Tratado de Derecho Constitucional Poético – Por Mariano Schuster

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(Haikus)

                                                                           A Julián Axat

La justicia poética
es justa
porque es justiciera

La justicia será imparcial
hasta que el poeta
determine lo contrario.

La división de poderes será inquebrantable
Ningún poder podrá erigirse
sobre el Poder Poético

Todo ciudadano
tendrá derecho a la defensa
de la poesía.

Todo hombre es poeta
hasta que se demuestre
lo contrario.

Lo poético es justo
pero nunca
en su justa medida

Autoridad suprema
El poeta que hay
en todo hombre

Todo poeta
tendrá derecho
a permanecer callado

Si no posee un abogado
se le asignará
un poeta de oficio

Si no posee un poeta
se le asignará
uno de oficio

COMUNICADO DE PRENSA DEL CONSEJO FEDERAL DE LA DEFENSA PÚBLICA DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

Buenos Aires, 17 de abril de 2013.

El Consejo Federal de la Defensa Pública de la República Argentina manifiesta su preocupación ante el inicio de un proceso de destitución contra el Defensor Oficial ante el Fuero de Responsabilidad Juvenil, Dr. Julián Axat Della Croce, con motivo del ejercicio de sus funciones. Sin entrar en el análisis del fondo, la medida promovida por autoridades de la Provincia de Buenos Aires no sólo aparece desproporcionada sino que, fundamentalmente, afecta la autonomía de la defensa pública al condicionar la actuación del Defensor Oficial.

El Dr. Axat realizó acciones tendientes a garantizar el acceso a justicia de personas en condiciones de vulnerabilidad frente a una situación de notoria gravedad que afectó a la ciudad de La Plata. En definitiva, se trató de la promoción de acciones judiciales orientadas a la protección de derechos fundamentales.

El hostigamiento del que es objeto el Dr. Axat resulta contrario a lo prescripto por las Resoluciones AG/OEA Nº 2656 y 2714 que reflejan el compromiso de los Estados Miembro de la Organización de Estados Americanos de adoptar acciones tendientes a que los Defensores Públicos Oficiales gocen de independencia y autonomía funcional.

Tal como fue señalado en comunicados anteriores, este Consejo sostiene que afianzar el modelo institucional de una defensa pública autónoma e independiente tiene como fin primordial coadyuvar a garantizar el derecho fundamental de acceso a justicia de todas las personas y, en particular, de aquellas en condición de vulnerabilidad.

La gestión de los cuerpos. Por Julián Axat

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Durante 1976 y 1980 las Morgues judiciales tenían la práctica de extender certificados de defunción y ordenaban la inhumación de cadáveres de personas detenidas-desaparecidas, por orden de las fuerzas militares-policiales, y sin la intervención de un juez competente. Los procedimientos buscaban fraguar casos de tortura y posterior ejecución sumarias, certificadas bajo el rótulo de “muertes por paro cardiorespiratorio no traumáticos”, en casos donde lo que existía era un tiro en la nuca. El libro “Poder Judicial y Dictadura- El caso de La Morgue”, de la antropóloga María José Sarrabayrouse de Oliveira (Edit del Puerto-Cels, 2012) es una obra capital para entender las formas del encubrimiento y gestión de los cuerpos de las personas desaparecidas por policías, médicos forenses, médicos particulares y la trama que le permitía al dispositivo genocida funcionar a la par del poder judicial que se apartaba, y así los cuerpos desaparecían, se enterraban NN, osarios, o aparecieran arrojados en falsos enfrentamientos o accidentes de autos. Si bien los tiempos cambian, estas practicas se reconfiguran en democracia como herencia autoritaria de la misma cultura policial intocada, haciendo posible que estas burocracias tengan capacidad reproductora cuando la coyuntura o la excepcionalidad lo exige (ya Rodolfo Walsh hablaba de una “Secta que de las manos en la lata que gatilla y encubre”). La familia judicial también puede funcionar de la misma manera que antes, basta con dejar hacer, no judicializando aquellos casos de muerte dudosa que la decisión política o el propio autogobierno policial  (como violencia institucional) pretenden gestionar por fuera de los cauces legalmente establecidos.

El caso de la policía bonaerense es preocupante, pues los médicos de policía y las Morgues suelen ser lugares-zonas de nadie, donde muy pocos se atreven o saben a ciencia cierta qué conservan, como también aquello que ingresa o sale; pero también quién es el médico forense, cómo se evalúa una autopsia, quién es el que dictamina y hasta cómo se certifica. El poder de discrecionalidad tanatológico-policial dentro de una Morgue bonaerense, es directamente proporcional a la incapacidad histórica del poder judicial de la provincia de buenos aires de querer ingresar, intervenir y saber qué pasa-ocurre en su interior. Los dictámenes no se discuten, se reproducen literalmente en los juicios orales. La policía sabe y habla sobre los cuerpos. La ausencia de una policía judicial dotada de funciones tanatológico-forenses, es la clave para romper con la matriz cultural de la vieja Morgue policial, atada a los resabios del terror y ausencia judicial.

El caso María Belsunce es un antes y un después para la certificación de las muertes dudosas entre las personas de las clases medias y altas, pues deja al descubierto que un médico amigo puede fraguar certificados y la justicia no meterse cuando las cosas suceden dentro de círculos cerrados con poder adquisitivo; evitando de ese modo la Morgue y autopsias. Claro que el médico debe tener mucho prestigio, y actuar sobre-seguro para que más tarde la cosa no pueda volvérsele en contra, porque alguien de la familia rompe el pacto. En cambio los pobres cuyos cadáveres son hallados con signos de dudosa violencia o trauma, pocas veces suelen tener ese margen de elección, y las Morgues son derrotero inevitable.

Lo cierto es que el circuito burocrático de las muertes de orgen dudoso en tiempos normales, ya de por sí presenta un entramado de opacidad digna de la mejor antropología (constatación de cuerpo hallado con signos de fallecimiento traumático, traslado ambulancias-policía, constatación, morgue o certificado particular, gestor-formulario 03, sepelio, registros de las personas, certificado defunción, cementerio o crematorio o reserva en la morgue). En tiempos de catástrofes naturales y climatológicas este circuito entra en crisis, y un sistema policial entrenado históricamente en practicas de gestión discrecional de los cuerpos aumenta el nivel de opacidad. Y más si el criterio posterior de cómputo de las víctimas fatales de la catástrofe no se basa en protocolos de registración-publicidad donde prima el criterio sanitario-epidemiológico-accidentológico, realizado por un equipo de crisis coordinado por el Ministerio de Salud, para quien (a la postre) una muerte traumática y otra no traumática causada por la misma tragedia, resultan ser matices dentro del mismo registro.

Si es la policía el órgano de contabilizar las víctimas fatales de un temporal, entonces los criterios sanitarios pasarán a ser netamente criminales. Únicamente causas penales, el resto silencio o fallecimiento ajeno a la tragedia. Si tenemos en cuenta que esas burocracias policiales siguen siendo resabios intocados del pasado; si son funcionales al empecinamiento electoral por clausurar el número de víctimas y silenciar otras bajo el eufemismo que sea; entonces su grado de torpeza será tal, que en vez de reducir el pánico, lo van a retroalimentar en su opacidad de actuación. Pues para cumplir con esa decisión de mantener una cifra, su brazo ejecutor echará mano al las formas espurias de certificar provenientes del pasado, y así gestionará (selectivizará) lo penalizable y lo que no. Y por supuesto, la corporación judicial no se meterá en esta clasificación escandalosa. Habrá confúsión, distintas listas, muertes dudosas certificadas por médicos particulares, cuerpos cremados sin haber pasado por la morge cuando pudo haber signo de trauma y los cuerpos encontrados en la vía pública, etc.

Decía el poeta Néstor Perlongher en un fragmento de su largo poema escrito en el exilio: … En la provincia donde no se dice la verdad / En los locales donde no se cuenta una mentira  / –Esto no sale de acá– / Hay Cadáveres…

 

Julián Axat

 

Los he visto

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Durante estos dos días estuve en los distintos barrios afectados por el temporal de La Plata y he visto a mucha gente ayudando, preocupada por los demás, militando, poniéndole el cuerpo, donando lo que tenía. He visto a gente que nunca hubiera abierto su casa ofreciéndola a extraños con sus niños en brazos. Los he visto a los vecinos que, bajo el paraguas de la inseguridad se miran en el día a día con hostilidad y miedo, y ante la misma calamidad pueden compartir un mate, agua y frazadas. Por primera vez he visto a gente cercana que dice ser apolítica y que se vayan todos sentirse unos inútiles frente al televisor que les hace saber los muertos a cuentagotas, diciendo que quieren salir a ayudar o a donar (no ya lo que les sobra, sino lo que pueden tener). Los he visto cargar de todo en sus autos y dirigirse a los lugares de distribución, y no solo para quedarse con la conciencia tranquila, sino para marcar un aporte o hacerse responsables de algo. Aunque he visto cómo pérdidas materiales y cadáveres se siguen apilando en inundaciones ante la incapacidad de cálculo de dirigentes políticos que sobreactúan ante la catástrofe y ni siquiera han sido vistos en el lugar de los hechos y hasta patean la pelota para otro lado. He visto cómo en el momento en el que el agua baja, los que más sufren son los vulnerables del asentamiento, los del arrollo sin entube, los barrios marginales que hunden sus patas en el barro y la casilla de madera, y son desaguadero de los deshechos de otros barrios urbanizados. Los que perdieron todo, hasta su DNI y no tienen forma de recuperarse ni bajo crédito blando. He visto nóminas de ancianos y niños pobres desaparecidos, arrebatados por el agua de los brazos de sus hijos y madres, y que no aparecen, y a esas madres desesperadas buscando en todos los rincones, destruidas e impotentes esperando la identificación de cadáveres en la morgue, publicada en los diarios de mañana. He visto salas complejas del Hospital de Niños sin luz, y a funcionarios de bajo vuelo buscando equipos de electrógeno con urgencia, para que en los medios no se enteren de tamaña verguenza. Patotas de punteros distribuyendo algunos víveres a unos sí y a otros no, a los que pergeñan saqueos en las peores horas para generar más malestar del existente, o aquellos que claman por la completa militarizacíón de la zona del desastre dado que para éstos era hora que los militares salgan a la calle. He visto que el estrago reclama presencia, “estar ahí” frente a los hechos y los más débiles. He visto a ministros que comúnmente hacen demagogia punitiva, y ahora se colocan el disfraz de piloto de tormentas para ofrecer su tranquilidad a diestra y siniestra. Pero a los que sí he visto, y de esos no me olvido, es a los que tienen capacidad de estar y entienden que la situación límite es una puesta a prueba el nivel de solidaridad de los argentinos aniquilado por dictaduras y cortado por años de neoliberalismo. En estos días he visto al miedo al “no te metas”, a la miseria del “sálvese quien pueda”, al temor “a esa gente peligrosa”, chocar y hacerse añicos contra el muro de la solidaridad y participación. Pues en este encuentro de tan solo dos días, he visto una cadena nada improvisada de lazos militantes juveniles vinculada a los propios vecinos afectados, absolutamente unidos y organizados, claramente comprometidos, rotando entre entre la mañána y la noche. Los he visto actuar desinteresadamente, mostrando algo de la entrega y generosidad que tuvieron sus padres diezmados o desaparecidos; y –acaso- meditando, que la misma tarea reclamará el día a día, y no solo esta ocasión excepcional.

Julián Axat; Defensor Público Juvenil de La Plata