LA TOMA Y LA DACA

LA TOMA Y LA DACA

a Melina López, en memoria

Los porteños quieren una ciudad cada vez más bella
Dos ministros de seguridad se dan la mano y al otro día vuelven a putearse
Treinta familias duermen entre las vallas a la espera de una vivienda digna
Un fiscal pide hacer inteligencia sobre tres pibes que tiran un carro y salen de las vallas
Treinta familias que quedaron hacen sus necesidades en un pozo cavado por la policía
Ahora alguien pide desalojo del grupo de narcos que ayudó en el desalojo
Predio vacío el operativo considerado un éxito
Desalojo balas goma y detenidos sábado por la mañana
Acuerdo pero un grupo de narcos colabora con la inteligencia
Idas y vueltas jueces y policías se pasan facturas la adolescente muerta es costo alto
Disparo de un arma en la noche es asesinada una adolescente de18 años que caminaba con su novio
Seis meses antes se produce la toma de un predio
Los porteños quieren una ciudad cada vez más bella

LA MARCA DE LA INFAMIA – ALGUNAS HIPÓTESIS SOBRE ADELINA DEMATTI DE ALAYE

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LA MARCA DE LA INFAMIA – ALGUNAS HIPÓTESIS SOBRE ADELINA DEMATTI DE ALAYE (TEXTO LEÍDO EN LA PRESENTACIÓN EL 29/8/2014 – Rectorado de la UNLP)

Siempre nos preguntaremos lo que él ha podido quemar, en ese mal de archivo. Siempre nos preguntaremos, compartiendo con compasión ese mal de archivo, lo que ha podido arder de sus pasiones secretas, de su correspondencia o de su «vida». Arder sin él, sin resto y sin saber. Sin respuesta posible, espectral o no, más acá o más allá de una supresión, sobre el otro borde de la represión, la originaria o la secundaria, sin un nombre, sin el menor síntoma, y sin ni siquiera una ceniza.

Jacques Derrida

1. Adelina es una profecía que se cumple, una mujer-madre-abuela-luchadora-maestra-docente-militante-fotógrafa-exiliada-honoris causa del titanismo por la memoria, la verdad y la justicia. Adelina revela. En el mismo momento que secuestran a su hijo Carlos, pasaba al exilio interior, pero también se jubilaba. Todo en 1977. Año bisagra en la vida de Adelina. En biografía formal de Adelina aparece la palabra “inspectora” de escuela –cargo con el que se jubiló–. Los que inspeccionan, constatan, y están hechos de una madera especial para lidiar con las burocracias. Nadie engaña a un detective de burocracias, pues sabe que las mismas se conforman de sellos, copias, mecanografiados, ficheros, folios, originales, libros; solo hay que rescatar esas piezas de la que se compone un lenguaje, que revela. Desde la desaparición de Carlos, Adelina aprovecha las distracciones de los empleados del cementerio, de los esbirros de las morgues, de los cuchicheos de los jueces.

2. La profecía-y la revelación es el encuentro de apariencias casual: Adelina va a los archivos de la burocracia terrorista y logra recuperar elementos para “armar su propio archivo. Una fotocopia es pieza-pista de algo más grande, conduce a los 30.000 cuerpos que no están, al cuerpo de su hijo Carlos que no está. Adelina busca 23 libros robados de la Morgue de la Plata, hasta dar con uno de ellos y así poner un funcionamiento una máquina hermenéutica sobre todo lo que dice. Adelina va a comprar el diario todas las mañanas y alguien le refiere que un fabricante de féretros quiere hablar con ella, entonces lo convence que declare ante la justicia. Adelina consigue el testimonio de un médico platense que estuvo presente en la (falsa) autopsia de Jorge Rubinstein, apoderado de Graiver. La historia le envía mensajes.

3. El libro de la Morgue de La Plata se coteja con milimétrica paciencia, con diarios y testimonios cada firma, cada raya, cada trazo, cada hoja; es un monstruo semiológico a decostruir, un mapa secreto del Mal que va conduciendo al verdadero destino de su hijo Carlos oculto en la trama del signo. Porque Adelina no lee, relee la historia en clave de un destino que –al final- le revela el misterio. Esa es la profecía de una madre que con el ejemplo, la fortaleza de su búsqueda, abre la esperanza de volver a cargar a su hijo entre los brazos.

4. El libro La Marca de la Infamia, es mucho más que un libro de historia, es la biografía de una búsqueda. Es el mejor libro que se haya escrito en este país, sobre la banalidad del mal. El rigor metodológico es abrumador: para desenmascarar el procedimiento de complicidad policial-médica que legaliza la muerte y escamotea las identidades en la solución final, hay que exponer la cadena de montaje fragmentada de certificación, para ocultar la tortura, el asesinato, la farsa del “enfrentamiento” y legalizar el destino del cadáver un osario, o en una tumba NN. La corporación médica platense instalada dentro de la policía bonaerense y en la Morgue local, ha perdido cualquier tipo de resistencia, es absolutamente partícipe al horror; ha cedido, ha realizado un pacto tácito: en cada cadáver no es representada la crueldad tal como el método hipocrático exige: ver el cuerpo, describirlo en todas sus circunstancias, con precisión.

5. La hermenéutica de Adelina, es develar el plan, la cadena de médicos en una línea de montaje que se reparten la tarea de escamotear la tortura del cuerpo desaparecido previa al “falso enfrentamiento”. El primer policía-médico va a la escena de los hechos y solo ve la bala en la masa encefálica; nada de suplicio anterior, nada de marcas del campo de concentración. No vio el momento del enfrentamiento, no vio nombres, no vio nada de nada. El segundo policía-médico recibe el cuerpo con la constatación del policía médico-anterior, y emite certificado de defunción con causa en la bala. El tercero no hace la autopsia, pues la bala en un cráneo supone evidente la causa de la muerte. El cuarto lo entrega al cementerio y llena un libro (hay que dejar constancia), al sepulturero y así… El que fabrica los cajones sospecha pero no hace preguntas. El registro de las personas, no toma intervención. La policía coloca numeritos en los cajones, y la justicia ni se mete. Lo que queda es una tumba NN, o el cuerpo en un osario. El resto es una cadena de legalización de la desaparición que no pegunta, hace silencio, solo hace su trabajo fragmentado, parcelado. De la misma manera en que el fordismo ensambla un automóvil sobre la línea de montaje, se legaliza el ocultamiento de los cuerpos. Todos son responsables por haber puesto, al menos una tuerca en el producto. Todos, esto le obsesiona a Adelina, por ser piezas profesionales de la máquina que ensambla un ocultamiento preciso, son autores del exterminio y la impunidad consecuente. En las marcas que deja esta a la postre cadena, está la prueba.

6. El libro La Marca de la infamia debería ser un libro obligatorio en las facultades de medicina, un manual para la ética medica frente a las masacres y genocidios; siempre propicias a taylorizar los pasos para certificar el asesinato, y así diluir responsabilidades: quien ve el cadáver en la escena de los hechos, no es quien debe autopsiar, quien certifica la muerte no es quien ve el cadáver ni quien lo entrega para el entierro, y quien sepulta nada sabe desde dónde viene: nadie pregunta sobre el paso anterior, nadie sabe ni nadie escucha, solo se cumple un paso administrativo banal asignado en una cadena montada para la muerte: “destrucción de masa encefálica por proyectil de arma de fuego”. Con esta frase, con esta etiqueta, todo viene de afuera. Nadie es responsable en este fordismo según la defensa de Eichmann en Jerusalén. De Thomas, Brolese, Langone, Perez Albizu, Vitali, etc. Todos ellos son Eichmann. Todos ellos cuando fueron citados a declarar en los juicios por la verdad, alegan un lugar administrativo banal, la mera certificación de un dato que se supone evidente, pero que oculta otros. El ocultamiento médico, es una representación falsa, un doble fantasma de los hechos detrás del supuesto enfrentamiento, los hechos: la tortura, el ensañamiento, la eliminación. El documento falso, el último eslabón de la cadena o circuito de la muerta encubierta: “destrucción de masa encefálica por proyectil de arma de fuego”

7. Primo Levi y Hanna Arendt, sustentaron la acción ética de las cadenas burocráticas profesionales que tomaban distancia de la fragmentación banal de sus actos: médicos, abogados, ingenieros, muchos de ellos mostraron que la obediencia debida se produce por idiotismo moral. El profesional cómplice, que silencia, es un omitente activo: hace por omitir contar. Algunos médicos de la Morgue judicial de CABA se opusieron, tal como cuenta Sarrabayouse de Oliveira en su libro. Los policías médicos de la Morgue platense, participaron activamente de la masacre, falseando, omitiendo, participando, escondiendo la cabeza, encubriendo, y conservando su rol durante la democracia en lugares de buena posición social. La corporación médica universitaria y la colegiatura les dió amparo. Adelina desenterró sus rostros, sus nombres, Adelina buscó cielo y tierra los trazos de cada una de sus firmas los asesinatos que ellos cometieron desde sus escritorios. No hay crimen perfecto ante una Madre que busca justicia, memoria y reparación.

8. Una vez, luego de un acto, recuerdo que tomé una foto en el Colegio Nacional de ella jugando en el patio con chicos de 12 y 13 años. Era una más. En los ojos de Adelina, bulle el vitalismo de una estrella temprana. Hidalguía de una madre que no conoce de fatigas, avanza Madre para cauterizar los ríos de sangre derramados por los heraldos negros, por los asesinos imperceptibles de escritorios. Ella está en todos lados, en cada homenaje, en cada encuentro de derechos humanos. La amiga de Cortazar, la caminante de Paris; la abuela madrina de Chivilcoy, la eterna abuela de sus nietos militantes: Florencia, Julián, Juan Cruz y Emiliano.

9. Pero no hay un Sherlock, sin un Watson; un Quijote sin su Sancho; ahí aparecen en escena el Dr. Ricardo Alberto Martínez, y Karen Wittenstein. El rigor y tesón de estos acompañantes es lo que hace del libro La Marca de la Infamia, un libro imprescindible para la historia de este país. Un dato preciso que solo un médico de la talla de Ricardo podría haber develado: “El doble estándar” de los policías médicos certificadores. Mientras que cualquier cuerpo que ingresaba a la morgue cuya causa de muerte era ajena al proceso represivo, entonces los médicos cumplían con el estándar forense de precisar los signos tanáticos. Mientras que el cuerpo ingresaba a la morgue con una causa vinculada al exterminio, sistemáticamente comenzaba la limitación del lenguaje.

10. Sabemos los poetas que el silencio, en determinadas circunstancias, también oculta-encubre a la maldad, allí donde todos callan, “Hay cadáveres”, diría Néstor Perlonguer. Hay que decir. Esa es la exigencia ética que ninguno de los policías-médicos de la morgue del cementerio de LP cumplió, esa es la llave de su responsabilidad objetiva, del dominio de los hechos.

11. “Los que olvidan releer, se obligan a leer en todas partes la misma historia” dice Roland Barthes citado por Adelina. Los obsesivos con la historia, los buscadores desenfrenados de memoria y justicia son como un disco rayado; así van por el mundo, repitiendo una y otra vez, de manera incansable las mismas ideas: en todos lados está la misma historia. Adelina, sale a buscar, lo que intuye que va a encontrar, y así es su revelación, un encuentro que no es fortuito. De 23 libros de la Morgue, encontró el que correspondía. Encontró las firmas de un grupo de burócratas que, mas que demonios, no son más que un conjunto de buenos padres de familia platense (ya abuelos o seniles), que cargan con la responsabilidad de haber sido parte –consciente- de la línea de montaje de la desaparición, tortura y ejecución sumaria de miles de personas. “Los que olvidan releer, se obligan a leer en todas partes la misma historia”. Adelina relee la historia, le pasa el cepillo a contrapelo, y encuentra. La Marca de la infancia es un alegato judicial, médico, antropológico, que se autoabastece para llevar a juicio a la corporación policial-médica. Me atrevo a decir que la prueba que colecta y que relaciona en su compleja hermenéutica, tiene los suficientes elementos ara llevar a la condena del grupo de ejecutores médicos, administrativos y sepultureros que actuaron como burocracia encubridora de la tortura y la desaparición para dotarla de lugar NN.

12. Pero la historia que cuenta Adelina, lo terrible de la historia es su secuencia en el tiempo, su recomposición democrática. Las Morgues han sido agujeros negros lugares de absoluta discrecionalidad. El caso de la policía bonaerense es hoy preocupante, pues los médicos de policía y las Morgues actuales suelen ser lugares-zonas de nadie, donde muy pocos se atreven o saben a ciencia cierta qué conservan, como también aquello que ingresa o sale; pero también quién es el médico forense, cómo se evalúa una autopsia, quién es el que dictamina y hasta cómo se certifica. El poder de discrecionalidad tanatológico-policial dentro de una Morgue bonaerense, es directamente proporcional a la incapacidad histórica del poder judicial de la provincia de buenos aires de querer ingresar, intervenir y saber qué pasa-ocurre en su interior. Los dictámenes no se discuten, se reproducen literalmente en los juicios orales. La policía sabe y habla sobre los cuerpos. La ausencia de una política de transparencia, de democratización de las policías forenses, la necesidad de una policía judicial dotada de funciones tanatológico-forenses, es la clave para romper con la matriz cultural de la vieja Morgue policial, atada a los resabios del terror.

13. La marca de la infamia es la escritura infame de una concepción de Estado. Son los rastros de las palabras en las cosas. Los artefactos que deja la burocracia, aun cuando sea una máquina de matar, siempre Weberiana por naturaleza, su racionalidad es la de asegurar de dejar copias y que tengan sellos para la posteridad; esa manía kafkiana de dejar un número para clasificar. El Estado terrorista aun cuando tenga deseo de ocultar, su argamasa deja huellas, deja los dedos pegados en la “solución final” que dispone. Los ejecutores inmediatos y mediatos, dejan el olor del pasado en sus dedos marcando el camino de las víctimas buscadoras para la posteridad; esa es su infamia, y eso es lo que subestimaron.

14. La existencia de Adelina es la de las Madres hacedoras, paridoras de nuevo de sus hijos. Ella ha escrito un libro basado en la certeza de la búsqueda y la verdad de lo ínfimo, que esconde lo grande. “En el detalle está Dios”, decía Loyola. Adelina escarba el detalle y da con el destino escamoteado de su hijo, el de los compañeros, da con Dios. Al revisar el archivo (su archivo) nos trae la prueba. La prueba es la representación de lo ocurrido, no como reflejo exacto, sino como reconstrucción que revela, que abre, que interroga, que interpela al Mal radical escondido en las palabras, en nombres, en costumbres y practicas paraestatales.

15. El Mal radical solo se neutraliza con la ternura de una madre que, sin venganza, da el ejemplo con inteligencia, desenfreno y pasión. Adelina nos abraza a todos, y nos marca el camino limpio, sin infamia.

PARA ACCEDER AL LIBRO COMPLETO EN PDF AQUÍ: http://www.infojus.gob.ar/docs-f/ediciones/libros/marca%20infamia.pdf

RELATOS CIVILIZADOS

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a Damián Zifrón

Ir a ver una película aclamada
Y que te endulce el oído
Te reconfirme que sos la clase media
Que sos bienpensante que se ríe de su lugar
Que todo es consenso de Palermo Soho
Que debés comer pochoclos
Y que Darín es siempre Darín
Y Oscar Martinez el psicoanalista de calle corrientes
Y aplaudir al final del acto cuando se acaben los pochoclos
Y te sientas más porteño que nunca
más progre todavía

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