Sobre cómo se viste la toga. Por Julián Axat

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Toga romana

elíptica y media

cinco metros de largo por tres de ancho

color blanco toque o pisca en el vestir

consiste en pasar una tercera parte de la misma

por la parte delantera izquierda y

enganchada en la espalda subir la otra punta

hasta que llegue al cuello y soltarse en el aire

y quedar sin aire atrapada por otra Toga la candida

típica de los aspirantes a cargos publicos cual Voltaire

en colores marmoreos son los labios del decir de

la Toga praetexta llevada a una franja purpura en todo su borde

para los sacerdotes y altos funcionarios para esconder

bien debajo

a los jovenes que quieren ser libres y

enfundados en su Toga virilis

se abren a la Toga purpúrea

bordada en oro africano para emperadores 

que escupen sobre las Togas sórdidas envueltas de reos

en espejo al verdugo

pues en el fondo

toda Toga ha sido tejida

en señal de respeto a la muerte.

 

 

Manual para la vigilancia del desarrollo infantil de la OMC

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Al igual que el Manual de Erasmo de Rotterdam, el que ya subimos a este blog: https://elniniorizoma.wordpress.com/2012/01/16/de-la-urbanidad-en-las-maneras-de-los-ninos-de-erasmo-de-rotterdam/
ahora subimos otro que viaja más atrás en la vida de los niños; es el moderno “Manual para la vigilancia del desarrollo infantil” pergeñado por supuestos sanitaristas del neoliberalismo para que su niño crezca “normal”. Todo un dispositivo del bio-poder. Aquí se puede acceder: http://www.bvsde.paho.org/texcom/aiepi/si-desarrollo1.pdf
 
 

Vehículos. Poema de Julián Axat

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De doce mil quinientos es la planta de “vehículos” 
oscuros vidrios polarizados alta gama cuero y 
accesorio chofer para llevar y traer a domicilio 
primera segunda tercera línea nomenclatura bonaerense 
de la casa al trabajo del trabajo a la casa 
pero tres son los pintados de naranja para “traslado” 
de centro a periferia mas nunca de periferia a centro 
o alfombra gris se esconde es… 
coria 
aun cuando se rumorea que este fin de semana 
no habrá vales de nafta 
para aislarlos en una comunidad
 
J.A

El niño proletario – Osvaldo Lamborghini, 1973

 

 

Desde que empieza a dar sus primeros pasos en la vida, el niño proletario sufre las consecuencias de pertenecer a la clase explotada. Nace en una pieza que se cae a pedazos, generalmente con una inmensa herencia alcohólica en la sangre. Mientras la autora de sus días lo echa al mundo, asistida por una curandera vieja y reviciosa, el padre, el autor, entre vómitos que apagan los gemidos lícitos de la parturienta, se emborracha con un vino más denso que la mugre de su miseria.
Me congratulo por eso de no ser obrero, de no haber nacido en un hogar proletario.
El padre borracho y siempre al borde de la desocupación, le pega a su niño con una cadena de pegar, y cuando le habla es sólo para inculcarle ideas asesinas. Desde niño el niño proletario trabaja, saltando de tranvía en tranvía para vender sus periódicos. En la escuela, que nunca termina, es diariamente humillado por sus compañeros ricos. En su hogar, ese antro repulsivo, asiste a la prostitución de su madre, que se deja trincar por los comerciantes del barrio para conservar el fiado.
En mi escuela teníamos a uno, a un niño proletario.
Stroppani era su nombre, pero la maestra de inferior se lo había cambiado por el de ¡Estropeado! A rodillazos llevaba a la Dirección a ¡Estropeado! cada vez que, filtrado por el hambre, ¡Estropeado! no acertaba a entender sus explicaciones. Nosotros nos divertíamos en grande.
Evidentemente, la sociedad burguesa, se complace en torturar al nino proletario, esa baba, esa larva criada en medio de la idiotez y del terror.
Con el correr de los años el niño proletario se convierte en hombre proletario y vale menos que una cosa. Contrae sífilis y, enseguida que la contrae, siente el irresistible impulso de casarse para perpetuar la enfermedad a través de las generaciones. Como la única herencia que puede dejar es la de sus chancros jamás se abstiene de dejarla. Hace cuantas veces puede la bestia de dos espaldas con su esposa ilícita, y así, gracias a una alquimia que aún no puedo llegar a entender (o que tal vez nunca llegaré a entender), su semen se convierte en venéreos niños proletarios. De esa manera se cierra el círculo, exasperadamente se completa.

¡Estropeado!, con su pantaloncito sostenido por un solo tirador de trapo y los periódicos bajo el brazo, venía sin vernos caminando hacia nosotros, tres niños burgueses: Esteban, Gustavo, yo.
La execración de los obreros también nosotros la llevamos en la sangre.
Gustavo adelantó la rueda de su bicicleta azul y así ocupó toda la vereda. ¡Estropeado! hubo de parar y nos miró con ojos azorados, inquiriendo con la mirada a qué nueva humillación debía someterse. Nosotros tampoco lo sabíamos aún pero empezamos por incendiarle los periódicos y arrancarle las monedas ganadas del fondo destrozado de sus bolsillos. ¡Estropeado! nos miraba inquiriendo con la cara blanca de terror
oh por ese color blanco de terror en las caras odiadas, en las fachas obreras más odiadas, por verlo aparecer sin desaparición nosotros hubiéramos donado nuestros palacios multicolores, la atmósfera que nos envolvía de dorado color.
A empujones y patadas zambullimos a ¡Estropeado! en el fondo de una zanja de agua escasa. Chapoteaba de bruces ahí, con la cara manchada de barro, y. Nuestro delirio iba en aumento. La cara de Gustavo aparecía contraída por un espasmo de agónico placer. Esteban alcanzó un pedazo cortante de vidrio triangular. Los tres nos zambullimos en la zanja. Gustavo, con el brazo que le terminaba en un vidrio triangular en alto, se aproximó a ¡Estropeado!, y lo miró. Yo me aferraba a mis testículos por miedo a mi propio placer, temeroso de mi propio ululante, agónico placer. Gustavo le tajeó la cara al niño proletario de arriba hacia abajo y después ahondó lateralmente los labios de la herida. Esteban y yo ululábamos. Gustavo se sostenía el brazo del vidrio con la otra mano para aumentar la fuerza de la incisión.
No desfallecer, Gustavo, no desfallecer.
Nosotros quisiéramos morir así, cuando el goce y la venganza se penetran y llegan a su culminación.
Porque el goce llama al goce, llama a la venganza, llama a la culminación.
Porque Gustavo parecía, al sol, exhibir una espada espejeante con destellos que también a nosotros venían a herirnos en los ojos y en los órganos del goce.
Porque el goce ya estaba decretado ahí, por decreto, en ese pantaloncito sostenido por un solo tirador de trapo gris, mugriento y desflecado.
Esteban se lo arrancó y quedaron al aire las nalgas sin calzoncillos, amargamente desnutridas del niño proletario. El goce estaba ahí, ya decretado, y Esteban, Esteban de un solo manotazo, arrancó el sucio tirador. Pero fue Gustavo quien se le echó encima primero, el primero que arremetió contra el cuerpiño de ¡Estropeado!, Gustavo, quien nos lideraría luego en la edad madura, todos estos años de fracasada, estropeada pasión: él primero, clavó primero el vidrio triangular donde empezaba la raya del trasero de ¡Estropeado! y prolongó el tajo natural. Salió la sangre esparcida hacia arriba y hacia abajo, iluminada por el sol, y el agujero del ano quedó húmedo sin esfuerzo como para facilitar el acto que preparábamos. Y fue Gustavo, Gustavo el que lo traspasó primero con su falo, enorme para su edad, demasiado filoso para el amor.
Esteban y yo nos conteníamos ásperamente, con las gargantas bloqueadas por un silencio de ansiedad, desesperación. Esteban y yo. Con los falos enardecidos en las manos esperábamos y esperábamos, mientras Gustavo daba brincos que taladraban a ¡Estropeado! y ¡Estropeado! no podía gritar, ni siquiera gritar, porque su boca era firmernente hundida en el barro por la mano fuerte militari de Gustavo.
A Esteban se le contrajo el estómago a raíz de la ansiedad y luego de la arcada desalojó algo del estómago, algo que cayó a mis pies. Era un espléndido conjunto de objetos brillantes, ricamente ornamentados, espejeantes al sol. Me agaché, lo incorporé a mi estómago, y Esteban entendió mi hermanación. Se arrojó a mis brazos y yo me bajé los pantalones. Por el ano desocupé. Desalojé una masa luminosa que enceguecía con el sol. Esteban la comió y a sus brazos hermanados me arrojé.
Mientras tanto ¡Estropeado! se ahogaba en el barro, con su ano opaco rasgado por el falo de Gustavo, quien por fin tuvo su goce con un alarido. La inocencia del justiciero placer.
Esteban y yo nos precipitamos sobre el inmundo cuerpo abandonado. Esteban le enterró el falo, recóndito, fecal, y yo le horadé un pie con un punzón a través de la suela de soga de alpargata. Pero no me contentaba tristemente con eso. Le corté uno a uno los dedos mugrientos de los pies, malolientes de los pies, que ya de nada irían a servirle. Nunca más correteos, correteos y saltos de tranvía en tranvía, tranvías amarillos.
Promediaba mi turno pero yo no quería penetrarlo por el ano.
—Yo quiero succión —crují.
Esteban se afanaba en los últimos jadeos. Yo esperaba que Esteban terminara, que la cara de ¡Estropeado! se desuniera del barro para que ¡Estropeado! me lamiera el falo, pero debía entretener la espera, armarme en la tardanza. Entonces todas las cosas que le hice, en la tarde de sol menguante, azul, con el punzón. Le abrí un canal de doble labio en la pierna izquierda hasta que el hueso despreciable y atorrante quedó al desnudo. Era un hueso blanco como todos los demás, pero sus huesos no eran huesos semejantes. Le rebané la mano y vi otro hueso, crispados los nódulosfalanges aferrados, clavados en el barro, mientras Esteban agonizaba a punto de gozar. Con mi corbata roja hice un ensayo en el coello del niño proletario. Cuatro tirones rápidos, dolorosos, sin todavía el prístino argénteo fin de muerte. Todavía escabullirse literalmente en la tardanza.
Gustavo pedía a gritos por su parte un fino pañuelo de batista. Quería limpiarse la arremolinada materia fecal conque ¡Estropeado! le ensuciara la punta rósea hiriente de su falo. Parece que ¡Estropeado! se cagó. Era enorme y agresivo entre paréntesis el falo de Gustavo. Con entera independencia y solo se movía, así, y así, cabezadas y embestidas. Tensaba para colmo los labios delgados de su boca como si ya mismo y sin tardanza fuera a aullar. Y el sol se ponía, el sol que se ponía, ponía. Nos iluminaban los últimos rayos en la rompiente tarde azul. Cada cosa que se rompe y adentro que se rompe y afuera que se rompe, adentro y afuera, adentro y afuera, entra y sale que se rompe, lívido Gustavo miraba el sol que se moría y reclamaba aquel pañuelo de batista, bordado y maternal. Yo le di para calmarlo mi pañuelo de batista donde el rostro de mi madre augusta estaba bordado, rodeado por una esplendente aureola como de fingidos rayos, en tanto que tantas veces sequé mis lágrimas en ese mismo pañuelo, y sobre él volqué, años después, mi primera y trémula eyaculación.
Porque la venganza llama al goce y el goce a la venganza pero no en cualquier vagina y es preferible que en ninguna. Con mi pañuelo de batista en la mano Gustavo se limpió su punta agresiva y así me lo devolvió rojo sangre y marrón. Mi lengua lo limpió en un segundo, hasta devolverle al paño la cara augusta, el retrato con un collar de perlas en el cuello, eh. Con un collar en el cuello. Justo ahí.
Descansaba Esteban mirando el aire después de gozar y era mi turno. Yo me acerqué a la forma de ¡Estropeado! medio sepultada en el barro y la di vuelta con el pie. En la cara brillaba el tajo obra del vidrio triangular. El ombligo de raquítico lucía lívido azulado. Tenía los brazos y las piernas encogidos, como si ahora y todavía, después de la derrota, intentara protegerse del asalto. Reflejo que no pudo tener en su momento condenado por la clase. Con el punzón le alargué el ombligo de otro tajo. Manó la sangre entre los dedos de sus manos. En el estilo más feroz el punzón le vació los ojos con dos y sólo dos golpes exactos. Me felicitó Gustavo y Esteban abandonó el gesto de contemplar el vidrio esférico del sol para felicitar. Me agaché. Conecté el falo a la boca respirante de ¡Estropeado! Con los cinco dedos de la mano imité la forma de la fusta. A fustazos le arranqué tiras de la piel de la cara a ¡Estropeado! y le impartí la parca orden:
—Habrás de lamerlo. Succión—
¡Estropeado! se puso a lamerlo. Con escasas fuerzas, como si temiera hacerme daño, aumentándome el placer.
A otra cosa. La verdad nunca una muerte logró afectarme. Los que dije querer y que murieron, y si es que alguna vez lo dije, incluso camaradas, al irse me regalaron un claro sentimiento de liberación. Era un espacio en blanco aquel que se extendía para mi crujir.
Era un espacio en blanco.
Era un espacio en blanco.
Era un espacio en blanco.
Pero también vendrá por mí. Mi muerte será otro parto solitario del que ni sé siquiera si conservo memoria.
Desde la torre fría y de vidrio . De sde donde he con templado después el trabajo de los jornaleros tendiendo las vías del nuevo ferrocarril. Desde la torre erigida como si yo alguna vez pudiera estar erecto. Los cuerpos se aplanaban con paciencia sobre las labores de encargo. La muerte plana, aplanada, que me dejaba vacío y crispado. Yo soy aquel que ayer nomás decía y eso es lo que digo. La exasperación no me abandonó nunca y mi estilo lo confirma letra por letra.
Desde este ángulo de agonía la muerte de un niño proletario es un hecho perfectamente lógico y natural. Es un hecho perfecto.
Los despojos de ¡Estropeado! ya no daban para más. Mi mano los palpaba mientras él me lamía el falo. Con los ojos entrecerrados y a punto de gozar yo comprobaba, con una sola recorrida de mi mano, que todo estaba herido ya con exhaustiva precisión. Se ocultaba el sol, le negaba sus rayos a todo un hemisferio y la tarde moría. Descargué mi puño martillo sobre la cabeza achatada de animal de ¡Estropeado!: él me lamía el falo. Impacientes Gustavo y Esteban querían que aquello culminara para de una buena vez por todas: Ejecutar el acto. Empuñé mechones del pelo de ¡Estropeado! y le sacudí la cabeza para acelerar el goce. No podía salir de ahí para entrar al otro acto. Le metí en la boca el punzón para sentir el frío del metal junto a la punta del falo. Hasta que de puro estremecimiento pude gozar. Entonces dejé que se posara sobre el barro la cabeza achatada de animal.
—Ahora hay que ahorcarlo rápido —dijo Gustavo.
—Con un alambre —dijo Estebanñ en la calle de tierra don de empieza el barrio precario de los desocupados.
—Y adiós Stroppani ¡vamos! —dije yo.
Remontamos el cuerpo flojo del niño proletario hasta el lugar indicado. Nos proveímos de un alambre. Gustavo lo ahorcó bajo la luna, joyesca, tirando de los extremos del alambre. La lengua quedó colgante de la boca como en todo caso de estrangulación.

 

Del libro “Sebregondi retrocede”, de Osvaldo Lamborghini, publicado en 1973 © herederos de Osvaldo Lamborghini

 

La máquina que se traga a los pibes. Por Julián Axat

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la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, repito… hurga, purga por un trance, borda, borboteante, máquina sin gozne, la Máquina de convalidar letras y firmas se pliega, se repliega, se retuerce máquina, un paraguas y la Rémington sobre mesas de disección, máquina lunada, la Máquina de convalidar letras y firmas, un arcano, Isidore, mordaza, gruta de la boca, la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, repito… la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, repito… máquina perlada, nervada máquina, deglute, líquido, negrito, negritos, negritos, la Máquina de convalidar letras y firmas es un monstruo racista, máquina capciosa y rubia, incrusta tornillos, escribe y escribe sobre la piel del condenado de Kafka, la Máquina de convalidar letras y firmas escupe, es un prisma zambo o trama máquina, caracol lábil, máquina de pederastas, chorrean y te pegan, maquina del ruedo montaje, funciona sola, la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, repito… la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, repito… la Máquina de convalidar letras y firmas, sabemos, trabaja por inercia, se come a los pibes, deja charcos la máquina tracia, hay que hacer muelles para respirar sin máquina, lectora de Borges, la Máquina de convalidar letras y firmas avanza y avanza, arremete contra todo, máquina hostil, maquillaje abrillantado de la máquina impúdica, habla, deja abierto, habla, máquina septicémica, la Máquina de convalidar letras y firmas dilapida imágenes de la guerra, vitorea estatuas esfínteres, tajearse, tatuaje de la máquina que brinca y troncha su molienda en cuerpos lepra, máquina epopeya, la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, repito… la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, repito… los fetos, la abuela, el óleo cenagoso de la máquina bataraz, maquina en bata, batracia que los cría máquina, la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, busca sujetos blanditos y se los come con furia, máquina regurgita sin hiatus, firuletes y militancia opaca de la máquina escribiente, cuadros sin vocablo, la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, repito… se recicla la marisma máquina, marica la máquina con carisma, mestizos sus senos de máquina perra, la Máquina de convalidar letras y firmas es amante de quien la puede olvidar, máquina amputa, puta máquina, van de carruaje y moños la máquina Tiberia y sus crías enhiestas, la Máquina de convalidar letras y firmas ni se entera que les damos la bienvenida, para esconder la faca traicionera, máquina con el destino previsto, se hace la bizca o la estoica la máquina desesperada por la caída, calda su pozo máquina espuma de trauma, la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, repito… la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, repito… la Máquina de convalidar letras y firmas ha llegado a su fin, con estas letras afirmo.

teoría sobre el lenguaje docto iii. Por Julián Axat

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me dirijo a usted en el carácter muy personal a  usted con el respeto que su digno cargo se merece si lo merece usted doctorcito con el motivo de que tenga en cuenta la desesperación de mi familia tengo tres hijos y uno en camino y yo era el y único sostén pero ahora ellos están muy mal le juro que no tienen ni para comer un pedaso de pan yo puedo soportarlo pero ellos no pueden mas a mi aca me dan algo todavía en este encierro pero yo se que usted puede analizar mi situación señor juez yo se que es difícil por lo que está pasando el país porque lo beo en la tele pero yo no me considero una persona peligrosa usted lo puede averiguar de mis antesedentes yo se que en el pasado tuve unos malos pasos pero nunca maté a nadie señor juez lo que ice en el pasado lo ice por necesidad yo se que no es un justificativo pero nadie me dava una mano por el solo hecho de que alguna bes ya había cometido un delito le juro por mis hijos que hice todo lo posible por conseguir trabajo pero siempre se me cerraron todas las puertas todos estos motivos lo llevan a uno a perder a su familia lo que uno tiene y mas quiere e llegado a querer matarme pero pude salir porque prefiero pasar hambre y seguir aguantando mi familia me ayuda como puede para salir de esta celda sin poder ber a mis hijos pero yo no quiero que bean a su padre en una celda uno quiere lo mejor para sus hijos pero en este país corrupto uno no puede  comprarles siquiera un par de zapatillas a sus hijos espero señor analice mi situación cuanto antes espero su contestación en la forma que usted le paresca me gustaría contarle mis problemas personalmente en una audiencia cuando usted lo disponga espero que esta carta llegue finalmente a sus manos y que disculpe las molestias causadas pero con la ultima fuerza que me quedaba me tome este atrevimiento de escribirle esta carta llenas de faltas de ortografia sin otro motivo particular espero que me ayuda señor lo saludo a usted muy atentamente.

Autos y Vistos: para resolver el pedido realizado por el imputado de autos. Considerandos: que el nombrado detenido se le imputa la comisión de un grave delito en los términos del código penal, conforme a la calificación prima facie sustentada al momento de ordenarse el auto de detención; que en tal motivo su situación de encuentra comprendida dentro de las disposiciones normativas contenidas en el código procesal penal; que sin perjuicio de lo expuesto ut supra, tampoco en esta sede se ha recibido la planilla de antecedentes del imputado, por lo que habré de expedirme sin acogerme al pedido que se ha efectuado, ello ante la peligrosidad que el encartado detenta para la sociedad y ante una eventual evasión al proceso penal; por ello de conformidad con lo señalado, citas legales invocadas y lo dispuesto en los artículos del ritual, Resuelvo: denegar al nombrado el pedido de libertad, debiendo continuar detenido en la presente causa a disposición de este juzgado. Notifíquese. firmado: su excelencia, el señor juez.

La vida como castigo. Poema de Julián Axat

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A Claudia Cesaroni

 

Lo opaco y lo brilloso lo gris retributivo o prevención

negación castración quita o sustracción del deseo

ciertamente gris no se sabe si práctica o discurso

tan embellecidos edulcorados hablan la protección del suplicio positivo

o dolor dosifica otro discurso el amoroso corrige homogéneo discurso

el del odio subjetividad construye mentalidad o vacuidad del decir

Claudia pura genealogía y reflexividad desafía el propio campo

saber restado al texto o textura va poniendo en crisis habla habla habla

su propia manera de narrar habla la polifonía se mezcla a la crónica

lo vertiginoso: Lucas, Claudio, Cesar, Cristian y Diego…

Historia: todos los pibes a la vera del destino Lucas, Claudio, Cesar/

Cristian y Diego… Historia a sangre caliente o fría mierda

my dear Truman Capote Ohh recordado Walsh de Leon Suarez  

aquí tienes a Lucas, Claudio, Cesar, Cristian y Diego sobre el mismo basural

arrojados tu cadalso a la espera del cómo sigue el destino de estos pibes

teatro del divertimento sin compases o compendio jeroglífico Unicef siempre tan educado

pero en cambio  Claudia escribe y escribe mejor vende

en Yenny Ateneo y hasta en Guadalquivir Doña Rosita incauta compra y lee desenfrenada la historia Lucas, Claudio, Cesar, Cristian y Diego

la lee y come pochoclos y se indigna con los señoritos jueces de moñito

se volvieron locos estos? Quién escribe sus sentencias?

capitis dimunitio máxima va coagulando la sangre que redacta

en mente de señoritos de moñito que escriben que te escriben sentencia

o la plagian? vencer sus deseos para escribir-reescribir sentencia

el asesino te asesina Alicia sobre escritorio la espalda con sello y firma

espinazo de Lucas, Claudio Cesar, Cristian y Diego  escrito antes

Operativo Independencia 1975  asesinato de niños por policías de Villar

redactan sentencia para el 2006 y escuadrón viaja en el tiempo

al puente Pueyrredón para que Blumberg prenda su última vela

y también participe en redacción de sentencia x 5

y llegue el señor Procurador disfrazado de Humpty Dumty  

justo cuando dice: What a fuck is the lenguage?

es todo lo que yo quiero que diga dice

y lo dice en la cara de Lucas, Claudio/

Cesar, Cristian y Diego…

y qué es lo que vos decís Humpty Dumpty?  dice que dice un activista

Humpty Dumpty: es el fuck´n artículo 37 a y b de la Convención

que los protege como a tantos otros

J. Axat