Cartas de Rodolfo Walsh, diez pistas. Por Julián Axat

Vicki-y-Rodolfo-Walsh

Time present and time past

are both perhaps present in time future,

and time future contained in time past.

T. S. Eliot, Four Quartets

Pista 1.

Hace un día que estoy en San Miguel de Tucumán. Vine a presentar un libro de poesía que recoge la escritura de José Carlos Coronel, “Aquello que no existe todavía”.[1] De nombre de guerra “Julián”, el “Negro” Coronel, se lo conoce como a un militante fascinado por la escritura de Cesar Vallejo, se presentaba levantando el brazo en alto y diciendo “poeta”. Proveniente de Tucumán, nacido en 1944, había estudiado derecho, partícipe de los procesos de radicalización en torno al Tucumanazo, activista cultural, nacionalista católico, ingresó a FAR, luego estuvo preso en Devoto desde 1970 a 1973 cuando fue amnistiado. Más tarde pasó a Montoneros donde fue asignado a distintas zonas de Buenos Aires.[2] Pero lo que aquí interesa no es tanto la historia de militancia de Coronel, sino el momento de su caída el 29 de septiembre de 1976 en capital federal. Las circunstancias son bien conocidas.

El libro que editamos y presentamos en Tucumán rescata los manuscritos y cuadernos que quedaron dando vueltas en manos de sus dos hijas Lucía y María Coronel. Junto a mi álter ego y poeta Juan Aiub, hace tiempo asumimos la tarea detectivesca de buscar y rescatar toda literatura a medio camino, todo fragmento del pasado que el terrorismo de estado se haya tragado de nuestros padres; el trato de tesoro generacional a estos manuscritos perdidos u olvidados es consecuente con el acto de justicia poética de revalorizar la palabra con el que soñamos rediseñar nuestras propias palabras o las del futuro. Pues tal vez –así lo creímos o ilusionamos- en un puñado de versos pueda residir el enigma de una fuerza extraordinaria, la potencia de un misterio generacional que aun no hallamos. Nuestro Aleph o nuestro santo grial…

Pero como decía, lo que me interesaba no era tanto Coronel, sino su evocación para evocar a otra figura. Hace poco menos de tres semanas recibí un llamado de la Facultad de Periodismo de la UNLP, en el que me pedían colaborar en una futura compilación sobre la figura de Rodolfo Walsh. No sabía qué escribir, ya estaba por rechazar el ofrecimiento cuando apareció el viaje a la tierra del poeta Coronel, entonces apareció Walsh. De esto trata lo que sigue a continuación.

 

Continuar leyendo:

Cartas de Rodolfo Walsh, diez pistas desde una búsqueda poética

 

 

HERMANATRIA – de María Ester Alonso Morales y Alejandra Szir

hermanatria

Edit. Pixel, 2020

(Reproducimos aquí el Prólogo de Hermanatria, escrito por Margarita Merbilhaa, y al final elegimos dos poemas)

PRÓLOGO

Dos poetas con una experiencia –en parte– común se entusiasman con reunir sus voces en un mismo libro. Ni antología, ni escritura a cuatro manos, ni acto
–poco frecuente entre quienes escriben, por cierto– de asociar dos escrituras (acaso más). El título invita a un territorio posible donde los poemas de cada una, escritos en soledad y que no dejan de estar delimitados, se hermanan, precisamente. El libro es una ocasión para proponer un espacio inventado, con una palabra nueva que recorta una geografía otra, lejos por supuesto de las fronteras geopolíticas conocidas, pero también de los ecos castrenses que pesan en el término “Patria”, de usos hoy lejanos (“Patria o Muerte”), de otros más recientes que se han empeñado en resignificar sus connotaciones intolerables. Pero la incomodidad persiste; Alejandra lanza un “Ni Patria ni Matria” y si en otros libros María Ester inventaba “Matria” juntando a su madre y a su tierra desde la
distancia, ahora el lugar de hijas late debajo de un término sin historia ni coordenadas previas, en el que se lee un deseo de exhibirse hacia algún colectivo, y que pueda dejar atrás –al menos por el tiempo de unos poemas– la soledad de la experiencia de ser hijas
de un desaparecido y un asesinado y la de la propia escritura. Decía antes que la iniciativa del libro nació en el entusiasmo y la alegría de encontrarse ya no en el testimonio sino en la poesía, que vuelve posible abrir múltiples modos de testificar la vida-sin. Porque desde los hechos que determinaron parte de quienes son (de quienes somos), ella nunca se cierra y se vive en presente.

Los poemas se escriben desde la vida-sin, a veces pese a ella, otras, contra ella. Las dos partes de este libro sugieren una multiplicidad de imágenes y palabras para decirla. Extraña paradoja: se la puede evo­car de una sola vez con palabras en nada vacías (represión, dictadura, crímenes de lesa humanidad) pero eso no alcanza. En la voz de Alejandra, antes eso era una suerte de mensaje encriptado, hasta que de golpe se descubría un recuerdo o una conversación con el padre ausente. En este libro persiste un afán de capturar con los ojos, colores y cosas fortuitas que se ofrecen, quizás impulsado por la convicción de que “dejarán de estar”. Pero ahora, en este país hecho a la medida de ambas poetas, parece más fácil dejar el pudor de abordar-pensar con la poesía uno de los núcleos más dolorosos en torno a la historia reciente, que son los juicios, por el modo en que traen aquí y ahora el terrorismo estatal y la presencia ominosa de los genocidas. María Ester nos pone de prepo en la vida-sin y en los hechos que la determinaron (el terrorismo de Estado). Nombra sin más la palabra “orfandad” y algo de lo que dice ocurre en el suceder mismo de todos los poemas del libro: “Cuando creo haberte perdido/aparecés de nuevo”. Confluir en Hermanatria la impulsa a arriesgarse en la intimidad del presente, a compartir aún más el corazón: el amor, sus hijos, el destierro. En ambas voces, ciertos poemas e incluso algunos versos retornan sobre la vida-sin; es algo así como un vaivén pero nunca igual, o una presencia latente en medio de notas impresiones surgidas de la vida diaria, del contacto con otros mundos, de mundos contralógicos, como las estrellas imaginadas de cinco puntas en el “minimundo” fabricado por el hijo niño. Hay un querer vivir esperando lo que venga a ofrecer el mundo (“Subo los Andes/para tocar el cielo/no tengo miedo/ mi hogar es el mundo entero”). Y una necesidad de ponerse a prueba, ante el sentirse “pajuerana” de Alejandra y que empieza por la pelea diaria de estar entre dos lenguas.

Estar en Hermanatria produce todo eso en cada una. A veces permite abandonar un antiguo pudor y exponer sin temor al odio, qué implica íntimamente pedir justicia
para los culpables de tantos crímenes contra militantes políticos que probablemente habían cometido delitos contra el código penal. Hermanatria ayuda a compartir las contradicciones entre el pasado militante de muchos padres y madres y el presente,
otro mundo (“tranquila, chiquita/todo está bien/ en tu mundo” dice no sin ironía una voz de madre). Se trata en cierto modo de la inversión de la doctrina de la lucha antisubversiva y de la teoría de los dos demonios y por ende, su refutación más radical: nuestros padres eran culpables de oponerse al sistema (en una variedad de frentes, mucho más amplia que la guerra de guerrillas). La persecución atroz y la destrucción de tantas vidas de militantes políticos, sindicales, revolucionarios, de sus amigos
y familiares agrava el accionar represivo, no lo justifica. La hermanatria hace posible tocar el grumo incómodo –una trampa– para invertir su lógica: precisamente porque quienes padecieron el genocidio eran opositores, los criminales deben ser juzgados y
condenados. Como una iluminación, esta convicción apareció en el juicio, y para que quede claro, está documentada en una nota garabateada allí mismo.

Vieja cuestión que en la hermanatria ha representado una carga a asumir desde la infancia en dictadura hasta la adolescencia en la transición democrática y luego, durante la exposición pública de los años de impunidad; asumirse tan culpables como los padres,
o una necesidad de contornar el tema, de no enfrentarlo directamente. Cuando acecha en sueños el imperativo de comparecer ante los tribunales, María Ester suelta una pregunta desesperada: sin haberlo conocido, “¿Acaso puedo defenderlo?”. Maria Ester Alonso Morales. Naturalmente, Hermanatria permite la ironía (trágica): una hija pensada en sueños como “de noble estirpe”; las estrellas de cinco puntas en el mundo del hijo (el nieto); la siempre inquietante identidad/identificación cuando la voz de un poema se asume “oponente/ pero peor era mi padre”. En el código de la hermanatria, “Mi historia” es un término usual; o “apropiarse”; también la “mochila” que no se puede soltar sino apenas alivianar. En Hermanatria se admite escribir los sentimientos, sin nombrarlos; encon trarlos como un río subterráneo que corre a pesar de todo. Y descubrir que aun en la singularidad de sus apariciones, la espera infinita y la soledad de la infancia, la nostalgia de lo que no se conoció (como en el poema de María Ester “Quedarme ahí”), la extranjería, el querer vivir (como en el último poema de Alejandra “vivir es político”), la impotencia ante mandatos enviados desde ningún lugar preciso, a
veces en Hermanatria son compartidos. Es un lugar donde compartir la vida -sin.

MARGARITA MERBILHAÁ
La Plata, Febrero de 2020

 

XXVIII.

Bernal
Este permanente
ir y venir
transitar
entre ruinas
avanzar
entre escombros
derribos
demoliciones
con mi mochila
de superviviente
y mi botellita de agua,
Berlín en la primavera
de 1945
Buenos Aires en el invierno
del 2020,
los campos de concentración
hoy son centros culturales
tengo pocas certezas
una de ellas es pisar
el lugar donde nací

(María Ester Alonso Morales)

 

ELINE VERE
El bosque atravesado
ciudad en trozos, ráfagas de autos
parejas, personas; personas y perros.
Sola
en el horario intermedio
entre el café y la cerveza
la gente regresando
los cuervos que miran sin esperar.
Viento de la costa.
El cansancio llega por fin
en el momento en que el semáforo
permanece rojo.
El terreno verde entre el bosque y la ciudad
la calle de restaurantes
el shopping center vacío
excepto por un adicto pidiendo limosna.
Las casas de los ricos
el primer piso está tapado
el segundo tiene las luces prendidas
y se ven arañas extraordinarias
paredes rojas y antigüedades.
Todo bello y horrible
la ciudad pretende
como un bosque domesticado.

(Alejandra Szir)

LOS HIJOS Y LA TIERRA DE LOS PADRES (film completo)

Película “Tierra de los Padres”, la que puede ser resumida desde el poema FATHERLAND del propio cineasta y escritor Nicolás Prividera:

Fatherland

La tierra es de quienes descansan
en ella. Los dueños
de la tierra. Y la Recoleta (por donde
camino de tarde en tarde, buscando la paz
de los cementerios) es
la pequeña patria
dentro de la Patria. Ahí está el linaje
de los vencedores. Tener
sus nombres (que la ciudad repite
en su calles) en el mármol
no alcanza: por eso
los panteones, las estatuas, los honores. Tan
dueños del espacio como del tiempo.
Ubicuos y eternos. Los otros
(los desclasados, los vencidos, los olvidados)
se han ido, se irán, por el río. Innominados,
sin otra tumba que ese laberinto
de agua (“estas, que son perlas, fueron
sus ojos”), devueltos
a la nada de la que nunca deberían… ¿Quién
los recordará cuando también nosotros
nos hayamos convertido en agua,
aire, tierra, fuego?

(Véase Libro de Nicolás Prividera “Restos de Restos”: https://elniniorizoma.files.wordpress.com/2019/09/prividera_interior_3-1.pdf )

FILM COMPLETO (en el minuto 1.15, aparezco leyendo al poeta Carlos Aiub en la tumba de Ramón Falcón)

 

 

 

Escritos de Jorge Caravelos

jorge caravelos

(foto de prontuario policial, publicado en diario 1970, buscado por la policía)

 

1.

Tres veces: ¿Cuántas veces?

Tres montañas, graciosas bailarinas, me sonríen desde lejos.

Mírame roca, dime: cual hermana es las mas bella?

Y respondan con un soplo: -Llévame lejos, hombre, y te lo diré.

-Por que quieres huir del paraíso

-Por que sufro, hombre, por que sufro.

-Llévate entonces un ramo de esas flores y partamos

-Partir…

Suave es el camino, dulce el sol, leves son las rosas, tibio es el amor.

Por que partir?

 

2.

Que es lo que me tiene tan quieto,

por que no vibran las ideas que hay debajo de mi mente

Por que no busco si no encuentro

Tantas veces he ido a la avenida siempre llevo las manos cargadas de ilusiones

Tengo miedo de que caigan los aromos

Me lastima ver en llamas el silencio

Necesito el solo de figuras, inmortales, incorpóreas, impalpables, suaves, blancas, llenas de misterio, que me ayuden y levanten mi mano y mis ojos hacia el cielo.

Tengo un libro que habla de misterios, de rebelde y sutiles y… muy poco.

Deslizarse en la nieve como el aire.

Levantarse y gritar

 

3.

Lo de hoy me demuestra que los libros hay que saber leerlos. Atención, buena memoria y controlar los nervios. ¡A cuantos desastres me condujo olvidarme que la mujer -siempre- simula ser complicada para no descubrir su infinita fragilidad! Por eso se protege detrás de esa coraza mezcla de miedo, sonrisas y coqueteos que denominamos con los benevolentes nombres de encanto, fascinación, sugestión… Romper esa coraza de un golpe es la forma mas eficaz de quedarse sin nada. Y eso cuando es posible romperla. Por que si en algo pueden confiar todavía las mujeres es en la infatigable vanidad de los hombres y en esto, la garantía de privilegio que tan a costa de nuestros arrestos han conseguido. Invirtiendo la fórmula de Hart, se puede afirmar que en el amor, como en la guerra, el camino que mas rápidamente conduce a la victoria no es el mas corto y directo, si no aquel que por espinoso e impracticable, encierra la seguridad de golpear por sorpresa, allí donde menos se van a esperar, donde el dispositivo es mas débil, donde están las grietas.

Nervios fuertes y paciencia. Nunca empeñar las propias fuerzas en un combate decisivo. Paciencia: el enemigo acabará poniendo en el campo de batalla la flor y nata  de un ejército desmoralizado, planteando un combate decisivo para él. Y tal vez si aún así convenga atacar, por aquello de la superioridad moral del defensor sobre el atacante. Paciencia, ya la fanfarria no tendrá mas aliento y los brillantes entorchados después de un rato hacen sentir su peso inútil. Amén.

 

4.

 

Lucía Martinez

Umbría de seda roja

 

Tus muslos como la tarde van de la luz a la sombra

Los azabaches recónditos oscurecen tus magnolias

 

Aquí estoy, Lucía Martinez-

Vengo a consumir tu boca

y arrastrarte del cabello en madrugada de conchas.

 

Porque quiero, y por que puedo

Umbría de seda roja.

 

5.

Tw, 27/1/78

Mi amor chiquito;

Mi amor grande:

 

                            Las extraño mas de lo que creen, las necesito mucho, mucho, mucho.

                            Me demoré mas de lo que tenía previsto por cuestiones de trabajo y de las otras (averiguando por la casa)

                            Los días que tocaron hasta hoy fueron muy malos; el de hoy fue precioso hasta hace un rato en que se nubló completamente y empezó a soplar un viento que casi me arranca de la ruta.

                            Espero que hayan encontrado a los pescados vivitos, coleando y contentos de verlas otra vez.

                            No se enojen mucho conmigo; el lunes llego con regalitos para las dos y muchas ganas de abrazarlas y besarlas.

                            Besotes grandes.-

 

Estos textos me los pasó alguna vez la hija de Jorge, Sofía Caravelos, y pertenecen a su archivo personal. Dejo aquí una nota que publiqué en el diario pag/ 12 sobre la historia de Jorge Caravelos: https://www.pagina12.com.ar/58654-sofia-o-la-lucha-por-la-memoria

 

 

LOS CUERPOS DÓCILES – PELÍCULA COMPLETA

En el capítulo “Disciplina” de Vigilar y castigar , Michel Foucault explica qué es un cuerpo dócil: aquel que es sometido, utilizado y transformado con fines coercitivos. La alusión explícita en el título de la película de Diego Gachassin y Matías Sacarvaci es la excusa para que el documental hable sobre la justicia del conurbano, sus miserias, sus espacios y hostilidades, pero también sus guiños. El film que logra planos en audiencias en vivo, conversaciones “reales” entre funcionarios, murmullos, pactos y estrategias que el abogado defensor Alfredo Gacría Kalb sabe aprovechar para lucir su personaje y trayectoria de vida. Una película imperdible:

POETAS DEL CIELO

gagarin

 

la ofensa

 

a Juan Forn

 

Cuenta Evgueni Evtushenko

que el cosmonauta Yuri Gagarin nunca ofendía a nadie

y siempre procuraba borrar cualquier ofensa

de sus extensos pronunciamientos públicos

 

Un día leyó un discurso en una conferencia de jóvenes escritores

en el que se criticaba a cierto poeta en desgracia que se jactaba

de no comprender el origen de la electricidad y el universo

 

Y mas tarde alguien le preguntó

– ¿porqué le pide cuentas al poeta?

pues Pushkin ya decía que la Poesía debía ser algo tonta…

 

Pero la situación de los escritores en desgracia podía a Gagarín…

y con algo de culpa llamó por teléfono al desdichado poeta

invitándolo al programa La Ciudad de las Estrellas   (a la fiesta de los cosmonautas

cuyo máximo anfitrión era el primero hombre ruso en el espacio)

 

Llegado el día del encuentro

Gagarín se sentó junto a uno de los Directores

y mientras sonaba el concierto previo a la lectura

se podía vislumbrar al poeta entre bambalinas

iba y venía murmurando

nervioso y desmelenado

estrujaba las hojas garabateadas de sus poemas

los poemas que iba a leer esa noche en vivo y en directo para toda Rusia

 

Pero el Director se percató de la escena

-¿Qué hace éste ahí?

– Le hemos invitado a recitar – respondió Gagarín

– ¿Y quién ha dado el permiso? – interrogó el Director

– Yo – respondió Gagarin

 

El Director fue a la parte posterior al escenario

exhibió su carnet rojo del partido

y el presentador a punto de anunciar al poeta para toda Rusia

tuvo que acatar la orden de la burocracia

 

El poeta nervioso

a punto de salir al escenario

fue comunicado de la anulación

entonces palideció ante la ofensa / y

humillado

descolgó su capa del perchero

tomó su gorra lanzándose a la calle bajo una lluvia torrencial

se sentó al volante de su viejo Moskvich

y arrancó a toda velocidad

 

Gagarín se había lanzado tras el poeta

Y no llegó a tiempo

– “encontradle! Encontradle donde sea! No se le puede dejar solo!” –

gritó a los jóvenes cosmonautas que partieron tras el poeta en otro coche

 

Poco después lo encontraron

yacía en los vestuarios de la Casa de Escritores

bebía torpemente Vodka en vasitos de plástico

estrujaba convulso las hojas garabateadas de los poemas

los que iba a leer ante miles de televidentes de toda Rusia

 

Entonces los jóvenes consmonautas vieron azorados

el rostro del poeta en desgracia

lloraba desconsoladamente

como un niño

 

Marzo/2020