varias personas juzgadas y condenadas; uno de los riesgos que atraviesa hoy la causa del CNU La Plata es, justamente, ser un manojo de expedientes dispersos (entre 17 y 18 expedientes), con conexiones conjeturales, y donde –hasta el momento- figuran detenidas dos personas (Castillo y Pomares) sobre la que gira una pesquisa compleja que cuenta más de 60 asesinatos, y donde podrían estar implicadas alrededor de 50 personas.

El destino de esas causas parece incierto y es posible que fracase si no se tienen en cuenta varios aspectos problemáticos: a) El bajo impulso procesal que se le ha dado por parte de distintos jueces (uno jubilado y otro subrogando); b) la no conexidad y acumulación de las causas entre juzgados; c) la existencia de un conjunto de pruebas solicitadas por la querella y la fiscalía que no se proveyeron a  tiempo entre la jubilación de un juez y la subrogancia de otro; d)  la falta de protección y marco de seguridad para que testigos puedan declarar con tranquilidad (miedo imperante especialmente desde que hay muchísimos miembros del CNU en libertad); e) la ausencia de un respaldo documental como el que poseen las causas de “lesa humanidad”, lo que hace necesario dotar de elementos investigativos a la justicia para imputar autorías mediatas de una estructura de poder funcionando antes del golpe (sin bien los delitos del CNU se tratan de delitos de lesa humanidad, el tipo de prueba de cargo es más parecida a la lógica de una “causa común” que a una causa de “Lesa”). f) El pronto juzgamiento de los imputados Pomares y Castillo hacen necesario reformular desprendimientos de la causa principal, no solo para mayor impulso sino también para agregar aquellas pruebas que surjan del eventual juicio oral.

Este panorama es bastante desalentador, al menos en el momento que esto se escribe; pues sabemos que el tiempo que transcurre favorece a la impunidad, y ello no solo por la vejez y la muerte natural que quita a las víctimas del derecho a la verdad y  justicia. Mientras no se resuelvan los escollos probatorios y procesales por decisiones jurisdiccionales fuertes, se dilatan los plazos y entonces la cuestión se torna abstracta y/o funcional al reacomodamiento de los sectores que protegen a los eventuales imputados y generan temor a testigos.

Vuelvo a los tiempos del juez y del cronista. La historia de los asesinatos del CNU escrita por Cecchini y Leal, tiene mucho de novela negra y del folletín por tiradas. En estas páginas hay periodismo valiente, crudo y comprometido escrito a salto de mata, intentando descubrir la verdad sobre hechos ocurridos hace 40 años, pero con reminiscencias muy fuertes en el presente, por el tipo de inserción de los sospechados. El relato habla de víctimas luchadores sociales, de sus verdugos intelectuales y matones, de sus coberturas estatales, políticas y sindicales; pero también de paredes, casas, esquinas, edificios, baldíos, rutas, plazas y ministerios. La Plata ya no parece la misma en estos recorridos. La Plata es una ciudad surcada por el terror, una suerte de ciudad museo. La Plata suele ser como un pañuelo para los que ahí vivimos: uno siempre tiene padres, tíos de amigos, o amigos de amigos (conocidos) que aparecerán nombrados en este libro sea como víctimas o como virtuales cómplices de los crímenes.

La crónica le deja la punta de los hilos a la justicia para que tire de ellos. Si la justicia no hace nada, haya ella. Todo cronista sabe en el fondo que, si bien no es el juez, la historia se cuenta con afán de justicia. Si la justicia no hace nada con ella, queda entonces el lugar marcado por la complicidad judicial. Esperemos que eso no ocurra, y que tarde o temprano este libro se vuelva a escribir. Y que sea el Juez el que le haya marcado el pulso a los cronistas.

 

 

 

 

 

Rugby y política – en radio nacional e infobae

 

En vísperas al mundial de Rugby que tendrá lugar en Japón a partir de mediados de septiembre, Eduardo Anguita, recibió a tres invitados para dialogar sobre un deporte marcado por las diferencias sociales y la historia política argentina: Miguel García Lombardi, entrenador de Rugby; Ramiro Poce, periodista de Radio Nacional y Julián Axat, abogado y fiscal, estos últimos dos ex jugadores cuyos padres, también jugadores, están desaparecidos. Durante la última dictadura cívico-militar, el rugby fue el deporte más golpeado por el terrorismo de Estado, con 152 rugbiers asesinados o desaparecidos.

Escuchar el programa: http://www.radionacional.com.ar/rugby-un-deporte-marcado-por-distancias-sociales-y-disputas-politicas/

Nota INFOBAE: https://www.infobae.com/sociedad/2019/09/10/familias-burguesas-y-rugbiers-revolucionarios-la-historia-detras-de-los-jugadores-desaparecidos-durante-la-dictadura/

 

Réquiem en la tumba de Matías Behety

Julián Axat en la tumba de Matías Behety

Réquiem en la tumba de Matías Behety 

Hoy fui al cementerio a recordarte Matías Menédez Behety/ jurista de pacotilla pero con mito de poeta malo & maldito consagrado en la muerte olvidado por mi cuidad futurista siglo XIX rescatado en el XXI como el Verlaine de las diagonales/ poeta de alcurnias desgastadas poeta fascista sin que existiera aún el fascismo a quien mi voz le debe la voz sin saber de la existencia de al menos un solo poema los versos que todavía busco y me desvelan/ ningún cartel ninguna señal avisa tu lugar en el olvido/ ingresé al cementerio sin saber dónde estaba tu lápida busqué y busqué cual flâneur entre nichos bóvedas cruces ajadas ataúdes semiabiertos piezas masónicas flamígeras cabezas gamadas y ninguna señal ninguna pista de tu ajenjo que no sea mi olfato/ la percepción del cuerpo que brilla disuelto en el aire el que sólo percibe el azufre de los versos encendidos/ sólo aplastados por el otro poeta/ oh gran Almafuerte en tu catafalco imperial sobre la puerta del cementerio/ recordado siempre príncipe de los poetas mayores de mi ciudad cuyo destino no puede ser posible sin asimetrías al destino del otro poeta que yace a treinta metros/ tan menor y decadente/ con su escultura sucia la cabeza degollada por fantasmas jacobinos/ y si escupiera sobre la tierra balda entre tanto yuyo/ pues aquí te encuentro Dr. Matías Menédez Behety/ enciendo un cigarro en tu nombre/ estamos solos al fin del mundo/ & fumo & siento/ es el correr tu misterio tu cuerpo ahí abajo embalsamado que todavía late como sol negro en tu pecho/ en este día de otoño/ te vine a hacer compañía/ a lanzar humo sobre tu sarcófago de astros/ que hace tiempos han dejado de guiarnos.

(Escrito en el cementerio de La Plata, 19/4/2014- Poema perteneciente a Rimbaud en la CGT: https://elniniorizoma.wordpress.com/2017/03/25/libro-rimbaud-en-la-cgt-pdf-libro/ )

LOS POETAS TUERTOS DE CHILE

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LOS POETAS TUERTOS DE CHILE

 

Y si los poetas de Chile hubieran quedado tuertos para siempre?

Fusilados sus ojos en una pared del olvido por

los carabineros que de nuevo trae la muerte

y dejan un Neruda amputado

sin mirada desde el sarcófago

meditando en las vaciadas calotas de todos los poetas de Chile

con antifaz de piratas encendidos

y sus versos arruinados con postas de goma

Un Huidobro embravecido en la barricada con una venda sangrante

Un Teiller encapuchado arrojando pétalos de sangre

Los Parra como cíclopes de los nervios ópticos

desarmando la lógica de la pirámide social injusta

todo tan antipoético

como el fantasma de Bolaño preso en otra comisaría

 

Y si los poetas de Chile hubieran quedado tuertos?

sus calaveras sostenidas como Hamlets al viento

y todos los ojos apiñados en un plato

por la saña de su presidente Piñera

para comida de las aves negras de la peste de la Historia

El lenguaje del Tercer gobierno radical

 

victor

 

Entonces mi diccionario: “Sinceramiento”, “ñoquis”; “limpieza”; “modernización”; “grasa”; “tarifario”; “achicamiento”; “la herencia”; “liberación”; “emergencia”; “suba”; “militancia”; “curro”; “reperfilamiento”,  “si, se puede…”, etc. Mi colección de palabras es también un “proceso” de “re-organización” de las cosas y los sentimientos de los tiempos que se van. Algunos términos provienen de la campaña del Pro, otros términos nacen con el ejercicio de este gobierno que, insisto, ahora llega a su fin… En esa colección de palabras hay un orden semiológico y un vacío (¿una grieta?). No hay casualidades en el lenguaje utilizado. La gramática autoritaria fluye y trastoca el orden del discurso, el lenguaje que habla el Estado (¿jurídico?) y con el que el diccionario de palabras del orden autoritario se impregna en los decretos de necesidad y urgencia: “en comisión”, “eficiencia”, “transformación”, “transferencia”, “necesidad”; etc.

Victor Klemperer (1881-1960), filólogo judío Alemán, que entre 1933 y 1945 sufrió la persecución nazi, se dedicó a volcar en su diario personal lo que iba ocurriendo en el lenguaje, los cambios lingüísticos del régimen nacional socialista en el orden cotidiano.  El método de Klemperer publicado en su libro ‘Lingua Tertii Imperii’ (LTI) de 1947, fue coleccionar cada cambio, los giros, habla y usos de la lengua alemana nazi: “… El nazismo se introducía más bien en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente.”  Una de las conclusiones de Klemperer es que el lenguaje autoritario no es una fábrica (poética) sino una maquinaria de repetir, obliterar y bastardear lenguajes dados de antemano, vaciarlos de contenido, para amoldarlos a su propaganda. Es decir, el lenguaje autoritario no produce poetas, produce autómatas del lenguaje (burócratas fungibles) en función de sus utilidades, entre ellas: permitir la semántica para adecuar el Estado a sus intereses, y perseguir a los que considera sus enemigos. Los autómatas del lenguaje enferman de un virus en el lenguaje y las consciencias: la servidumbre voluntaria del aparato sutil del big data.

La dictadura Argentina 1976/1983 fue más rustica, pero instauró un régimen de lenguaje basado en un diccionario cuyas “cicatrices de la lengua”, o para decirlo como la ensayista y poeta Perla Sneh, son “significantes dañados” que llegan hasta hoy: “Asado”, “parrilla”, “boleta”, “cantar”, “chupar”, “pecera”, “quirófano”, “vuelo”. Se trata de palabras simples, comunes, pero instaurados cual virus en el lenguaje como eufemismos de resonancia macabra y que hablados en el orden cotidiano imponía un orden subyacente de lo que sucedía entonces. Allí anidaba el huevo de la serpiente  que armaba la coerción del lenguaje para reproducir y justificar la censura y el asesinato en masa.

De inmediato, vienen a mí las palabras del ratón en Una pequeña fabula, de Kafka. Ese ratón que conforme se acerca a la trampa, y mientras el gato acecha por detrás, dice:  ¡Ay!… el mundo se hace cada día más pequeño”. Ese espacio de humillación y de vacío que se reduce, se torna insoportable, y los villanos del lenguaje, lo usan para la humillación de sus prisioneros del lenguaje, prisioneros suyos, restringiendo la vitalidad, hasta la asfixia. El ratón de Kafka se queda sin lenguaje a partir de que el depredador se acerca, y el mundo se hace cada vez más pequeño, con el lenguaje que lo describe.

A partir de mi experiencia puedo decir que el lenguaje con el que los ciudadanos de un sistema de control lingüístico describen su predicamento se vuelve progresivamente hueco cuanto más perdure la situación. Poco a poco, el lenguaje se convierte en una secuencia de clichés y eslóganes. Todo comienza con el lenguaje creado por las instituciones que administran de manera directa: la policía, el big data, los diferentes ministerios de gobierno, el sistema de justicia; rápidamente se filtra a través de los medios de comunicación masiva y engendran un lenguaje cada vez más taimado, dirigido a narrar lo público, las historia más fácil de digerir; finalmente, todo se cuela al lenguaje privado, íntimo de los ciudadanos, todo es asfixia de lenguaje, negando la creatividad. Lo que queda son nuestros clichés que usamos para describir a nuestro enemigo y a nosotros mismos. Una colección de supersticiones y generalizaciones burdas en las que nos encerramos. Un mundo cada vez más pequeño. Violadores del lenguaje.

Sin perder de vista la enorme distancia existente entre una dictadura cívico militar y un gobierno democrático con rasgos autoritarios, el reacomodamiento y paralelismos del lenguaje no podemos pasarlo por alto.  Ese rasgo es la instauración del orden cotidiano del lenguaje, que al decir de Klemperer, es la gramática a imponer en base a la reducción de la textura del lenguaje, y a la repetición, para que los cuerpos y el habla se amolden a los cambios propiciados. Las campañas o guerras psicológicas trabajan en esa sublimidad por todos los medios y redes a su alance. Por ejemplo, el relato del gobierno actual es una máquina de invertir los usos del lenguaje, vaciándolo en algunos casos, invirtiéndolo en otros y trastocando –más que nada cínicamente- sentidos históricos (la profanación de la que hablaba al principio). El régimen semántico del gobierno actual parece retomar el régimen de signos de nuestro pasado autoritario, pero en forma banalizada, vacua, direccionada hacia un marketing de palabras (en el marketing el sentido profundo de las palabras no importan mientras logren beneficios-utilidades). El virus de ese lenguaje se implanta por segmentación (Cambridge Analytica) y se mete en la piel como sinestesia al fin.

La lengua de este gobierno es un sampleado del periodismo, la publicidad, el show político, la cultura psi y los desechos del argot de calle planchados por la clase media; así también habla el Presidente, con un léxico angustiosamente corto, artificiosamente guionado, por momentos afásico, ignorando algunas reglas de la consecución temporal, como las del pretérito indefinido con el pluscuamperfecto, de lo que se desprende el acalambramiento de la memoria y del presente (Martín Kohan).

Un gobierno sin mas que consignas de marketing y propuestas vacías, cinceló en régimen del eufemismo sintagmático, pero también omisiones solapadas que permitieron todo tipo de negocios para unos pocos (el régimen de acumulación financiera, es también un régimen de lenguaje); y la consecuencia de una catástrofe social inédita, que es catástrofe social y de sentido. Así las cosas, su desgaste lingüístico, fue la perdida de una porción de su confianza, pero que aun así sigue manteniendo (porque la salio a buscar) una porción de servidumbre voluntaria más que importante.

El autoritarismo instalado en 1955 buscó proscribir y suprimir nombres de calles, plazas, ciudades, bajó cuadros y estatuas. Pero ese fue su límite en el fondo. Esos nombres, pese a la tragedia posterior, volvieron porque esos signos solo estaban apoyados en una épica popular. Las raíces de las palabras que están en el pueblo son las que abren y crean la potencia de un futuro. Esa es la memoria del pueblo, el mejor antídoto para los virus del lenguaje que gestiona la servidumbre voluntaria. El límite del gobierno que se va, es la jaula de su lenguaje. La inexistencia de sus poetas.

 

Pinino Lavalle, del rugby canario al monte tucumano

Por Julián Axat

 

Su hermana, Alicia, repetía que Pinino no podía figurar como asesinado porque su cuerpo nunca apareció ni se comunicó su baja.

En su búsqueda por reconstruir la historia de los jugadores desaparecidos de La Plata Rugby Club, Julián Axat cuenta en primera persona cómo llegó al wing izquierdo, cuyos últimos rastros quedaron en la emboscada del río San Gabriel.

Juegan los canarios, ¿me desean suerte?”, les decía Hugo Pinino Lavalle a sus padres antes de irse a cada partido. Pinino, sobrenombre que le pusieron los amigos por el parecido físico con el astro de River Plate Oscar Pinino Más. Bajito y potente, sus poderosas piernas retaconas le daban un pique corto y una fuerte pegada que colocaba la pelota en ángulos imposibles. Pinino Lavalle no sólo compartía esas virtudes transferidas al rugby, sino que también lo honraba en la misma posición: wing izquierdo. De la historia de Pinino poco se sabe, hasta ahora.

Alguna vez Tite Eliçabe, hablando sobre la historia de mi padre, empieza a hablarme de Pinino: “Ese muchacho retacón y rápido a quien entrenábamos en las inferiores, y que de un día para otro cambió a Los Canarios por el monte tucumano…”. La historia parecía impresionante.

Mi encuentro con esa historia es por Alicia Lavalle, su hermana. Estos cruces vienen surgiendo casuales, inesperados. A veces me buscan, a veces los busco. Después escribo. En un evento de H.I.J.O.S. La Plata, ella se acerca y me pregunta si soy el que anda escribiendo sobre los jugadores desaparecidos de La Plata Rugby Club. Yo ya sabía de ella, hace rato la buscaba.

Un tiempo antes había salido una nota sobre la historia de Santiago Sánchez Viamonte, y Alicia llamó por teléfono a la hija, Verónica, para preguntarle cómo era posible que en todos los registros su hermano figurase como un ex jugador de rugby asesinado, y punto seguido “sin datos”. El día que Alicia me encuentra y pregunta si soy yo el que anda escribiendo sobre los jugadores desaparecidos de LPRC, me dice que todo esto es un disparate: “Ni asesinado ni sin datos”.

Hace pocos días nos juntamos con Alicia en un café. Ella despliega sobre la mesa un arsenal de fotos, cartas, banderines del club, recortes de diarios, recibos de pago de una pelota datada en 1969. Las piezas del puzzle Pinino que yo voy a intentar armar:
Hijo de Florentino Lavalle y de Inés Casamiquela, Hugo Aníbal nace la tarde del 26 de julio de 1952 en La Plata. El nacimiento ocurre horas antes del fallecimiento de Evita. La anécdota que cuenta Alicia es que esa misma noche, su padre, Florentino, es detenido por la policía no por violar el luto, sino por estar tomando unas copas con sus amigos celebrando la llegada de su hijo.

Se crían en la casa de calle 58 entre 11 y 12. Va al Normal 3. Alumno abanderado, los boletines que me muestra Alicia son todos con calificaciones diez. Me habla de sus amigos Homero Bibiloni, los vecinos Elena y Gustavo Mariani, su novia Silvia Bordoni. Le gustaba tocar la guitarra. Pero el deporte parece algo fundamental en la vida de Pinino. El fútbol en sus inicios. Hincha del Lobo, el padre lo lleva a la cancha seguido. Alicia me muestra una foto publicada en el diario El Día, en la que se lo ve a Pinino sentado en los tablones manipulando un yoyó. El rugby aparece a los 12 años, en las inferiores de LPRC. Coincide no casualmente con el momento en que ingresa al Colegio Nacional, la mudanza con la familia a la casa de la calle 55 entre 3 y 4; y la aparición en su vida de los amigos de juego: Marcelo Arriaga, Roberto Larrain, Hernán Mathieu, Homero Bibiloni, Pinfo Garriga y otros

La cuarta, quinta y sexta de LPRC. “Juegan los canarios, ¿me desean suerte?” ya era un clásico en la casa de la calle 55, al punto que Florentino va a reescribir esa frase muchos años después, jugando a ser el álter ego de su hijo. “Pinino siempre venía roto de los partidos”, dice Alicia. Pero hay dos anécdotas puntuales que recuerda especialmente. La primera es cuando se construyó una parte del buffet en el predio de Gonnet, estaban los vidrios recién puestos y sin marcar, Pinino se los llevó por delante. La segunda es un accidente en pleno juego: cae encima de la guinda y le explota el bazo sanguíneo. Lo trasladan de inmediato, lo operan y se salva de milagro.

Que se puede vivir sin bazo lo prueba al año siguiente cuando egresa del Nacional y hace un viaje de aventuras por Europa con dos amigos. “A trabajar”, les dice a sus padres antes de subirse al avión. Al poco tiempo llegan las cartas: “Sabés lo que es pelar una bolsa de papas…?”; “sabés lo que es lustrar 150 pares de zapatos?”. Empleado en un colegio inglés, después prueba suerte en el metro de París pasando la gorra con la guitarra, al ritmo de “Mañanas campestres”. Y les va excelente dice Alicia. El viaje dura hasta fines de 1972.

Corre el año 1973, ingresa a la Facultad de Arquitectura de la UNLP. Ya por entonces quedan atrás los días del rugby. La experiencia en las clases y talleres de Jorge Togneri lo van a marcar, dice Alicia. Por entonces Jorge Togneri proponía una visión de vanguardia en el claustro (“el arquitecto como artista urbano”). Esas ideas innovadoras impactaban a estudiantes como Hugo Lavalle, que comenzaban a vivir el proceso de radicalización política, del que tampoco es ajeno Alicia, quien por entonces transita la Facultad de Psicología.

La militancia de Pinino comienza en la Facultad. Alicia no puede definir con exactitud cuándo y de qué manera, ni cómo decide ir al monte tucumano. Hay hechos que son como indicios. Por un lado un antecedente familiar: su prima Graciela Lavalle, militante de las FAP, presa desde 1972 y amnistiada por Cámpora en 1973. Alicia no puede asegurar si existía algún contacto entre su hermano y su prima; pero percibe que hay algo en esa presencia. Sin embargo, Pinino no se define por el peronismo, sino como militante de superficie del PRT. Distribuye El Combatiente o Estrella Roja, va a los barrios, se anota de manera infructuosa en algunas fábricas para proletarizarse, y hasta trabaja de albañil. Alicia cuenta que entre 1973 y 1974 hizo un viaje con Hugo al congreso del FAS, recuerda que vieron de cerca de Agustín Tosco, y eso fue algo muy impactante para ambos.

El ambiente que se vivía en la casa de 55 era natural, dice Alicia. Sus padres nunca se opusieron o discutieron las elecciones políticas de sus hijos. Todo lo contrario, se vivía como algo normal las inclinaciones que tenía Hugo por lo social. Que él fuera un tipo solidario, que se apareciera con los hijos de los compañeros y les pidiera a ella y a su madre que los cuidaran por un rato, o que algunas noches ni apareciera, formaba parte del mismo clima.

Pero el 13 de septiembre de 1975, Hugo le plantea a su familia que va a hacer un viaje a Tucumán. Todos pensaron que iba a militar y a trabajar, más o menos lo que venía haciendo en La Plata por entonces. Alicia no se olvida que lo ayudó a armar el bolso. Nadie de la familia pensó que no lo iba a ver más. Un mes y dos días después de haber llegado al monte, Pinino desaparece. Tenía 23 años.

La batalla de San Gabriel lejos está de haber sido una batalla. El arte de ponerles nombres épicos a los sucesos para ocultar el embrión del terrorismo de Estado simulando enfrentamientos era una forma que para 1975 ensayaba el Operativo Independencia, y de alguna manera anunciaba lo que se iba a venir a partir del 24 de marzo de 1976. El operativo sobre el río San Gabriel fue orquestado por el propio Acdel Vilas, dos días después de que se firmara el decreto 2772, instruyendo a las Fuerzas Armadas a aniquilar el accionar subversivo. Con esa cobertura, el 10 de septiembre de 1975 tres helicópteros especiales de ataque salieron hacia un objetivo fijo: la reciente unidad conformada entre ocho y doce combatientes del ERP que actuaba a lo largo de la ruta 38. Detectados de antemano cerca del arroyo, el objetivo era emboscarlos en el momento justo que fueran a aprovisionarse; pues como dice Daniel Gutman en su libro La sangre en el monte (página 209/210), el primer objetivo del Operativo Independencia no fueron los guerrilleros, sino amedrentar a los almacenes cercanos a la ruta 38, de manera de contar información precisa sobre los movimientos de los guerrilleros.

El relato de una supuesta batalla que uno encuentra en muchos registros no es más que la farsa oficial montada por los periodistas convocados por los militares para encubrir una ejecución. De allí que una cacería devino en una masacre en la que un puñado de combatientes se defendió hasta las últimas circunstancias (el periódico Estrella Roja, del 2 de noviembre de 1975, en la nota “La verdad sobre Tucumán”, página 7, reconstruye el episodio resaltando el valor de los combatientes emboscados).

Inmediatamente después de los hechos, Florentino Lavalle viajó a Tucumán. Lo hizo en dos oportunidades. Además de interponer hábeas corpus y denunciar la situación ante la OEA, en la zona de El Acheral se entrevistó con los pobladores, pero no pudo dar con mayores datos sobre el paradero de su hijo. Por intermedio de la abogada Alicia Noli, hoy jueza federal de Tucumán, por entonces una profesional comprometida, Florentino logra dar con un baqueano que arma un croquis y anota que el día 10 de octubre vio cómo el Ejército cargaba diez cuerpos que habrían sido depositados en el patio de un galpón a la vera de la ruta 38; luego cargados con rumbo desconocido. De acuerdo a la anotación sobre el croquis, habría una constancia de esos cadáveres en la Brigada de Investigaciones de Tucumán, en la que se solicita con fecha 22 de octubre la autopsia de once cuerpos en zona de operaciones. Los cierto es que el Ejército ya utilizaba la técnica de desaparecer los cuerpos.

Por eso Alicia repetía que su hermano no podía figurar como asesinado, pues su cuerpo nunca apareció ni se dio un comunicado con los nombres de las supuestas bajas. Hasta el momento tampoco sus restos fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (en el cementerio del norte de Tucumán existen fosas comunes en donde fueron hallados restos NN e identificados en algunos casos).

Según el relato que hace Alicia, los otros desaparecidos que ella tiene apuntados (desconozco la fuente de dónde los obtuvo) serían: Roberto Conde, Héctor Campos, Angélica Fonseca Alonso, Adriano Daniel Ramírez, Augusto Roberto Ricardo. Hay cinco cuerpos hasta el momento NN. Al guglearlos muchos de esos nombres figuran como estudiantes desaparecidos de la Universidad Nacional de La Plata.

Sobre las bajas del ERP entre el 7 y el día 10 de octubre la cuestión es polémica, pues en esa secuencia existen dos emboscadas del Ejército: una en la ruta 38, zona del arroyo San Gabriel, y otra en Sauce Huasco, el kilómetro 14 de la ruta 307. El Ejército comunica 13 bajas (es el parte dado al diario La Prensa del 12/10/75), Estrella Roja habla de 10 bajas en San Gabriel. En el libro La voluntad, tomo II, página 588, se relata los asesinatos de Asdrúbal Santucho y Manuel Negrín, y con posterioridad, se menciona a los guerrilleros muertos en El Acheral, y refieren 10 combatientes, sin contar a Negrín y Asdrúbal. Por su parte, María Seoane no menciona el número de bajas, pero sí los episodios (Todo o nada, página 251). En el libro ya citado de Daniel Gutman (página 266), un periodista que estuvo presente y describe la masacre (y a quien Gutman le preserva el nombre) enumera 14 bajas.

He intentado rastrear algún dato sobre la vida de Pinino en el mes que estuvo en el monte; no he encontrado nada. Ninguna de las memorias de los compañeros del PRT-ERP lo menciona o caracteriza. Alicia me dice que también buscó, y nada. En la novela La compañía de monte (página 154/206), Eduardo Anguita narra la experiencia por los mismos días que estuvo Pinino, y casualmente construye un personaje ex jugador de rugby (“Ramón”, el que no sabemos si es inventado o se trata del mismo Anguita), quien salva a un compañero herido y más tarde es relevado por la cúpula para ser preservado.

Entre las cosas que Alicia tenía dentro de una caja, y con la cual armé este rompecabezas, hay una libreta del Reglamento del Juego del Rugby (UAR-1965), que ahora llevo conmigo a préstamo y como talismán.

En la hoja final hay una cita que la cierra, dice así: “Sportsman es aquel que no solamente ha vigorizado su músculo y desarrollado la resistencia del ejercicio de algún gran deporte, sino que, en la práctica de ese ejercicio, ha aprendido a reprimir su cólera, a ser tolerante con sus compañeros, a no aprovechar una vil ventaja, a sentir profundamente como una deshonra la mera sospecha de una trampa, y a llevar con altura un semblante alegre bajo el desencanto de un revés.

Fuente: MiradasalSur