Y NO HAY DETECTIVE MAS PERSPICAZ QUE UN HIJO QUE DESEA SABER LA VERDAD SOBRE SUS PADRES

OSARIUM PLANETARIUM 

“Nadie ha visto a la habitante del cometa /excepto quienes buscan hasta encontrarla/ al ponerse de pie para entregarse/ es evidente cuanta ferocidad nos acarreó el futuro…”

Alberto Szpunberg

 

Hijos cosmonautas que buscan a sus padres en las tinieblas

& no los encuentran

 

Padres astronautas

dejados por el tiempo de terror y angustia

 

Hijos cosmonautas

que crecen siendo armadores de puzzles

 

Padres astronautas

que miran a las estrellas inmutables

 

En estas tragedias filiales del espacio

todo es mínimo visto desde la inmensidad

parte de la secreta sinfonía universal

donde el horror cumple función fantasmática

 

& las generaciones vivas buscan en las galaxias

a generaciones viajeras desgarradas de otros tiempos

 

¿Qué diferencia hay entre poeta & cosmonauta

si ambos buscan llegar a las estrellas?

 

Desesperadas las madres de Atacama

tan solo tegumentos de calcio perdidos

pizcas de polvo & nostalgia

osario universal

 

La humanidad sucesión de padres e hijos

& la filiación montaje de cadena humana

el cielo es el pasado

& también futuro

 

Pues si no hay diferencia

entre cosmonauta & poeta

tampoco entre detective e hijo

 

Pues no hay detective más perspicaz que un hijo

que desea saber

la verdad sobre el origen

 

 

 

 

“Estirar la vianda” (etnografía de un comedor en tiempos de Macri)

estirar la vianda

Llegué temprano. Roberto, “Tito” como le dicen en la villa, madruga de lunes a sábado. A las 5:00 de la mañana comienza su día como hace 40 años, y ahí estoy para acompañarlo hasta el mediodía y que me cuente un poco sobre el comedor. Es una mañana bastante fría, pero que va a ir levantando calor primaveral a medida que vaya saliendo el sol.

Lo ayudan tres mujeres, van a hacer arroz con pollo en tres ollas gigantes, por lo que comienzan a lavar la verdura y a trozar el pollo. Nadie habla, trabajan en silencio. Tito se mueve de acá para allá, yendo y trayendo cosas, acomodando los bancos y las sillas de la sala comedor. Le ofrezco ayudarlo y se niega. Para las 11:00 tiene que estar todo listo, porque a esa hora comienza a venir gente.

Tito es como un termómetro que, desde hace años, mide la situación económica y social argentina por las bocas que se acercan a buscar un plato de comida. “Hambre siempre hubo en la villa”, me explica. “No es un problema de hoy… con los militares había hambre, en los ‘90 mucha y no dábamos abasto. Durante el kirchnerismo también hubo hambre, aunque las demandas eran otras y no veíamos a familias enteras haciendo cola para comer o quejándose así. Desde al año pasado para acá, el número de personas que se acercan es mayor y el malestar se siente. Se hace lo que se puede. Cuando cerramos después del mediodía, y si sobra, les doy a los que vienen por primera vez, que muchas veces esperan afuera”.

Hoy Tito le da de comer a 230 personas (50 familias) y aunque no está en condiciones de admitir más, intenta “estirar” las raciones. Recibe donaciones de bolsones y alimentos desde distintos lados. Las entregas de comida que da el gobierno funcionan con el sistema de viandas, que consiste en entregarle raciones de comida para los inscriptos que van a comer allí o se la llevan. Tito recibe una 170 de esas viandas por un programa gubernamental y mediante lo que llama “trucos de cocina”, las estira hasta 230, aunque siente que estirarlas aún más sería dar de comer algo insustancial, aguachento, “pobre” en sus palabras.

Son ya las 11 de la mañana y comienzan a ingresar algunas personas. El sol entra por las ventanas. Aunque para mí es hora de desayuno, en el comedor es la hora del almuerzo. Los que ingresan van tomando los platos, cubiertos y vasos, pasan por la barra que da a la cocina, donde desde el otro lado las mujeres que colaboran les sirven hundiendo el cuenco en la olla y llenando el plato de arroz y menudos. Para Tito, el truco del estirado de las raciones consiste en mezclar con arroz, polenta, algo de papa o zapallo y con todo eso armar un caldo; y así mezclar con cortes de carne o el pollo. La “magia” es que el plato (más líquido que espeso) pueda estar lleno, y así satisfacer más bocas. En este imaginario, un plato que está lleno da sensación de saciedad. Un placebo. “Claro, cuando el hambre en la villa es profunda, no hay imagen que calme ni truco que engañe”, reconoce Tito.

Pero la cosa no es tan sencilla, no se trata sólo de recibir más viandas. Aunque una mayor cantidad le brindarían la posibilidad de entregar porciones reales, sin “truco”, muchas más viandas no le permitirían alimentar más bocas debido a otras limitaciones estructurales: cantidad de voluntarias que dan una mano en el comedor, ollas, hornallas, cubiertos, espacio físico, etc. Esa es la capacidad de Tito para sostener su comedor en el tiempo. Pura solidaridad y entrega, vive solo en una piecita aledaña al comedor. Sus hijos ya no viven en la villa y es jubilado de Ferrocarriles.

Ya hay más de 50 personas sentadas a mi lado que mastican en silencio, Tito habla con todos, saluda a los que entran, es al único que se escucha. En el barrio, como alguien que aporta a la comunidad en el día a día, es un referente indiscutido. Le dio de comer a varias generaciones que pasaron por la villa. Sufrió en carne propia el intento de erradicación y las promesas políticas sobre la urbanización que se esfuman con el tiempo. Por allí pasaron cantidad de pibitos con sus familias, que más tarde fueron asesinados por la policía o se convirtieron en transas que ya no lo saludan, aunque lo respetan.

“Por momentos -me cuenta- el tema de la falta de raciones produce conflictos con algunas instituciones y otros referentes del barrio que la estiran como yo, pero cuando no les alcanza más, pretenden derivar al comedor sin acercarse siquiera a preguntar si se necesita algo”. También le molesta que los medios de comunicación hablen de “hambre” y que nunca se acerquen a entender de qué se trata, como si el hambre fuera un concepto vacío de la Argentina actual, para tirarse por la cabeza y hacerse reproches partidarios.

Tito explica que muchas veces se acerca gente nueva a pedir un plato de comida cuando todavía no llegaron quienes están inscriptos. En esos casos, esperan hasta la hora de cierre y si no fueron, les dan a los nuevos. Sobre la cantidad de personas que se acercan a preguntar si pueden anotarse para ir al comedor, me comenta que el año pasado se acercaban entre 5 o 6 personas por semana y que actualmente se acercan entre 15 o 20 personas en ese tiempo. A estas personas las llaman “golondrinas”, porque las ven un día y nunca más, y porque muchas merodean entre los distintos comedores de la villa. Cuando se acerca la hora de cierre, piden si hay algo para comer; piden desde restos de comida hasta incluso pan duro. A veces, revuelven las bolsas de basura cuando las saca a la calle.

El año pasado, la presencia de estos “beneficiarios golondrina” era esporádica, mientras que este año se acercan varios y hasta todos los fines de semana le tocan timbre. También viene gente de otras zonas. Han recibido gente de otras villas y hasta del conurbano profundo. Algunos pasan con niños, o son personas ancianas.

Veo que ya está menos concurrido el comedor. Ya estamos más cerca de la hora del cierre. Las tres ollas están casi vacías. Tito va y viene, y por de pronto se sienta y se atreve a contarme lo que muchos referentes de comedores no se animan. “No te van a decir que les falta comida. Los comedores de la Iglesia tampoco. La estiran y se las arreglan con lo que tienen, o como te decía, derivan la gente a otro comedor. Pero esto siempre pasa con el gobierno de turno, hay que mantener cierta cordialidad y moderación en los comentarios. La ayuda también depende de no poner en crítica el sistema y la forma y cantidad en la que llegan las raciones”.

Reconoce que el gobierno está caminando el barrio, visitando los comedores y viendo todo el tiempo qué necesitan. Y dice que, “… si por cualquier medio sale a la luz que faltan alimentos, enseguida se te aparecen y evalúan la situación. No siempre te dan, esperan y evalúan… hacen tiempo y te dan alguna ración más, pero nunca alcanza… claro que no están en lo estructural, es como que van apagando fuegos con la lógica del bombero… Te dan raciones”. Para Tito, hay otros barrios más golpeados, con mayores necesidades insatisfechas desde hace mucho tiempo, y el hambre se nota más incluso que en el suyo.

Afuera hay siete personas esperando sentadas, las veo a través de la puerta abierta. Esperan que todos terminen y que los que hoy faltaron les permitan otorgarles un cupo para comer arroz con pollo, estirado. Parecen cronometrar los minutos y ruegan que esos vecinos no vengan. Tito medita y me dice que sí, que la situación se agravó y que siente que se va a agudizar todavía más. Es consciente que la ayuda es importante y aunque en esto esta hace 40 años, reconoce que la gente necesita trabajo genuino, no comedores y asistencia.

Publicado por Julián Axat, en la Tecla Eñe, durante sept, 2016: http://rambletamble.blogspot.com/2016/09/estirar-la-vianda-etnografia-de-un.html

 

 

BUSCANDO LA TETA DE LA REVOLUCIÓN

la teta

Hace pocos días me topé con una imagen. Fue a partir de que una mujer daba el pecho a su bebé en una plaza de San Isidro cuando policías la quisieron detener con el argumento de que está prohibido amamantar en la vía pública. La mujer denunció la situación que se viralizó y puso en alerta a vastos sectores que, como protesta, organizaron una amamantada masiva en esa misma plaza. Pero la imagen no era esa. La imagen con la que me topé hace pocos días y que algunos usan para la convocatoria, es la foto de una mujer amamantando a su bebe con un fusil al hombro.  El fotógrafo Orlando Valenzuela la tomó  en 1984 en Waswalito, comunidad rural de Waslala, a más de 100 kilómetros al noreste de Matagalpa, en Nicaragua. Aquella joven campesina Sandinista de sonrisa franca con su hijo al pecho y fusil al hombro recorrería el mundo.

La foto circuló en posters, remeras, revistas, murales, exposiciones, etc.  Junto con la del rostro del poeta Ernesto Cardenal devenido en Ministro de Cultura de la revolución, para mediados de los 80, “La Miliciana de Waswalito” se convertirá en la imagen oficial de la Campaña Mundial de Solidaridad con Nicaragua; y el fotógrafo Orlando Valenzuela en una suerte de Alberto Díaz (Korda) inmortalizando su imagen. “… Ese día yo estaba en una pequeña tarima de tablas, y desde arriba apretaba el disparador a todo lo que miraba interesante. De repente vi una mujer joven con un fusil al hombro, lo cual era muy común en esos años, pero me llamó la atención que tenía un niño en brazos y le daba el pecho. Alguien le dijo algo señalando hacia arriba y sonrió justo cuando tomé la foto y un poco apenado, moví el lente hacia otro lado… y de pronto Nicaragua era aquella joven armada con su hijo en el pecho”, diría Valenzuela, para quien con esa foto circulando por el mundo, su suerte estaba sellada. Aunque esa será la única foto que se conocerá de su carrera.

Pero en este caso, la joven miliciana nicaragüense no tendrá nombre, será una mujer más al servicio de la revolución. Anónima, armada y amamantando a su bebe, está cargada de futuro. La promesa de Nicaragua (una mujer) que trajo la revolución (otra mujer) es un niño al que sostiene en su regazo y alimenta para el mañana mejor. El AK 47 colgado sobre el hombro derecho y la ternura confluyen en un punto que es un gesto sonriente de la boca, como un rictus de pasión, alegría y belleza que la cámara de Valenzuela logra capturar espontánea.

Amamantar en público subvierte el orden del Poder. La imagen de la miliciana es, en cierta forma, la reinterpretación de toda la iconografía cristiana sobre las vírgenes amamantando al niño Jesús.  Pero en este caso no es una santa, es una mujer muy joven que hace la revolución mientras carga a la vez la metralla y a su descendencia. La violencia y el amor juntos en un equilibrio. Una mujer – madre con tiempo para ejercer la ternura y trabajar la violencia. Todo en un mismo plano.

Por eso la imagen encandila. La subversión tiende a ser mayor en el proceso del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), siendo el primer proyecto que incluye el rol femenino como hacedor principal de la revuelta y de la construcción de un nuevo Estado, a la par de los hombres.  Si con el mismo brazo la miliciana sostiene el fusil, con el otro alimenta de sus entrañas el porvenir. La leche guerrillera asegura el futuro de los hijos de la revolución. No solo como madre, sino como mujer guardiana y hacedora en el mismo lugar que el (nuevo) hombre revolucionario del que tanto hablaba “el Che”. Allí están  las “mujeres nuevas” como Leticia Herrera, Dora María Téllez, Idania Fernández, Nora Astorga, Mónica Baltodano, solo por nombrar a algunas que hicieron Historia en el FSLN.

Pero la “Miliciana de Waswalito” por ser anónima se pierde en la historia y su fotógrafo Valenzuela también. Sabemos que la revolución Nicaragüense fracasó en las elecciones 1990, pero la imagen de la miliciana siguió viajando en el tiempo con la misma edad y con la promesa de la reproductibilidad técnica en remeras nostálgicas, posters y tatuajes en brazos de mujeres y hombres que hoy tienen la edad de ella cuando los amamantaba.

Los hijos de la revolución sandinistas alimentados por la miliciana quedaron lejos del aura que la cámara capturó para imantar a la generación de sus padres. Hace tres años, un periodista de la revista del diario “La Prensa” de Managua, decidió buscar a la famosa Miliciana. Recorrió muchos lugares y al final logró encontrarla. Sin fusil y sin casa. Sin trabajo y con quince hijos que alimentar, Doña Blanca López del Socorro dice que quiere que la olviden. Su rostro curtido y cansado está lejos de ser la imagen de una lucha nacional. Blanca espera una ayuda del Estado para sobrevivir. Sus pechos ya no dan leche: “Yo nunca he sido egoísta, si Nicaragua recaudó dinero por medio de esa fotografía, si el mundo dio dinero a gente que lo necesitaba no me molesta, está bien porque aquí somos muy pobres… pero a mí me tuvieron olvidada”, dice con modestia mientras acaricia la cabeza de su hija de cuatro años. Entonces aparece José Antonio, ya tiene 27 años. Es el niño amamantado en la foto. El hijo de la Revolución. Para él la vida tampoco ha sido fácil. Como licenciado en administración de empresas y periodista trata de ganarse el pan en una Nicaragua complicada. Se crió con su abuela, pues su madre no tenía capacidad para cuidar y alimentar a todos sus hijos. “La foto en sí tiene gran mérito, me sentí orgulloso al saber que había sido utilizada como imagen oficial, fue la imagen de una realidad que recorrió el mundo y me satisface como nicaragüense cada dólar que recaudó. Valenzuela hizo un gran trabajo. Pero atrás de eso también estaba la historia de mi madre…”. Gracias al reportaje, una empresa cuyas siglas son HEMCO ayudó a Blanca López y a si hijo a comprar unas tierras para poder cosechar y vivir con su familia.

No pretendo sacar una moraleja de esta historia, solo intentar desentrañar el lugar de mi generación en países más o menos similares en sus procesos sociales y políticos. Fuimos amamantados como los hijos de una revolución, y elegimos otro lugar. La imagen de la miliciana puede ser la de mi madre conmigo en brazos antes de desaparecer (tengo muchas de esas fotos, pero claro que sin fusil). Yo deseo ese pecho. Deseo la teta de Waswalito. Pero esa leche, como a José Antonio, lejos estuvo de darnos la fuerza para sostener el legado. Cuando conozco la verdadera historia de la imagen de la miliciana, toda esa carga se disipa. Y solo queda el recuerdo, de la caricia del momento.

La teta de Waswalito alimenta a un niño que sigue viajando en el tiempo paralelo, menos real, o más cercano a los sueños que nosotros reescribimos a nuestro modo. Mientras tanto, en una plaza del conurbano, muchas madres emulan la imagen de la anónima miliciana para interpelar al poder municipal de turno.

La-miliciana-hoy-1-2

 

ARTÍCULO PUBLICADO POR JULIÁN AXAt el 22 de julio de 2016

EN:

La teta de Waswalito

https://circulodepoesia.com/2016/07/la-teta-guerrillera-historia-de-una-fotografia/

 

EL RECUERDO DE “YETROX”, GUSTAVO CABARROU

gustavo cabarrou

(foto gentileza de Manuel Elicabe Cabarrou)

 

Recuerdo que fue en 2006. Buscaba a Silo, o lo que quedaba de la leyenda de Mario Rodríguez Cobos, por entonces todavía vivo en Chacras de Coria, Mendoza. Necesitaba hablar con alguien que me preparara para el encuentro con el viejo Guía a quien mi padre -en su tardía adolescencia- había idolatrado; al punto de recorrer punta de Vacas a pié, intentar subir la Aconcagua, el Chañie, y acampar en el valle de Yala.

Gustavo Cabarrou me atendió en su casa del Camino General Belgrano, “Gonnet”, vivía al fondo del hogar materno, acobachado en una suerte de quincho fuera del tiempo, cargado de papeles y libros del pasado, gastando sus últimos mangos de una herencia o viviendo de prestado. Enseguida me pidió que lo llamara como lo llamaban los viejos Siloístas, por su epónimo Galo: “Yetrox”.

Llegué a “Yetrox” por Ricardo “Tite” Elicabe; uno de los mejores amigos de mi padre. Ex jugador de LPRC, estudiante de Bioquímica devenido exitoso empresario farmacéutico, viejo militante también, ex Siloista. Tite y Gustavo eran cuñados. Pero si el Siloismo alguna vez los había juntado; el tiempo, el exilio y las rencillas de familia los había enfrentado. Para el caso, el recuerdo de Rodolfo “Fel” Axat era un punto breve de concordia para ambos, y yo estaba como mensajero de esa brevedad.

Mis encuentros en el quincho de camino General Belgrano consistieron en largas conversaciones sobre el mensaje de Silo, mientras Gustavo “Yetrox jaspeaba en un largo tic pulmonar, y un viejo perro ovejero alemán no se movía de sus pies. Entre mate y mate hablábamos sobre el trabajo espiritual en los 70, de la cabaña de Yala Jujuy; de la ascensión al Volcán Chañie, del alucinado proyecto “Lemuria”. Gustavo hizo un análisis de “El Monte Análogo” de René Daumal. Vimos fotos y escuché anécdotas sobre el trabajo de Kronos en La Plata para fines de 60; mucho antes de que la Triple A matara a dos compañeros Siloistas en 7 y 39. Poco después Yetrox cayó preso, y en 1975 se le dio la opción de exilio. Eligió Francia. Se volvió a casar, vivió en lugares donde su obsesión era llevar el mensaje de Silo. Volvió a la Argentina a fines de los 80. Me contó de su hija Antares, una niña de 15 años con quien prácticamente no tenía contacto pero que vivía en La Plata. El resto era el Partido Humanista, su intento fallido de ser concejal; su vida monástica y solitaria en la casa de Gonnet.

Tiempo después “Yetrox” me llamó varias veces; algunas para pedirme prestado dinero, otras para que le recomendara abogados. Cuando le avisé que viajaba a Mendoza a entrevistar a Silo, me pidió que le llevara una obra de teatro de su autoría, me dijo “Mario va a saber muy bien quién se lo manda y de qué trata”. Así lo hice y el propio Silo me recordaría que “Yetrox” (nunca usó su nombre verdadero) era un militante de la causa como pocos.

Cuando volví de Mendoza lo perdí de vista por varios meses, quería contarle cómo me había ido. Intercambiamos algunos mails, me envió pequeños textos que escribía: reescrituras siloistas, fragmentos de pensamientos “alados” (así decía), algunos con algo de destello literario. Un día recibí un llamado de Uspallata, era Yetrox que se había alquilado una cabaña “al fin, al pié de la Aconcagua y cerca de Silo” me dijo emocionado; y sentí que el tic de jaspear era como que se le había ido a la par del sueño de su vida. Recuerdo que esa vez hablamos bastante, me contó que se había comprado una camioneta 4×4 y que probaba como chofer para turistas extranjeros “de preferencia franceses y Siloistas”.

Una tarde de 2008 me llamó por teléfono, y me dijo que estaba internado acá mismo, en IPENSA, por una intervención cardiovascular nada grave. Me pidió que lo vaya a ver, que quería hablar conmigo de algo importante. Lo encontré en una cama de tercer piso sonriente departiendo con otro “humanista” a quien me presentó. Me dijo que se había vuelto de urgencia con la camioneta 4×4, y que le habían echo un cateterismo por la presión y que las alturas lo tenían a mal traer. Pero que en un par de días le daban el alta y se iba para Uspallata a seguir con la vida de Siloista, “la que le hubiera gustado a tu viejo” y se reía como un nene desde la cama, repleto de cables.

Esa fue la última vez que ví a “Yetrox”. A los pocos días leí la noticia de su fallecimiento en el diario “El Dia”. Un temblor me sacudió. Entonces me dí cuenta que el llamado había sido su despedida, “el tramite” como escribió poco antes de morir.

Dejo aquí algunos textos que conservo de Gustavo, Yetrox:

2027[1]

assasin[1]

De uspallata a Punta de vacas

Despertando[1]

El mono cazado[1]

El tramite

Enamorada del muro de la Vida[1]

Gustavo_Cabarrou_LA_CAIDA_DEL_SISTEMA_y_el_MENSAJE_DE_SILO[1]

Ladespedida[1]

MICHEL[1].relato de G. Cabarrou

MISTICO[1]

TRASCENDIENDO[1].Gustavo.Cabarrou

ROLPH[1]

TV_IDIOTA[1]

Silo_y_los_Mensajeros[1]

 

 

ANDRES BISSO – Rescate de un (ex) poeta del Colegio Nacional La Plata (1993)

 

bisso

 

Como siempre ocurre, la tarea detectivesca de buscar poesía perdida, implica volver al paladar (no negro) de la magdalena proustiana, y sentir el sabor de viejos pasillos y rostros que lo cruzan. En este caso, es el rostro de un bachiller del Colegio Nacional de los noventa que siempre me sorprendió (yo soy promoción 94, él es 93), Andrés Bisso, músico ricotero y poeta surreal; tipo sensible y lúcido si los había o hay (devenido doctorisismo en Historia Antifascista).

Copio un mail suyo:

“Estimado Julián:

     Te envío este poema, me pareció que después de tanto tiempo de no producir, y como forma de mostrarme atento a todo el laburo que estás haciendo -y comunicando- con encontrar una nota nueva en el viejo arte, éste era digno para compartirlo con vos, y de paso a Emma, que es amigo. A él más no sea, que para recordarle que todo no será un pañal a cambiar. Ahí va:

 

AY!

¡Qué bonita es la poesía, sin los poetas!

Sin esos pelotudos guardianes de la rima, -y la anti rima-

sin esa denunciada gravedad del tero,

sin la melancolía, uy.. sin la melancolía.

Quisiera bien yo bien empernarme a los chongos

burócratas de la literal melodía,

romperles la cabeza con la formal grafía.. ay.. con la formal grafía.

Pero aquí estoy, adjunto del CONI, CETrero de las aves de puta ortografía.

AY, de puta ortografía.

Blandiendo por demás, la chota oscura chota, por demás, de la vasectomía.

De la vasectomía de enhebrar un canto, que sea de mis quías, uff!

que sea de mis quías.

INFORME DEL DR. FRANZ KAFKA PARA EL INSTITUTO DE SEGURO DE ACCIDENTE DE TRABAJO, 1920

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INFORME DEL DR. FRANZ KAFKA PARA EL INSTITUTO DE SEGURO DE ACCIDENTE DE TRABAJO, CALLE NA PORICÍ DE PRAGA, FECHADO EN 1920 Y HALLADO POR CLAUS WAGENBACH EN 1962

 

Cuando el hombre se acerca a esa máquina

escribe y siente el riesgo de que el dispositivo montado

sea su verdugo y escriba sobre la espalda su nombre

no su nombre

la representación de su nombre

todos los nombres posibles que son falsos o apócrifos

 

Para calcular el riesgo debe salir a buscar la formula

aquel código secreto que separa

los tiempos entre el cuerpo y la capacidad que tiene el montaje

para llevar a su destrucción masiva como tal

 

Es una energía que atrae y no es cinética ni eléctrica

(es calculable así en una ecuación de tiempos y costos)

más bien la fuerza de las cosas que absorbe a la existencia

como el insecto que es adherido al pegamento

colocado por cierto espectro subalterno

que se aprovecha de la inutilidad

 

Al visitar las fábricas del norte de Bohemia

Estoy persuadido que

la tarifa no es lo que el dinero puede sustituir

en un obrero de lo escrito

sino un pedazo de pie o de cabeza arrancado

a un costo elevadísimo para la condena evangélica

y que luego deberá afrontar un sistema siempre in-solidario

con la muerte que no existe

 

 

NOSTALGIA DE LA LUZ- PELÍCULA COMPLETA

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Nostalgia de la Luz es un film sobre la distancia entre el cielo y la tierra, la distancia entre la luz y los seres humanos, y las misteriosas idas y vueltas que se crean entre ellos. A tres mil metros de altura, los astrónomos venidos de todo el mundo se reúnen en el desierto de Atacama para observar las estrellas en el Norte de Chile. Aquí, la transparencia del cielo permite ver hasta los confines del universo. Abajo, la sequedad del suelo preserva los restos humanos intactos para siempre: momias, exploradores, mineros, indígenas y osamentas de los prisioneros políticos de la dictadura. Mientras los astrónomos buscan la vida extraterrestre, un grupo de mujeres remueve las piedras: busca a sus familiares.

Dirección: Patricio Guzmán
Guión: Patricio Guzmán
Producción: Renate Sachse, Meike Martens, Cristóbal Vicente
Dirección de fotografía: Katell Dijian
Montaje: Patricio Guzmán, Emmanuelle Joly
Sonido: Freddy González
Música: Miranda & Tobar
Intérpretes: Victoria and Violeta, Lautaro, Gaspar, Luís, Miguel, Valentina

 

PELÍCULA:

https://www.arcoiris.tv/scheda/it/15888/

 

 

LA CHICA DEL SUR – PELÍCULA

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“La chica del sur” es un excelente ejercicio acerca de las ilusiones y las desilusiones, la ilusión política y la pérdida de las expectativas, de la ilusión de lo pasional y la desilusión que conlleva el paso del tiempo…” (tELAM)

Sinópsis:

Im Su-kyong fue una estudiante y activista política surcoreana que cruzó la frontera que dividía su país y atrajo la atención para reclamar la reunificación de Corea durante el XII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que organizó la URSS en 1989. El director José Luis García asistió al Festival y registró en una cámara VHS aquel peculiar momento previo a la caída del Muro de Berlín y las repercusiones de las acciones de Im Su-kyong. Hoy, más de veinte años después, García vuelve a Corea para buscar a Im Su-kyong y ver qué ha sido de ella.

Película:

https://archive.org/details/356n247