EL OTRO FUENTEOVEJUNA

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EL OTRO FUENTEOVEJUNA

X robó una casa y al salir lo esperaba todo el barrio
como la ambulancia no llegaba
terminó juzgado a garrotazos escupidas y patadas
tras lenta agonía los miembros de X repartidos entre vecinos
ofrendados más tarde al proyecto del príncipe en ascenso que
por entonces se paseaba por el norte
los huesos desperdigados X yacen debajo
de las futuras casas de los barrios cerrados que construirá
el príncipe en ascenso

ENTREVISTA A JULIÁN AXAT – A PROPÓSITO DE ANTOLOGÍA LA PLATA SPOON RIVER- SUPLEMENTO CULTURAL NI A PALOS 30/3

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Por Damián Huergo

El próximo 2 de abril un grupo de poetas y narradores leerá poemas propios en la Plaza Moreno de la ciudad de La Plata. Cada poema lleva el nombre y la voz -recreada- de una de las víctimas de la inundación de 2013. En total 76 muertos, según la antología La Plata Spoon River (Editorial Libros de la talita dorada). 76 poemas que serán leídos -en parte- frente al poder judicial, al poder ejecutivo de la provincia de Buenos Aires y a la intendencia de Bruera. El responsable del libro es Julián Axat, poeta, defensor penal juvenil y primer querellante en la causa para buscar el verdadero número de muertos por la inundación, que esta semana el juez a cargo finalmente determinó en 89, aunque la cifra aún podría ampliarse. Con motivo del aniversario y de la edición del libro, nos juntamos a hablar con Axat del agua y el barro, de la causa judicial, del agite para visibilizar voces que el poder necesita ocultar, de Edgard Lee Masters y del estado actual de la poesía argentina.

Para acceder a la entrevista, clickea acá

EL TRONCHE. POR JUAN BAUTISTA DUIZEIDE (reescritura de escrituras)

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 …. Nacido de la conjunción de un largo reportaje al infinito Leónidas Lamborghini en el que habla del tropo conocido (ma non tropo) como anacoluto, y al que él rebautizó, muy gauchescamente, “tronche”. Nombre más que pertinente por estas dulces provincias. Decía, de la conjunción de esa lectura con la lectura ¿azarosa? del artículo de cierta escriba acerca de cierto encuentro de escribas en cierta ciudad demasiado famosa…

 

El Tronche

                                                                                                                                           A Julián Axat

 

Llegaron / tienen su merecida medianoche en / están donde están / donde querían estar / trenzaron y transaron por / están donde tienen que / voulez vous / milonguitas / beatrices y ricardos / corazón de león hervíboro / en planta permanente / que parís bien vale / cadáveres / y hay piernas legendarias / la melena de aquel saboteador arrepentido / o viejo y peludo nomás / ¡bailate un tango ricardo! //

Hay cadáveres / el buen francés del que te jedi / los escritores de izquierda de / las teorías no tan salvajes de la otra / las ojeras de aquella darkie nunca emo / las zapatillas rojo gautier de quien muchas fan / el atuendo deportivo del que se va a dormir más temprano / y del rincón en el ángulo oscuro más brillante / un turco errante con sus guiyes, sus curros, sus croquetas / los de todos / maquillaje / y cualquier cacatúa sueña con la pinta de //

Están dónde / voulez vous / milon / guitas / qué se ficieron / y hay piernas legendarias hay melenas todavía / hay cadáveres / prisión perpetua de la modernidad periférica / buffet froid nunca más //

Están / los que son / elenco estable / cadáveres / qué triste es todo esto / carlitos gardel//

J.B.D. principios del otoño 2014

 

EL DAÑO A LA CULTURA – NOTA OPINIÓN JULIÁN AXAT- DIARIO PAG/12 (EL JUEZ Y EL POETA)

Cuando mis padres desaparecieron, en abril de 1977, mi abuelo paterno, Carlos Alberto Axat, un moderado abogado civilista, hizo su primer hábeas corpus ante el Juzgado Federal Electoral de la provincia de Buenos Aires. El entonces juez, teniente coronel Dr. Héctor Gustavo de la Serna Quevedo, que lo recibió en su despacho, le preguntó qué estudiaba su hijo, a lo que mi abuelo le explicó: “Filosofía”. La respuesta derivó en una arenga entusiasta del magistrado sobre los problemas épicos y filosóficos acerca del trigo y la cizaña. Mi abuelo, desesperado, que sólo estaba ahí para pedir por el paradero de su hijo y su nuera, tuvo que soportar que el señor juez terminara con su clase seudoerudita para implorar una respuesta efectiva. Cuando regresó al juzgado a los pocos días, encontró el rechazo del hábeas corpus y las costas al vencido. Yo por entonces tenía pocos meses, la anécdota me la contó cuando ingresé en la Facultad de Derecho en 1994, en ella estaba contenido el punto de su frustración en el Derecho y la Justicia para un abogado con 70 años de profesión libre. Con la anécdota, me decía: “Elegí bien, que no te pase lo que a mí”. Mi abuelo murió en 1995.

Héctor Gustavo de la Serna Quevedo nació en 1926 en Catamarca, hijo de un militar de alto rango y primo del Che de lado materno; huérfano desde los ocho años, hizo la carrera militar hasta que fue dado de baja por ser parte de la intentona de alzamientos anteriores a 1955. Recibido de abogado a los 40 años, fue designado por Onganía como interventor del Servicio Penitenciario, y más tarde por la dictadura cívico-militar como juez federal electoral de la provincia de Buenos Aires, cargo que ocupó hasta 1983.

De la Serna fue no sólo conocido por ser el juez preferido de Jimmy Smart, dando cobertura judicial a secuestros y desapariciones, para luego rechazar hábeas corpus y gozar de imponer costas a familiares de esos desaparecidos, sino que fue y sigue siendo conocido por uno de los hechos más graves contra la cultura de este país. A eso de las nueve y media de la mañana, el 7 de diciembre de 1978, los depósitos del Centro Editor de América Latina en Avellaneda fueron allanados y clausurados bajo la acusación de infringir la ley 20.840. Por entonces, el valiente editor Boris Spivakow junto con su abogado se atrevieron a dirigirse hasta el despacho de De la Serna para evitar el atropello, pero allí, atónitos, recibieron una filípica sobre “filología de la disgregación social”, fundamento que se materializó en el decomiso del 30 de agosto de 1980, en un terreno baldío de Sarandí, donde un millón y medio de libros ardieron frente a la mirada del propio De la Serna.

El acta judicial firmado y sellado por De la Serna que ordena la quema ha sido rescatada hace pocos meses, gracias al trabajo de archivo del grupo La Grieta de La Plata, encabezado esta vez por Gabriela Pesclevi. Como diría Walter Benjamin, el documento judicial representa toda una pieza de la barbarie que, a su vez, expone la negación-destrucción cultural de la dictadura hacia determinados libros, entre los que figuraban Marx, Lenin, Mao, Sartre, Cortázar, García Márquez, pero especialmente libros infantiles como los de Elsa Bornemann o María Elena Walsh.

La investigación llevada a cabo por Pesclevi me llevó a otros lugares interesantes. Si uno googlea “Héctor Gustavo de la Serna”, lo primero que encuentra es el típico homenaje que el diario El Día hace a los personajes de su ciudad, en los que nunca se distingue al héroe del villano; de allí que el desapercibido fallecimiento de De la Serna. ocurrido el 8/5/2012, tuvo un montaje-recordatorio donde aparece como “poeta, docente y filósofo”, y nada se dice sobre su nefasto rol de juez.

Lo que a mí me despertó curiosidad del recordatorio del diario no fue el lavado de una historia, sino la introducción de la siguiente palabra: “poeta”. ¿Cómo compatibilizar la quema de libros con la poesía? ¿Cuál es el lugar del juez verdugo y cuál el de la poesía frente al Mal? La poesía y el Derecho son dos lugares que me obsesionan, y De la Serna no sólo había rechazado el hábeas corpus de mis padres, sino que, además, se decía abogado y poeta. Si la pieza judicial firmada por De la Serna, que ordenaba la quema de un millón y medio de libros, se trata de una pieza arqueológica que refleja todo el lugar de la barbarie cultural argentina, entonces hallar el libro de poesía firmado por ese mismo autor representa el fin de la palabra (poética) o el lugar donde la maldad y la ignorancia coincidían.

Como detective literario, salí en la búsqueda de la poesía de De la Serna. No figuraba en catálogos de Internet; recorrí librerías de viejo, consulté en bibliotecas de La Plata, hasta que di con un único ejemplar de Poesía y Meditación, Ediciones Almafuerte (1996). La tapa lleva una imagen de la bóveda de la catedral platense, por lo que ya se aprecia un tono cruzado y, en la solapa, la siguiente caracterización: “… crítico preocupado por las ideas disolventes en que se ha encarnado la sociedad…”. La serie de versos son de una lírica confesional trillada, hálito meditabundo de burócrata jubilado que se paga una edición para despuntar culpas y rendir cuentas con los fantasmas que lo persiguen y ante los que se justifica. Basten este puñado de palabras que reflejan al resto: “¿Quién conociera el peso de la historia / y su incidencia en el vivir futuro? / Con su irrumpir en varias direcciones / con tanto polvo sedimentando el alma, / con tanta pena crucificando al hombre / en inseguridad sin concesiones, / ¡quién pudiera desentrañar la suerte del angustiado permanentemente! / Un profundo arcano señorea el mundo / y el torrente de tiempo, vida y muerte / en medio de nuestro acaecer fecundo / se repite absurdo, obstinadamente… / escribir y borrar acto seguido / en el cuaderno de sufrir y el llanto / sin reparar en el que sufre tanto…”.

Alguna vez me detuve en la poesía del latinista Carlos A. Disandro, o me obsesiona dar algún día con el inhallable libro de poesía firmado por Eduardo E. Massera en su juventud, y que Claudio Uriarte se cansó de buscar. El libro de poemas del ex juez De la Serna forma parte de estas inquietudes y la paradoja consistía en rescatar del olvido el libro de un quemador de libros. Quién quemaría estos libros, aun cuando estén manchados de sangre o lejos estén de la Poesía, con mayúsculas. Cuando mi abuelo me contó la anécdota de su frustración ante el juez De la Serna, entonces yo decidí ser abogado. Pero también elegí la Poesía.

* Defensor juvenil. NOTA EN http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-242853-2014-03-28.html

SENTENCIA JUDICIAL CAUSA INUNDACIÓN DE LA LA PLATA – JUZGADO CONTENCIOSO- A UN AÑO, NÚMERO REAL DE VÍCTIMAS DE LA INUNDACIÓN

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A punto de cumplirse un año de la inundación de La Plata, luego de que la Defensría 16 de La Plata a mi cargo fuera ilegalmente apartada por la Procuración General Bonaerense, el Juzgado contencioso Nª 1, a cargo del Dr. Luis Arias, dicta sentencia en la cual se explican las irregularides, lo métodos espurios y el falseamiento de los datos sobre las víctima de la inundación del 2 de abril pasado.

Cómo queda a la vista, y como ya hemos explicado en otra oportunidad (linkear aquí) el problema de la política local, siguen siendo los usos de la Policía Bonarense autogobernada, que a la vez echa mano a las practicas de siempre, a cualquier costo, con tal de no bajar la imagen de sus mandantes.

Especialistas en ocultar cadáveres desde un pasado que ayer recordamos y no queremos olvidar, el problema de la marketingpolítica es que la verdad siempre, tarde o temprano, aparece, por más que se la oculte debajo de la alfombra. Es que como parte de ese costo, la Policía Bonarense, el trabajo sucio lo realiza, y es tan sucio que deja huellas.

Del listado de 52 víctimas oficializadas, por el entonces superministro y alcalde mayor Ricardo Casal, hoy la justicia a través de la sentencia, ha demostrado que mintió de manera ardidosa, en tanto exitió una cifra muy por encima de la expuesta. Pero a la vez, la sentencia expone el mecanismo espureo utilizado para falsear la verdad a la sociedad, ya sea por medio de Morgues opacas, médicos falseadores, policias extorsionadores, funerarias conniventes, registros de las personas falseadores, fiscales y jueces penales negligentes, etc. Toda una línea de montaje desplegada para forzar la cifra de 52 personas víctimas de la inundación.

A un año de ocurrida la inundación del 2 de abril, la verdad queda a la vista.

Ver la Sentencia..

INVITACIÓN A LA PRESENTACIÓN DE LA ANTOLOGÍA LA PLATA SPOON RIVER, EL MIERCOLES 2/4 -16HS -PLAZA MORENO

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“En el fondo tú escribes para estar como muerto, p

ara hablar desde afuera del tiempo, para convertirte para todos en un recuerdo”

Cesare Pavese

 

 

El 2 de abril de 2013 la ciudad de La Plata se inundó luego de un fuerte temporal. Dos de los arroyos que atraviesan la ciudad en sus márgenes desbordaron su cauce. En el centro urbano el agua alcanzó los dos metros de altura, arrasando con plazas y avenidas. El Servicio Meteorológico Nacional informó que 181 milímetros cayeron entre las 18 y 21 horas. La elevación del nivel del agua tuvo su origen principal en la magnitud de una tormenta extraordinaria que azotó a la provincia de Buenos Aires y a la Capital Federal; sin embargo, el desastre en la ciudad de las diagonales fue consecuencia de una flagrante imprevisión humana.

La dimensión de la catástrofe ocurrida en La Plata y alrededores conmovió a todo el país por varias semanas, y puso en evidencia que las pérdidas irreversibles obedecieron a una conjunción de factores entre calentamiento global, condición climática, políticas vacías de gestión, riesgo no previsto, formas inocuas de salvataje, y negación de las consecuencias fatales. Luego del 2 de abril el gobierno provincial oficializó un listado con el nombre y apellido de 51 personas fallecidas como consecuencia de la inundación. Con el correr de los días, el mismo gobierno pretendió dar por cerrada aquella cifra. Lo cierto es que, un mes más tarde, la justicia computaba más de 70 víctimas, número que –a esta altura– no ha sido clausurado y continúa en aumento; dejando en evidencia que existió un procedimiento estatal espurio de ocultamiento-adulteración de las defunciones ocasionadas por la inundación[1].

Frente a este tembladeral, los hechos quedaN de algún modo surcando la memoria colectiva y se reproducen en lugares comunes que asumen el habla y la palabra entre los vivos. Aun cuando sea por causas naturales, el ocultamiento, la mentira y la negación de muertes en un país como Argentina tienen reminiscencias culturales especiales, asociadas al pasado. La poesía, entonces, como manifestación del arte, puede mantener distancia y seguir en la evasiva, o bien puede indagar a fondo aquellos lugares. Dado que yo no era ajeno a lo ocurrido, en especial al curso de  la investigación de los hechos por mi carácter de defensor público, y también por cierta obsesión poética que siempre acompaña mis búsquedas[2], los ingredientes para que diera nacimiento a un proyecto de indagación-interpelación expresivo estaban dados.

 

La antología que aquí presento nace como destello la mañana del 5 de abril,  mientras ayudaba a llevar alimentos y colchones a familias damnificadas que habían perdido todo menos la esperanza. Continuó tomando forma en mi cabeza por la tarde, camino a la Morgue para colaborar con un juez que buscaba dar con la verdadera cifra de personas fallecidas como consecuencia del temporal. Finalmente adoptó entidad en mi casa, la noche de ese mismo día, frente a un libro que había leído hacía ya tiempo, y al que volví empujado por aquellas circunstancias. Me refiero a Spoon River Anthology, del poeta y abogado Edgar Lee Masters[3].

 

¿Qué tenía que ver Spoon River Anthology con la inundación del 2 de abril? La antología que pensé tenía que retomar el punto de partida del epitafio, y relacionar el agua con la poesía y la voz de los muertos. La convocatoria consistió en antologar voces siguiendo la manera de Lee Masters. Escogí a muchos platenses que padecieron el temporal, pero también fui a buscar al interior del país, autores conocidos y otros no tanto.[4] Seleccioné poetas de Chile, Colombia, Perú y Brasil quienes tenían conocimiento de lo que había ocurrido en La Plata. A cada poeta le pedí que sea la máscara de un “otro”, pero desde sus obsesiones[5]. Cada poema experimentaría el verso libre y llevaría como título el nombre y apellido de alguna de las víctimas del temporal del 2 de abril hasta donde la justicia las hubiera computado[6]. En este caso no se inventarían epitafios de personas imaginarias enterradas en un supuesto cementerio de un conjetural pueblo llamado Spoon River. El riesgo de algo demasiado real surgía como inversión y base de la Antología La Plata Spoon River[7].

 

La convocatoria hizo que muchos se entusiasmen de inmediato con la propuesta, algunos pocos se opusieron ante la incorrección de “usar” el nombre de los muertos sin permiso. Otros se disculparon ante su imposibilidad de colocar su voz en ese lugar. Narradores probaron ocasionalmente con la poesía. Lo cierto es que la mayoría de los escritoras y escritoras convocados se mostraron interesados y lo vieron –así surge de los poemas– como cierta forma de reivindicación. Incluso poetas que no suelen vincularse a la llamada “poesía política” y que denostan tal caracterización, por el marco de la propuesta a la que se plegaron interesados, asumieron ese tono sin caer en la indignación. Con lo cual tiendo a creer que gran parte de la poesía que se escribe en este momento ha perdido su potencia disruptiva, por ausencia de una verdadera propuesta o relato interpelativo que la contenga[8].

 

Salvo que el poeta lo crea necesario, la poesía no pide permiso para titular un poema de determinada manera. La poesía irrumpe, es. Más cuando el poder niega el lugar que le cabe a esos nombres y el poeta entonces los pretende afirmar. Es decir, homenaje justo el poema, y no sacrilegio. La incorrección en la devolución de la voz que no está. Epitafios que inventan, reconstruyen perspectivas de quiénes fueron los muertos o quienes pudieron haber sido sin serlo. Los resultados a la vista dejan ver un mosaico de tonos, maneras, acercamientos y distancias. La mirada, la palabra posible, un monólogo de último momento o simples lugares imaginados por escrituras que, aunque no conocieran a la persona a la que referencian por título, asumen con respeto esas vidas que no debieron perderse por motivos evitables.

 

Como en el romanticismo, los poetas se convierten en médiums, hablan por los muertos que quedan boyando, antes de irse a un más allá. Traen el mensaje velado hacia el más acá, y susurrando a los vivos tratan de poner ciertas cosas en su lugar. Es en algún punto que los poemas pierden aquello que los diferencia, y no son más que una sola voz.

 

Julián Axat, noviembre de 2013


[1]              Sobre ese procedimiento puede consultarse la profunda investigación realizada por la revista La Pulseada (en www.lapulseada.com.ar) y el artículo de Horacio Verbitsky, “El Agua y el Fuego”, publicado en Pagina/12 el 28 de abril de 2013.

[2]              “…Decía el poeta Néstor Perlongher en un fragmento de su largo poema escrito en el exilio: En la provincia donde no se dice la verdad / En los locales donde no se cuenta una mentira  / –Esto no sale de acá– / Hay Cadáveres…”´. Julián Axat, “La gestión de los cuerpos, Tiempo Argentino, 13 de abril de 2013.

[3]              Antología de Spoon River, 1915. En mi biblioteca está la primera edición de Librerías Fausto, Buenos Aires, 1979, con selección, prólogo y traducción de Alberto Girri. Hay otra traducción, íntegra, de Editorial Cátedra, 2004.

[4]                El criterio de selección fue amplio, tomé autores de todas las edades, traté de mantener proporción entre hombres y mujeres, escritores que trasuntan distintas vertientes y posicionamientos. Ya a punto de cerrar el proyecto,  encontré el libro de Roberto D. Malatesta, titulado “Por  encima de los Techos”, surgido en la inundación de Santa Fe del año 2003 (Edic. Leviatan) y que relaciona poesía e inundación. Por suerte pude tomar contacto con Roberto e invitarlo a participar de esta antología. El poema que cierra, le pertenece.

[5]                  La convocatoria fue publicada en: colecciónlosdetectivessalvajes.blogspot.com.ar 

[6]                 Al momento que se escribe el presente prólogo una Fiscalía y un Juzgado llevan a cabo investigaciones que contradicen la nómina oficial de víctimas; de allí que he decidido tomar parte de la nómina de personas fallecidas que maneja la justicia y dejar abierto este proyecto por si aparecen nuevos nombres a los que corresponderán nuevos poemas, los que se incluirán en una futura reedición de la antología.

[7]                No es la primera vez que en nuestro país la Antología de Spoon River aparece como disparador; así Juan Gelman en Los poemas de Sidney West, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1969. En otro país,  Roberto Bolaño, aunque en forma narrativa, la segunda parte de Los detectives salvajes, Editorial Anagrama, Barcelona, 1998.

[8]              Aspectos de este fenómeno han sido introducidos por nuestra Colección Los Detectives Salvajes, en especial en la Antología anterior Si Hamlet duda, le daremos muerte, Libros de la talita dorada, 2010.

IMPLEMENTACIÓN DE LA LEY DE SALUD MENTAL EN LA PCIA DE BA – SENTENCIA EN CAUSA INICIADA POR LA DEFENSORÍA PENAL JUVENIL Nº 16 – CREACIÓN SERVICIO SALUD MENTAL INFANTO JUVENIL

Con fecha 13/3 de 2014,  el Juzgado en lo Contencioso Administrativo N° 1 de La Plata, dictó sentencia mediante la cual se declara la inconstitucionalidad de la Ley 14.580, que prorrogara por 36 meses el cumplimiento de la Ley Nacional N° 26.657 de Salud Mental, otorgándole a la Provincia de Buenos Aires un plazo de 6 meses para su efectiva implementación. Lo cual implica la plena vigencia del art. 36 inc. 8 de la Constitución Provincial en cuanto a la obligación a cargo de la Provincia de brindar un servicio de salud mental de acuerdo a los estándares que se expresan en la sentencia recurrida.
 
La causa fue promovida por el Dr. Julián Axat con motivo del encierro de A.D. en la Clínica Ferromed, donde quedaran expuestas las falencias sel servicio de salud mental en la Provincia.
 
Luego asumió caracterísiticas colectivas con la presentación del CIAJ, la CTA y la Asociación Civil “La Cantora”, y la intervención del Defensor del Pueblo, motivando una audiencia pública que fue realizada en la Facultad de Periodismo el día 30 de agosto de 2012. –

Para acceder a la sentencia, linkee aquí: http://www.otroscirculos.com.ar/ordenan-al-gobierno-de-scioli-crear-un-servicio-publico-de-salud-mental/