“EL CUENTO DE LA LEY. RELACIONES ENTRE DERECHO Y LITERATURA

Arabia, Federico; Boco, Gastón. (*)[1]

 

 


      I.

     El “discurso jurídico” se nos presenta como un producto rígido y autosuficiente.  Muchas veces, cuando escuchamos hablar a un “hombre de leyes”,  ya sea un abogado o un legislador o cuando leemos un fallo judicial o una ley, sentimos que estamos frente a alguna especie de “verdad revelada”, algo así como la sensación que produce escuchar a un biólogo describiendo la formación de placa tectónica y un predicador, juntos.

      Los “operadores jurídicos” se mueven en un discurso que superpone la ciencia y la moral. Primero  describen  los  “hechos”,  hacen un inventario de las circunstancias, para luego ofrecer la solución que debería aplicarse al caso, es decir, el “deber ser”.

     Esta combinación participa en todas las producciones jurídicas. Toda ley, todo fallo, todo discurso jurídico contiene una dosis de “ciencia” y de” moral”, de descripción y de solución.  La forma en qué ambas partes del discurso se combinen dará como resultado un tipo particular de abogado, de juez o legislador. Así, el juez detallista y factico que se “atiene la letra de la ley” (ciencia),  el legislador moralista, más centrado en los principios jurídicos, y más preocupado en proponer soluciones que en describir hechos (deber ser), o el juez bipolar al decir de Duncan Kennedy[2], aquel que va alternando entre una posición conservadora en sus fallos y otra progresista, como para equilibrar.  Y así sucesivamente.

       Ahora bien, más allá de éstas combinaciones, los operadores jurídicos parecieran buscar siempre un “efecto de verdad” o “sensación de verosimilitud”. Al igual que en la literatura, las leyes y sentencias precisan crear una convicción en el destinatario. Ningún legislador podría confesar en la misma letra de la ley su incertidumbre sobre la eficacia de la misma. Ningún abogado presentaría sus dudas sobre la inocencia de su cliente a un tribunal. De hecho es el el propio sistema jurídico quien consagra la necesidad de buscar éste efecto de verdad. (art. 15 Art. 15. Los jueces no pueden dejar de juzgar bajo el pretexto de silencio, oscuridad o insuficiencia de las leyes).

        La ficción es imprescindible del derecho.

      La repetición, la analogía y la metáfora son algunas entre otras herramientas que los operadores jurídicos (abogados, jueces, periodistas del derecho, legisladores) utilizan en una dirección y con una carga simbólica específica para generar el efecto de “verdad”.

    Por otra parte, los contextos de producción en que se ofrecen éstos discursos jurídicos, sean audiencias, sentencias,  reportajes televisivos o debates parlamentarios le dan una forma y una particularidad que los distingue de otros ámbitos profesionales.

    Estamos, ante todo, frente a un género discursivo.    

    La idea de rastrear literatura en el derecho, de detectar los resortes de “ficción” sobre los que se apoya el discurso jurídico,  pretende ser un demoledor de mitos jurídicos.

     Al confrontar fallos de diferentes estilos, al detenernos en las palabras de legisladores, al prestar atención a los recursos escenográficos que se utilizan en las audiencias, al analizar  leyes y junto con ellas el contexto histórico que las determina, buscamos humanizar al derecho y a sus operadores jurídicos, despojarlos del escudo que los vuelve impenetrables. Ver la mano del juez, allí dónde se la pretende ocultar. Entender las relaciones de poder que se esconden casi imperceptibles, ocultas, inconscientes en la letra de la ley que “con sangre entra”, sí, pero que sobretodo entra por las imágenes que produce, por la potencialidad de las formas jurídicas. 

      Desarticular el discurso jurídico, detectar las ficciones legales que hay en fallos y leyes, es un aporte a la democratización del derecho.

II.

              La relación entre Derecho y Literatura ha sido poco abordada. No obstante hemos encontrado trabajos donde se pone de manifiesto una preocupación importante por esta relación que aparece casi con un aire clandestino. Trabajos que se inscriben en la frontera o en la periferia de las ciencias sociales. En nuestro medio académico es Enrique Marí, abogado y epistemólogo, unos de los iniciadores de la teoría crítica del derecho en Argentina, quien se ha ocupado especialmente de esta relación. Marí dedicó gran parte de su carrera intelectual a trasladar al campo de la teoría jurídica sus preocupaciones filosóficas, culturales y políticas, bregando por una apertura intelectual que permitiera a la ciencia salir del  modelo atrincherado en disciplinas. “La enorme libertad de espíritu, la vocación crítica inclaudicable, la apertura interdisciplinaria poco común, la erudición gozosa, poética, guiada por el placer de la lectura y del debate de ideas, y el refrescante carácter libertario y antiautoritario que caracterizaba a sus ideales y a su trato con las personas[3], tal eran las características que guiaban la obra de Mari, que ha sido para nosotros una inspiración y referencia; hasta tal punto que luego de leer el trabajo “Derecho y Literatura. Algo de lo que sí se puede hablar pero en voz baja”[4], decidimos dar inicio a una investigación que culminó en el Seminario que actualmente se cursa en la UPMPM en las carreras de Historia y de Derecho, basándonos centralmente en sus trabajos en la materia y utilizando otro texto suyo como herramienta metodológica de abordaje: “Racionalidad e imaginario social en el discurso del orden”[5]. La apuesta de Marí es, como en casi toda su obra, una lucha descarnada contra el positivismo. En “Derecho y Literatura…” Discute fuertemente con el fisicalismo de Rudolf Carnap y el Círculo de Viena, y la pretensión positivista de dotar de una autoridad superior a las ciencias llamadas duras por encima de cualquier otro discurso, dejando fuera del estatuto de ciencias a la estética, el derecho, la crítica literaria, etc.; es decir, a las ciencias sociales. Si bien hoy la discusión sobre el estatuto de ciencia de las diferentes disciplinas ha tomado un nuevo cauce, a partir del cual parece que por fin la ciencia morigera sus pretensiones de autoridad y aparece equiparable a otros discursos, aún es extendida la idea, con resabios positivistas, que emparenta la ciencia a la objetividad y la verdad. En el ámbito propio del derecho, esto se verifica en la creencia en la objetividad de las leyes, en el carácter impoluto que suele darse a los jueces, en la creencia extendida sobre lo justas que son las leyes de la República y hasta en el concepto mismo que se tiene de “justicia”. Contra este tipo de pensamiento anquilosado heredero del positivismo, se enfrenta valerosa y, por momentos, solitariamente, Marí. Sucede que para desbaratar el contenido positivista del derecho es necesario comprenderlo en su carácter de creación y no de mero relato objetivo de hechos y situaciones. Es decir, comprender su costado literario se vuelve necesario para desnaturalizar las producciones jurídicas con todo su halo de objetividad y justicia para comenzar a entender el carácter sumamente político del derecho y su vinculación con los imaginarios sociales hegemónicos de cada tiempo y lugar que permiten legitimar cierto cuerpo normativo. Entendemos que la relación entre derecho y literatura constituye quizá la punta de un ovillo que logre ayudar a comprender las relaciones de fuerzas sociales y políticas que hacen posibles determinadas legislaciones, fallos y jurisprudencias, para romper con la idea de objetividad de la ciencia y los jueces y enmarcar la discusión jurídica en el ámbito de lo político. Porque la justicia y sus actores e intérpretes están sujetos, también, a los avatares de la historia, de la política y de las ideologías, sin poder sustraerse, como toda acción y creación del hombre, a los condicionamientos de las subjetividades.

     El avance de la investigación nos llevó a descubrir abordajes sobre al relación entre el derecho y la literatura en la obra de Carlos Pérez Vázquez[6], en una ponencia presentada en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), titulado “Los temas penales y la literatura”. En esta ponencia, Pérez Vázquez da cuenta de la relación entre la poesía de habla hispana, especialmente la mexicana, con temas del derecho penal, y muestra la imposibilidad del lenguaje, tanto jurídico como poético, a la hora de reconstruir un hecho criminal. Aquí, en este análisis que se posa sobre la forma en que se construyen los textos jurídicos, en qué tipos de ficciones se crean, qué metáforas se utilizan, qué andamiajes literarios son los que sostienen una creación jurídica, Pérez Vázquez, en sintonía con Marí, emprende la tarea de analizar los paralelos entre Literatura y Derecho en la búsqueda de la verosimilitud, es decir, no la reconstrucción de “La” verdad –pues postular que esto pueda ser posible sería un absurdo- sino la posibilidad de crear un relato creíble sobre un hecho determinado.

     Nos resultó especialmente interesante la forma de clasificación sobre los diferentes puntos de contacto entre ambas disciplina que aporta Andrés Botero Bernal[7], donde establece seis diferentes modelos de relación entre derecho y literatura (retórico, expositivo, analítico, metodológico, jurídico y estético), abordaje que a grandes rasgos compartimos y al que consideramos agregar el modelo histórico-social, que sería el derivado de analizar las  formas en que las producciones literarias operan al nivel del imaginario social para colaborar en la legitimación de ciertas leyes o corpus normativos en una ápoca y geografía determinada. En esta línea hemos analizado, por ejemplo, la producción literaria canónica argentina y la jurisprudencia, desde la independencia hasta el primer centenario y de qué forma ha operado la relación Derecho/Literatura en la difusión de las ideas dominantes.

   III. (A modo de ejemplo).

    Quizá el momento en que la relación Derecho/Literatura se muestra claramente, es el que abarca lo que se conoce popularmente como “generación del 80”. En el año 1869 se aprueba a libro cerrado el Código Civil de la República Argentina, redactado por Dalmasio Velez Sarsfield. La codificación daba cuenta, luego de la Constitución sancionada en 1853, de la existencia de un estado en funcionamiento al que se sumaba el desarrollo urbanístico de Buenos Aires como Capital federal de la República. Las ideas del higienismo social, el darwinismo, la psicología de las masas, se expresan en la novelística criolla a través de la estética naturalista en novelas como “En la sangre”, “Sin rumbo” de Eugenio Cambaceres; en la recalcitrante “Inocentes o culpables” de Antonio Argerich; en los tratados de José María Ramos Mejía como “Las multitudes argentinas” de marcado corte Leboniano[8]; y “Los simuladores de talento en la lucha por la personalidad y la vida”. Y hasta en “La Bolsa” de Julián Martel, pseudónimo de José María Miró, considerada la primera novela antisemita argentina. Este explosivo cóctel literario conforma una muestra de las ideas dominantes de la época, en las cuales se estigmatizaba al inmigrante, y nos permite comprender cómo, a través de la novelística, se extienden capilarmente por toda la sociedad las justificaciones que dotan de legitimidad a legislaciones represivas dirigidas hacia inmigrantes y obreros sindicalizados.

     La Ley de Residencia, escrita por Miguel Cané, el simpático autor de Juvenilia (1884), que permitió y habilitó al gobierno a expulsar a inmigrantes sin juicio previo. La ley fue utilizada por sucesivos gobiernos argentinos para reprimir la organización sindical de los trabajadores, expulsando principalmente anarquistas y socialistas. Surgió a partir de un pedido formulado por la Unión Industrial Argentina al Poder Ejecutivo Nacional en 1899, a raíz del cual el senador Miguel Cané presentó ante el Congreso de la Nación el proyecto de expulsión de extranjeros. En febrero de 1908 se realizó un atentado contra el Presidente pero la bomba no llegó a estallar. En 1909 fue asesinado el jefe de policía Ramón L. Falcón, por el militante anarquista Simón Radowitzky y al año siguiente estalló una bomba en el Teatro Colón, en pleno festejo del Centenario. Estos hechos produjeron la sanción de la Ley de Defensa Social (1910) que complementó la Ley de Residencia y hasta incluía la pena de muerte. La represión se acentúa cada vez más hacia obreros socialistas y anarquistas, en su mayoría inmigrantes, y luego, ya entrado el siglo XX, también hacia los judíos. Influencia recíproca entre los textos literarios y los jurídicos trabajan al nivel del imaginario social en la producción y reproducción de las ideas dominantes de cada época. Esta dimensión de la relación Derecho / Literatura, permite observar la dependencia que la sanción de las legislaciones tiene con las relaciones de fuerzas políticas e ideológicas de cada momento histórico y ayuda a desbaratar el carácter inmutable y universal que suele aplicarse a menudo a las leyes y a las constituciones.  

Bibliografía

–         Kennedy, Duncan, “Izquierda y Derecho. Ensayos de Teoría jurídica critica”, Siglo XX1 editores. 

–         Le Bon, Gustave; La psychologie des foules (1895) (La psicología de las masas, o La psicología de las multitudes, según las traducciones) (1896).

–         Botero Bernal, Andrés, “Derecho y Literatura, un nuevo modelo para armar. Instrucciones de uso. http://www.jus.unitn.it/cardozo/Review/2008/Botero.pdf.

–         Marí, Enrique, “Racionalidad e imaginario social en el discurso del orden”, 1986. Revista Doxa III, Buenos Aires: 93-111.

–         Marí, Enrique, “Derecho y literatura. Algo de lo que se puede hablar, pero en voz baja”, 1998.  Revista Doxa XXI, Buenos Aires: 251-287.

–         Courtis, Christian; Enrique Marí (1928 – 2001), Revista Doxa, Cuadernos de Filosofía N° 24, Departamento de Filosofía del Derecho, Universidad de Alicante, España.

–         Vázquez Pérez, Carlos, “Derecho y Literatura”, Isonomía, Revista de Filosofía y Teoría del Derecho, número 24, abril 2006. 135-153.

–         Cambaceres Eugenio, “En la sangre”, Buenos Aires; Plus Ultra, 1993.

–         Martel, Julián, “La Bolsa”, Buenos Aires, Biblioteca de la Nación, 1909.

–         Argerich, Antonio, “¿Inocentes o culpables?”, Madrid; Hyspamerica, 1985.

–         Foucault, Michel, “Genealogía del racismo”, Editorial Altamira, Buenos Aires, 1996.

–         Huertas Jiménez, María José, “Do critical international legal studies effectively deny the existence of a possitive international law?”, 12 Revista electr+onica de Estudios Internacionales, 2006. www.reei.org.


[1] (*) (UPMPM) federicoarabia@hotmail.com; (UPMPM) gaston234@yahoo.com.ar

[2] Kennedy, Duncan, “Izquierda y Derecho. Ensayos de Teoría jurídica critica”, Siglo XX1 editores. 

[3] Christian; Enrique Marí (1928 – 2001), Revista Doxa, Cuadernos de Filosofía N° 24, Departamento de Filosofía del Derecho, Universidad de Alicante, España.

[4] Marí, Enrique, “Derecho y literatura. Algo de lo que se puede hablar, pero en voz baja”, 1998.  Revista Doxa XXI, Buenos Aires: 251-287.

[5] Marí, Enrique, “Racionalidad e imaginario social en el discurso del orden”, 1986. Revista Doxa III, Buenos Aires: 93-111.

 

[6] Vázquez Pérez, Carlos, “Derecho y Literatura”, Isonomía, Revista de Filosofía y Teoría del Derecho, número 24, abril 2006. 135-153.

[7] Botero Bernal, Andrés, “Derecho y Literatura, un nuevo modelo para armar. Instrucciones de uso. http://www.jus.unitn.it/cardozo/Review/2008/Botero.pdf.

[8] Le Bon, Gustave; La psychologie des foules (1895) (La psicología de las masas, o La psicología de las multitudes, según las traducciones) (1896).

EL MITO DE LOS PIBES CHORROS POETAS. Por Julián Axat

Image

“El Bien no es mas que una ilusión; el Mal es una Nada que se produce a si misma sobre las ruinas del Bien”

J.P Sartre; San Genet

 

1. Hablar de los pibes chorros poetas es más o menos, además de una irresponsabilidad, una hipocresía. Nunca conocí a ninguno, ni tampoco creo que existan. El mito del pibe chorro poeta, es un invento del progresismo culposo y defensivo, basado en la construcción de personajes o fabulas nunca comprobadas en los hechos, los que siempre son más complejos y muestran una realidad cargada de matices, poco cercana a una épica de la violencia lumpenproletaria fabricada en el papel y en la distancia irresponsable.

 

El mito del los pibes chorros poetas deviene del mito del “Buen Salvaje” que postulara J.J. Rousseau en el Emilio o la Educación; pero también proviene de una estética cinematográfica: “En niño salvaje” F. Truffaut; o más cercana de “Crónica de un Niño solo” de L. Favio. En literatura “Las Tumbas”, de Enrique Medina tiene algo de esta mitología, aunque una descripción bastante exacta de los infiernos llamados Institutos de menores.

El mito del los pibes chorros poetas, deviene del mito de “Buen Salvaje” del que también hace eco la derecha, y que postula a un ser que es amenazado y es pasible de captura por el sistema institucional, transformándolo –por los mecanismos de control social y violencia institucional- en un “Mal salvaje” (el mito del niño caído). Claro para la derecha, hay que eliminarlo por cualquier medio, pues ya no es capaz de ser disciplinado.  Cierta izquierda, en cambio va a construir una romántica (en una lectura forzada de Michel Foucault, más cercana al trotskismo tradicional que a otra cosa), la que puede ser resumida en el eslogan: “ningún pibe nace chorro”.  Es decir, la única maldad proviene del sistema que captura a ese ser inocente llamado niño. Lo corrompe, lo abusa, y luego lo mata o hace desaparecer.

 La resistencia poética de los pibes chorros, para esta versión del progresismo idílico, es una forma de quebrar al sistema. Se llega al punto de justificar graves delitos cometidos por supuestos jóvenes vulnerables o vulnerabilizados, diciendo que se trata de un mecanismo para redistribuir la riqueza en forma aislada, frente a un sistema de expoliación general. Es decir, el pibe chorro poeta sería un robin hood que hace justicia, pues en cada delito, realiza un acto revolucionario, como si fuera la épica de las organizaciones de los 60/70.

Estas ideas insólitas, y absurdas han sido muy bien parodiadas por el personaje Marcelo Fischbein, en el blog Los Trabajos Prácticos, más tarde compendiado en el libro Holy Fuck (edit Garrincha Club, pág. 342 y sgts): Dice este personaje inventado para hacer caer a los incautos:

“En las últimas semanas todos nos comprometemos con los derechos de la juventud armada del conurbano, pero nadie dijo nada de sus acciones que muchos celebramos en silencio pero no nos atrevemos a justificar en público. Y sin embargo un verdadero frente nacional y popular y de izquierda no puede ignorar que los llamados delincuentes son, hoy en día, quienes más están haciendo hoy en día por la argentina a favor de la redistribución de la riqueza. El derrame de millones de pesos obtenidos ilegalmente está siendo ahora objetivamente repartido por la acción hormiga de miles de pequeños estabilizadores que devuelven parte de esa riqueza a su estado natural. Aunque nadie lo diga todos sabemos que nuestros chorros del conurbano son el más claro exponente de lo que deberíamos entender como desobediencia civil… desobediencia civil es lo que hacen estos muchachos desesperados de La Matanza y San Fernando: forzar hasta el final las contradicciones del sistema y hacerlas visibles a toda la sociedad. La persona que roba no hace solo eso, también está llamado la atención sobre un sistema injusto que la aliena y destruye. Está pidiendo ayuda o procurándosela por mano propia… cada robo es un llamado a la placidez burguesa… Es por eso que la izquierda nacional tendría que hacer algo por (y con) la juventud en armas del conurbano… están solos, están desorganizados, cada uno por su lado. Si alguien pudiera juntarlos, eso sería una fiesta de rabia y de cojones, capaz de mover los cimientos de una sociedad… necesitan organización: están esperando que alguien los ayude a dotar su violencia natural de un contenido que los supere y le de significado… nos guste o no nos guste estos muchachos del conurbano, tristes y desahuciados, son las orgas de hoy, la verdadera descendencia de Montoneros y la JP… son ellos los que tienen los fierros, los que no tienen miedo, ni el más mínimo problema con estar fuera de sistema; los que ponen el cuerpo todos los días contra la hegemonía de las casas y autos de lujo. Desde que se apagó el entusiasmo piquetero, los “delincuentes” dirigen hoy la única campaña vigorosa y fresca de desestabilización… por eso no estaría de más, como en 1973, que se abrieran las cárceles y dejáramos salir a la cancha a los elementos más dinámicos y enérgicos de la sociedad, el antibiótico que tal vez pueda hacer algo con nuestras infecciones… Abran las cárceles, dejen salir al Ejercito popular…”

La construcción del discurso de Marcelo Fischbein en el cual muchos se reconocen, es una verdadera parodia, un hipérbaton fabricado con retazos discursivos del progresismo tradicional y de la izquierda bienpensante sobre los pibes chorros liberadores, y juega todo el tiempo el mito del “buen salvaje” romántico. Una provocación inteligente, pero canalla. Pues claro que el juego cínico-paródico; es marcadamente una forma de hacerle el juego a la derecha, inventando un discurso inverosímil como “cazabobos” (recordemos la jugada burlesca de Alan Sokal, remitiéndo un pastiche sobre el pos-Lacanismo, y ganando un premio entre los Lacanianos).

En el fondo, los autores están sugiriendo la inversión del mito del pibe chorro poeta-guerrillero, no solo para reírse de él; sino para demostrar el fracaso de las políticas de seguridad basadas en esa idea de los niños-adolescentes armados como buenos salvajes-inocentes, siempre piadosas, ingenuas y causantes de los más graves daños sociales a los vecinos de bien. 

Los autores son adeptos a la inversión del buen salvaje, para exponer el discurso de la seguridad: ley y orden, del que están convencidos. Cuando el mito del niño peronista-proletario está en crisis, entonces les da risa los estertores confusos de un niño delincuencial neo-montonero, para aparecer sugestivo el mito del (eliminable) niño terrorista.[3]

Lo importante para evitar y no caer en este tipo de juegos-trampa, es destruir los mitos progresistas sobre los pibes chorros épicos (en su versión pibes chorros poetas) y construir –en todo caso- un discurso serio, complejo, y no culposo, hipócrita sobre los pibes del conurbano que flotan a la deriva. Un discurso que al captar esa complejidad, no le haga el juego a la derecha criminológica, que por lisa y llana y adaptable a los medios dominantes; siempre es la que se consolida en el clamor popular.

2. Desde el punto de vista literario, aquellos textos que sugieren una metafísica compleja sobre la relación entre infancia, delincuencia y literatura son: San Genet, comediante y Martir de J.P.Sarte. G. Bataille (la parte maldita), a F. Nietzsche (Genealogía de la moral), pero también leer (sin troskismos) a M. Foucault (Vigilar y Castigar; el Poder Psiquiátrico, Los Anormales). También para pensar la relación entre poesía y delito: las biografías de A. Rimbaud (Starkie; Jamie james, etc); Los malditos (de Paul Verlaine). Los textos de Charles Dickens: Oliver Twist. Diario de un Ladrón, del mismo J. Genet. Más acá las novelas-cronica: Cuando me muera quiero que me toque cumbia (C. Alarcón) o Ciudad de Dios (Paulo Lins), son textos con complejidad, aunque por momento rozan el “buen salvaje” y la (falsa) épica de los pibes chorros.[4]

Para pensar la relación entre estado originario y devenir institucional de la infancia, hay que pensar una sociología de la interacción simbólica, lo más objetivada posible a la hora de describir las practicas de jóvenes vinculados al delito (los textos de Sergio Tonkonnof; o los de Gabriel Kessler son aparatos teórico-descriptivos que resultan más que interesantes, además de un cruce con la literatura).

Si asumimos que el pibe ingresa (al sistema institucional) inocente-vulnerable y sale tumba, decimos una verdad parcial, además de pueril. Ocultamos las complejidades (sin caer en el dilema inocente-culpable) con las que ingresa. Y, en todo caso, la capacidad de violencia latente que también porta, y en interacción etiquetante se actualiza. Ocultamos así la trama de responsabilización frente a un sistema que lo juzga, solo para denunciar al sistema; pues si miramos otra cosa, si dejamos de lado la permanente violencia estatal, salimos del mito de  tabula raza capturada y constantemente abusada.

La maquinaria de resistencia a priori no es nunca tabula raza. Todo pibe, todo adolescente es un cuerpo con capacidades perfomáticas más o menos introyectadas que chocan de lleno contra el aparato policial-judicial etiquetante. Los pibes ejercen o ponen en funcionamiento distintas estrategias de resistencia, pero por desigualdad intrínsica quedan o son fácilmente atrapados en esa madeja. De allí que las capacidades anteriores a ser captados sean las defensas con las que pueden contrarrestar (o no) al sistema (cada pibe es un mundo), y en esa interacción  potenciarse, redimirse a sí mismo o quedar neutralizadas (en algunos trabajos he realizado varios estudios de campo sobre este choque ante el sistema judicial, y las conclusiones a las que he arribado me demuestran que existen ciertos capitales anteriores, que se enmarcan incluso en circulación de violencia, que pueden servir como formas de empoderamiento para neutralizar la violencia institucional).

Los pibes chorros pueden hacer hip-hop, cantar cumbia villera, tantear poesías o escribir poesía en el encierro. Pero antes, muchas veces, necesitan manejar la lecto-escritura. La alfabetización la mayoría de las veces no existe (aun cuando algunos sigan soñando con pibes chorros poetas la mayoría tiene dificultades para comprensión de textos más básicos). También los déficits alimentarios y nutricionales. Recuperarse de consumos, y re-organizar necesidades. Entre ese aprendizaje intracarcelario, aprender a convivir y no dañar a sus pares. Ante este escenario, la poesía no es más que una fachada, una pintura externa para esconder otros problemas estructurales. De allí que la verdadera salida del laberinto (es casi siempre por arriba) más que la de convertirse en poeta (ese es el mito). Es la de potenciar los factores más básicos y rudimentarios que faciliten insumos para potenciar trayectorias inestables, que casi siempre dependerá de los vaivenes-encuentros alegres y no tristes con los adultos que gobiernan el engome (no suelen ser para nada poetas), y con los que puedan friccionar el transcurso de un encierro (hay lugares y lugares, maestros y celadores de todos los colores).

Las experiencias de escritura de poesía desde y dentro de la Villa, la creación poética marginal, pensada como “poética villera”: es más un invento de la exterioridad que del propio lugar. Un mito etnocentrista de los sectores medios ilustrados o progresistas. Experiencias como “Todo piola”, “La Garganta poderosa”, no son funcionales al mito del pibe chorro poeta, pues en los contenidos de esos registros se resalta la necesidad de evitar el delito. La idea del “rescate” a través de la potencia escrituraria está todo el tiempo como una forma de salir de la mala vida en el gueto. No hay en esas revistas, o al menos no lo percibo, una justificación de la violencia, ni su romantización como “poética del pibe chorro”. Por lo tanto la idea del pibe chorro poeta se me hace relativa, si el dispositivo literario y creativo es mediador en la instancia de contención de la reproducción de la violencia dentro de los espacios de los que nace-circula y es consumida.

Camilo Blajaquis (César González), constituye el depósito del Mito del pibe chorro poeta adquirido por externalidad. Este estigma es muy peligroso, y es una estrategia a la que el propio Cesar-Camilo debe desmarcarse para sobrevivir o construir su identidad. Etiqueta  que –por efecto bola de nieve- conlleva el riesgo de quedar atrapado, y no como sobrevivencia, sino como captura iconoclasta.[5] La irreverencia de Blajaquis no es la del delincuente desafiante con la poesía o cierta romántica (esa es la que les puede gustar a muchas chicas que lo persiguen en su blog, face y twitter). El desafío de Camilo, es construir una voz poética propia, que permita un lugar en un mundo cruel, donde los poetas son blancos, de clase media y alta, universitarios, etc. Es decir, si puede alguien como Camilo puede generar una ruptura que le permita a otros “Camilos” irrumpir en ese campo. Pues si se trata solo del único “Camilo”, entonces él sería un privilegiado con permiso a entrar en ese ámbito, y no otro. Los mecanismos consagratorios lo atraparían, hasta que aparezca un nuevo ídolo y lo desplace (recordemos a otro heterónimo-poeta consumido de esa manera en estos tiempos: Santiago Vega-Washington Cucurto).

La capacidad e inteligencia de Camilo es entonces su poesía; la que -en el futuro- determinará si es captado y aplastado por una maquinaria cultural que todo lo tritura, y odia a pibes como él, salvo que sean la excentricidad del momento, o un ícono cultural que se agota en él mismo. Pues en el fondo Camilo corre el riesgo de encarnar, ni más ni menos, que el falso Mito del Niño Criminal poeta, que todos los bienpensantes desean, para redimir su derrota revolucionaria. La culpa.

Lo cierto es que en mi experiencia como defensor juvenil, no he tenido la suerte de hallar dentro de cárceles o institutos de menores, a pibes con esa capacidad, creatividad e inteligencia que tiene Camilo Blajaquis (lo he invitado a escribir un libro a dúo, y no me ha contestado). Puede que no haya tenido la suerte, o puede que no haya visto bien, hay gente que me dice que hay muchos Camilos Blajaquis perdidos entre los márgenes o institucionalizados. O me han dicho que todos son Camilos Blajaquis en potencia. Pues yo los busco desenfrenado o los espero, y hace mucho quiero hacer ediciones de su poesía. Pero hasta ahora solo conocí a un Camilo, y algunos otros que son cercanos a él, pero su figura es tan fuerte que los deja un poco atrás. Seguramente me falta seguir buscando.

3. Por último, me interesaría introducir la cuestión de la capacidad poética de los pibes, la creatividad. Dos registros de experiencia puedo dar al respecto son: a) los talleres de creatividad artística dentro de los Institutos de Menores; b) la teatralidad y capacidad performática de los jóvenes ante la instancia policía-judicial-penitenciaria.

En lo que hace a talleres y recreación intra-carcelaria (literatura, pintura, teatro, fotografía, etc): la poética está todo el tiempo en los pibes, y se percibe como pulsión de vida, como estrategia de salir de un engome, o como forma sublimación o de adquirir herramientas e insumos para el afuera, que no tengan que ver con la reproducción de lazos violentos. Me ha tocado ser parte de esos talleres, y debo decir que la experiencia ha sido enriquecedora, para los pibes, pero para quien escribe.

En los procesos penales, policiales; he apreciado (y así lo percibo a diario) una capacidad performática de creer y “hacer creer” a los otros relatos que pueden no haber existido nunca, pero por la puesta en forma del mismo (verseo) adquieren cierto tono de “verosimilutid”. Esta capacidad de puesta en relato es también una auto-mentira (creerse la propia mentira a la larga) muchas veces tienen efectos altamente positivos para las subjetividades infractoras (pese a que los psicólogos insisten en la necesidad de responsabilizar con la “verdad” de lo ocurrido, y yo me peleo con ellos).

Lejos de pretender caer en el mito del pibe chorro poeta, todos los seres humanos en situaciones límite donde todo está en juego, en especial la libertad, ponemos en funcionamiento la capacidad de ficcionalidad, la máquina de contar historias. En este sentido, he podido apreciar ante mi asombro subjetividades precarias, sin los capitales más básicos que les mienten a los Fiscales y Jueces en forma descarada, y muchas veces -.por piedad o por creencia- éstos se terminan creyendo los relatos de los pibes a los que juzgan.

La potencia performática no implica ser un pibe chorro poeta. La potencia performática varía en cada sujeto, hay algunos que tienen mucha otros nada. Esto no es poesía.

4. Si bien el Mal o el Bien, son construcciones sociales. Construir un discurso serio y responsable sobre los pibes, es pensar en la fragilidad y vulnerabilidad de sus lazos; de modo de relativizar las axiologías fuertes-absolutas, para introducir resistencias sin épicas ni inocencias.

Aun cuando el Estado de derecho los presuma inocentes hasta que se demuestre lo contrario, en rigor sociológico, las maldades y bondades de los pibes chorros son anteriores a la captura institucional que seguramente, ante la situación que se encuentra el sistema institucional actual, profundizará un grado de maldad (como daño), es decir, el reciclado de la violencia institucional hacia fuera-adentro (dialéctica estatal que culmina en subjetividades arrasadas y en muertes o desapariciones). Sin embargo debe construirse una mirada con matices, que coloque el ojo en la necesidad de dar marca simbólica desde afuera para salir del circulo de la auto-violencia y el abuso externo; pero también apreciar la fricción de una máquina de guerra deseante que al ser capturada se pone a prueba y, también, puede descolocar a ese sistema que pretende disciplinar-y muchas veces desechar-exterminar. La tensión entre captura y resistencia a la captura es una lucha del cuerpo y la vida, una relación de poder desigual, pero posible, más no por ello poética.

Los pibes chorros poetas es una típica mitología Barthesiana, para alienar y divertir a los sectores progresistas, o quitarles culpa cuando esos mismos pibes son encerrados sistemáticamente o reclutados, o mueren a manos de escuadrones y gatillo fácil. Enmarcar esas muertes en un final trágico-épico es absolutamente canalla, como indolente y cómplice. Hay que evitar los discursos “fantasiosos” y negadores que vienen como anillo al dedo a un consumo editorial y a las corrientes de ley y orden.

Relatos fáciles, simplistas, y románticos, son un suelo propicio e imaginario ideal para mantener vigente un decreto-ley 22.278, que con la firma de Videla rige todavía el Sistema Penal Juvenil y la punibilidad-disposición tutelar. Una mirada sobre la responsabilización juvenil seria, exige desplazar los mitos y fantasías sobre “los buenos salvajes”, y quebrar de una vez por todas, los lugares comunes sobre los jóvenes y la delincuencia.

 La poesía. La poesía es otra cosa.

 26/3/2013


[1] Exposición realizada en la Biblioteca Nacional, el marco de las Jornadas Violencia y Cultura. Reflexiones contemporáneas sobre la Argentina Contemporánea: “Los Pibes Chorros”. Miércoles 27 de marzo de 2013.

[2] Julián Axat nació en La Plata en 1976. Es abogado y se desempeña como Defensor Oficial del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil de La Plata. Es docente de Derecho político en el Colegio Nacional de La Plata. Realizó la Maestría en Ciencias Sociales en la UNLP. Miembro investigador de PRISMA jurídico (San Pablo-Brasil). Ha publicado los siguientes libros: La Radicalidad de las formas jurídicas, Políticas de Terror, la Criminalización de la protesta (todos en coautoría), También artículos en distintos medios académicos. Su actividad literaria comprende los siguientes libros de poesía: Peso formidable (2004), servarios (2005), medium (2006), ylumynarya (2008) y Neo o el equipo forense de sí (2012); Musulmán o Biopoética (2013). En 2010 editó, la Antología Si Hamlet duda, le daremos muerte, que reúne a 52 poetas argentinos nacidos a partir de 1970. Actualmente, dirige la colección Los Detectives Salvajes, de la editorial Libros de la talita dorada.

[3]  Toda esta cuestión me lleva a Osvaldo Lamborghini, y a su cuento el Niño Proletario. La decadencia del niño proletario hijo del Estado de bienestar, desemboca en un abandono literal neoliberal de un proyecto de infancia: el niño desnudo desechable (nuda vida) del que habla el argentino Eduardo Bustelo Grafiggna; o bien en el niño terrorista, tal como lo sugiere en Los niños de Guantánamo, la periodista Michelle Shippard. El mito del pibe chorro poeta, es un invento social tan cercano o disparatado al imaginario analizado por la psicoanalista Marie Langer, al hablar del Mito del niño asado, con posterioridad a la proscripción del peronismo.

[4]  El asesinato del Frente Vital, y el mito que se construye en torno a su figura, es una crónica riesgosa. Es difícil encontrar casos de pibes chorros robin hood, la mayoría de los actuales roban dentro de la Villa y entre sí. Alarcón es consciente de este problema, del antes y el después de los pibes chorros como el Frente Vital, donde los códigos se diluyen. Su novela posterior: Si querés quereme tranza, muestra la defección de la violencia narco, y de los soldaditos de los narcos que reclutados matan por precio o por nada. La romántica deja de existir. Aunque los lectores progresistas sigan siendo seducidos por el mercado literario, y el viaje (mediado) a los bajo fondos y cierta épica de la vida marginal. 

[5] Debo aquí señalar que antes de que Camilo-Cesar edite su primer libro lo invité a hacerlo en la Colección Los detectives Salvajes (libros de la talita dorada) que dirijo, incluso lo incluí (con su permiso) en la Antología Si Hamlet Duda le daremos muerte (2010). Aunque Camilo-cesar, siempre muy agradecido y atento, estaba encaminado ya en otro proyecto editorial. El derrotero de “La venganza del cordero Atado” (2010), bajo la editorial Visor-Peña Lillo terminó siendo algo problemática, pues Camilo-Cesar accedió a un catálogo del que vio pocos libros, y de que como consecuencia del contrato abusivo de cesión de derechos, no vio ningún retorno monetario. La segunda edición de La vengaza… si bien instala a un autor ignorado-invisibilizado, dispone un lucro editorial alimentado en la publicidad del mito del pibe chorro poeta que la propia editorial montó. Algo que quizás sea injusto con la muy buena poética que el propio Camilo-.Cesar despliega. De allí que, los poemas posteriores editados por Tinta Limón, bajo el título “Crónica de una libertad condicional” (2011), ahora sí sean una salida-liberación de aquel marco editorial abusivo-opresivo, y en todo caso una estrategia para tener ejemplares a mano, y un retorno para su sobrevivencia como verdadero poeta que es (lo de pibe chorro es un invento de los medios de comunicación). El segundo libro, “Crónica…”, denota un trabajo mas complejo con el lenguaje, y una propuesta formal más ambiciosa.

Detrás de la venda (reescritura de un poema del Dr. Edgar Lee Masters)

ImageImage

Entonces ví a esa mujer que llevaba los ojos vendados

sobre gradas de un templo de mármol

Grandes multitudes que pasaban frente a ella alzando sus rostros implorantes

En su mano izquierda la balanza y en la derecha una espada que hería

a veces a un niño otras a un obrero un demente o fugitivo

pero solo se salvaban aquellos que arrojaban sobre la balanza monedas de oro

una toga negra leía en secreto un manuscrito el mecanismo seguro para arrojarlas

hasta que un joven salió de la multitud saltó a su lado y le arrancó la venda a la mujer

Entonces todos vieron los parpados viscosos pestañas carcomidas por el pus

y dos profundos pozos putrefactos y sin fondo por el que el joven proyectó

la llegada de otra mujer.

 J. Axat

La identidad de X

Dado que en 1995 sacar una partida de nacimientos salía 100$

la mamá de X no inscribe a X en el registro de las personas

la partida de X llega 3 años después con un plan de documentación gratis

y el documento del mismo X llega a los 8 años

llega sin rastros de su huella digito-pulgar

ese olvido burocrático es el dilema de X preso a los 15 años de edad 

no solo porque de entrada miente diciéndose llamarse Y de 16

sino porque en realidad cuando X devela que se trata de X de 15 y no de Y de 16

la mentira innecesaria indigna al más progresista de los jueces del lugar que dice:

sin la mentada huella en el DNI el supuesto X ahora podría ser V / U / I o L…

y una camada de burócratas encomendados por el juez más progresista del lugar

bucean toda la tarde en el registro de las personas tras las pistas de X

o de una huella dejada por X alguna vez a los 8 o a los 3 años

pero nada de nada sin rastros y el error indigna de nuevo al juez más progresista del lugar que culpa a la madre de X no creyendo nada de nada de nada sobre los 3 años

o sobre los 8 años  y de que X sea X con 15 años

y de que el registro de las personas pueda ser así

por eso X sigue preso en la duda imaginaria del juez más progresista del lugar que

lo insinúa V/ U/I o L 

WRIGHT OF CERTIORARI, SOSTIENE PEREYRA. Por Julián Axat

                                                                a S. M. Martinez y C. Elbert

Fuimos desalojados junto a 500 familias
Dos renglones de más
Rechazo invocando 280
Fuimos apropiados por supuestos adoptantes
Tres una sílaba de más
Rechazo invocando 280
Fuimos condenados a perpetua siendo niños
… Sin vocales de más
Rechazo invocando 280
Fuimos calcinados en una cárcel hacinada
Dos carillas escritas a mano por familiares
Rechazo invocando 280

Cinco cortesanos
toman té mientras reciben al nuevo

– ¿Conoce la mesa de Pereyra?”

En una mesa de roble hay un agujero
Está la marca del sello de Pereyra
El trabajo de una vida (le dicen al nuevo cortesano)
50 años colocando 280

Entonces el presidente llama a consenso

 
J. Axat