Dos poemas dogmáticos. Por Julián Axat

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El poeta sentencia por el poema

Neo-Causalismo

Cuando el carpintero fabricaba la cama /supo

del adulterio que otro cometería/

en esa misma cama 

Diez años después

la policía buscó/ al carpintero

cómplice de adulterio

El carpintero alegó ser el hijo de Dios

es decir/ el único autor

Neo-Finalismo

Fue enviado al bosque

para que lo parta un rayo

Dios no domina los hechos

De la Selva negra solo se regresa electrocutado

más poeta que víctima

Cavilación ante el puente generacional

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                                                           a Enrique Schmukler
 

Cuando lo vi entrar se produjo un largo silencio

… y entonces vi  pasar encerrado todo el valor que yo no tenía

el que no tenía ninguno de mis hermanos para emprender

la empresa de absoluto que tenían nuestros padres antes de desaparecer

y aun cuando él ni siquiera iba saber de qué hablaba

observé el aura de sus pupilas titilando pero vaciándose lentas

en su desenfreno un dios jugando a los dados con tendencia a caer nada  

pero sobre todo nosotros hijos absortos pusilánimes tan cobardes posmos conservadores

condenados como espectadores de esta nueva destrucción lentamente cincelada

acaso ilusionando una pizca de esa fuerza o valor volviéndose a posar

ya ni siquiera sobre uno nosotros o uno de ellos

sobre la descendencia no nacida ni arrasada

soñando el mismo sueño a tropezones pero todavía posible 

haciendo tiempo esperando o desenterrando tesoros de aire inflamable

postas latentes dejadas e interferidas por el abandono

– Ey! – Me dijo-, me aconseja que declare o no?

Efebofobia. Por Julián Axat

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El que atrapó por primera vez

El que reclutó varias veces

El que presenció sin mancharse

El asesino ejecutor

El que pagó al asesino

El que intelectualizó

El que pudo impedirlo y nada hizo

El que sistematizó los casos y repitió

El que leyó el diario y sonrió

El indiferente

El espíritu que lo profetizó y no desplegó fuerza mesiánica para impedir

Dios

La otra defensa o Robespierre en mi gaznate. Por Julián Axat

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(arte poética)
 
Cuando los hechos me superan
en la impotencia que me estremece
Es la garganta que anuda el verso
una forma de supervivencia

Si no hay justicia
hay poesía

(Presunción de poesía)

Tiene derecho a permanecer callado

y a que el verso no sea usado en su contra

(Presunción de verseo)

una vez que hable…

el verso será utilizado en su contra

(Autoincriminación)

Tiene el deber de beber contra sí mismo

y el derecho a inmolarse (60 veces) /contra

los arcanos menores

(Por las generales de… )

… decir si es amigo enemigo o familiar de las palabras

con las que en vez de silencio dijo… Dios

y si tiene interés en este proceso de destrucción

ya puede interrogar al poeta

Restos de restos de restos de restos de restos…

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Restos de niño perteneciente a la comunidad Quom hallado en

campo Formosa Orificio en el cráneo tiempo perdido sin búsqueda no hay sospecha

si entrada de proyectil de arma de fuego aire en pulmones imaginarios

Restos de Rodrigo Simonetti encontrado en un baldío de Tolosa cerca del cadáver

había hojas sueltas escrituras vacías de sentido infatuadas simbológicas

(cuaderno de escuela, intentaba aprender a leer) seis fracturas

del maxilar superior a ambos lados los relieves labio posible fractal sin signo

no lleven a nada a un eclipse enfermo de una mentalidad embrionaria en Restos

de adolescente ahora hallado en Rosario con Columna perforada humedad de

pantano en boca restos fractura de humero derecho fémur izquierdo ríos o

vuelos / da igual cansado con la pala va juntando las fracturas completas

recuperado proyectil de FAL a su lado pelvis derecha al pié de un sauce

ya sin aura estrellado a la entrada de  proyectil de arma de fuego y Restos

de adolescente encontrado en la balandra de Punta Lara asesinado por mear a la luna por la ventana de su rancho se recupera otro proyectil

en espina iliaca entero-superior derecha van llegando  al vertedero de

la des-eperanza / entrega inútil de sensibilidad a la cabaña de

los sueños aniquilados y sacro multifragmentado un Resto hallado de mujer 1977

que dice:

 

Orificio en el cráneo/ entrada de proyectil de arma de fuego / seis fracturas del maxilar superior a ambos lados/ provocados por disparos / columna / más proyectiles de arma de fuego / cuatro encontrados /uno compatible con 11.25 / fractura de humero derecho

de fémur izquierdo / fracturas completas provocadas por proyectiles / fractura de pelvis / fosa ilíaca izquierda fractura completa / recuperado proyectil de FAL / pelvis derecha / entrada de proyectil de arma de fuego / se recupera otro proyectil / espina iliaca entero-superior derecha / pasaje de proyectil de arma de fuego / sacro multifragmentado

Pedro de Elizalde, primer Defensor de Menores

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A Pedro de Elizalde se lo recuerda por el nombre que lleva el Hospital General de Niños de la Ciudad de Buenos Aires. Pero Pedro de Elizalde (1879-1949), graduado  de médico a los 24 años; fue el primer Defensor de Menores del país (1903). Hijo de Rufino de Elizalde (ex Ministro de Mitre) y de Manuela Leal, ambos importante miembros de la Sociedad de Beneficencia, buscaron para su hijo un destino vinculado al compromiso con las ideas del momento, en la naciente institución.

La Defensoría del Menor funcionaba como sede administrativa (no judicial) dentro de la misma Sociedad de Beneficencia. La Defensoría estaba conformada por hombres pertenecientes a la elite o hijos de ella, que debían cuidar el destino de los niños sin padres o abandonados. De allí que la dependencia gestionara cada destino de un menor de edad, que el Estado les confiaba en custodia.

Los huérfanos o los niños pobres que eran entregados a la Sociedad de Beneficencia permanecían allí o, a través de la gestión de la Defensoría de Menores, eran entregados a familias distinguidas que se comprometían a educarlos, criarlos y cuidarlos “encausándolos moralmente”. Los mayores de 6 años, tenían que ser colocados dentro de las instituciones de la Sociedad, enviarlos a la cárcel local o ubicarlos con una familia sustituta ya que la Defensoría no tenían facilidades para hospedarlos.

La detención policial de los niños vagabundos en la vía pública era un hecho común en la Buenos Aires de principios de siglo. Decía por entonces el Defensor de Menores de Buenos Aires Pedro de Elizalde sobre los niños que se escabullían de la policía dentro de los conventillos: “El hogar del menesteroso es el conventillo y el cuarto estrecho del conventillo sin aire y sin sol, rechaza al menor, lo arroja á la vía pública donde forma legión con los otros menores que salieron del cuarto vecino ó del conventillo cercano y allí dan expansión á esa inclinación innata á la combatividad, desarrollándose, naturalmente, todas las inclinaciones atávicas. La policía por más esfuerzos que hace, es impotente, pues los menores que conocen por intuición los artículos de la Constitución que á ellos interesa, saben perfectamente que el domicilio es inviolable y nadie puede allanarlo sin orden de Juez competente y entonces, inmediatamente que aparece en las vecindades el agente de seguridad, apresuradamente se internan en el conventillo, dejando burlada á la autoridad. Son estos vagabundos los que necesitan un lugar de reclusión durante ciertas horas…”.

 

Entre otras acciones, el Defensor de Menores Elizalde, impulsó la normativización de la Oficina de Recepción de Leche de Mujer, vigilando la salud de las “dadoras de leche” y la de sus hijos biológicos (para evitar su desnutrición y el contagio entre los bebés y las nodrizas); esta política funcionó también para lactantes no expósitos, cuyas madres no lograban alimentarlos satisfactoriamente. Elizalde también vigiló, con similar criterio, la salud de las cuidadoras. Organizó el Servicio Médico-Social, creando la “Escuela de Madres”, para preparar a quienes no se sentían en condiciones de asumir a sus hijos, a abrirse camino en la vida, conservándolos, llegando incluso a hacer que las madres que cuidaban a sus propios hijos recibieran retribución económica en concepto de “ayuda a la crianza”. Consiguió que las Hermanas del Huerto, enseñaran a esas madres a leer, escribir, coser y cocinar, también para que enfrentaran mejor la vida y cuidaran mejor de sus hijos. Creó la Escuela de Enfermeras de la Casa, cuyo título consiguió que fuera reconocido por la Facultad de Medicina de la UBA; con el plantel de egresadas de esa Escuela, reemplazó a las tradicionales “cuidadoras internas”, profesionalizando la enfermería de Hospital. Incorporó a Visitadoras de Higiene, graduadas de la Facultad de Medicina, para la labor de prevención del abandono infantil y de vigilancia de los niños de la Casa puestos en hogares sustitutos. Hizo cambiar el nombre de “Expósitos” por el de “Pupilos del Estado”, para los abandonados; etc.

 

Para el espíritu de la época, en el que se movía Elizalde la función policial-asistencial-médicinal eran los elementos fundamentales en el tratamiento de la infancia pobre y abandonada. Elementos todos estos que una década más tarde se consolidarían imbricándose con un nuevo elemento: la corporación judicial; dando nacimiento a la Ley Agote de 1919, y al monstruo de dos cabezas del Patronato de la Infancia: Menor delicuente-abandonado. Entonces la figura del Defensor de Menores desaparecerá bajo la única figura del Juez de Menores que prevalecerá hasta casi un siglo después.

 

La figura actual del Defensor Penal de Niños y Adolescentes nace del derecho constitucional de defensa en juicio de los niños, niñas y adolescentes (artículos 37 y 40 de la Convención Universal de los Derechos del Niño), y surge para evitar el avance sobre un sujeto de derecho históricamente vapuleado por la discrecionalidad del Estado. Es decir, figura que en nada se emparenta con la vieja figura del Defensor de Menores que ostentó el médico Pedro Elizalde.

 

Julián Axat. Defensor Penal Juvenil.

El “Baby”. Por Julián Axat

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Ingresó a la cárcel el 23 de marzo

cuerpo desnutrido

rostro limpio jovial

estaba asustado

por entonces escribí algo sobre él en un matutino (1)

Lo volví a ver cuatro meses después

el rostro surcado pequeñas grietas

patas de gallo líneas desde los ojos a las comisuras

esos ojos cada vez más hundidos se alejaban por miedo del afuera

Como si el reloj biológico percibiera algo

y se defendiera del miedo acelerando el curso de la piel

empozando la mirada cada mes adentro valía por cinco meses

la hendidura

cada minuto valía por otros cinco minutos la grieta

cada segundo o año giraba la tierra a toda velocidad a sus pies

como si en ese microcosmos el macrocosmos hiciera trampa

la maldición era para todos como él/me dije

pero en él es extraño porque se multiplicaba por cinco

Lo volví a ver dos días antes de fin de año

con diecisiete tenía cuarenta

pensé en casos así fotografiar su rostro al ingreso y al salir

¿puede haber prueba más cierta del horror?

pero me dí cuenta que esa clase de fotos

yo las había mandado a prohibir

entonces escribí esto

(1) Me refiero a la siguiente nota:  http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-190422-2012-03-26.html

Los Ni-Ni´s. Por Julián Axat

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    “Noctilucas enardecidas, el resplandor de los espejitos anuncia a lo lejos su avance nocturno”

Néstor Perlongher

Ahí vienen! gritó uno porque llevaban

yo los ví llevados dependientes haciéndose independientes

pero no eran tan cartelizados sin carteras contagiados con carros

transportados salían nuevos de las esquina e iban

comidos iban arriados hacia el cerro catedral peregrinaban hacia un Luján sumergido  

caminata infinita invadían todos los lugares vacunados por la Virgen

insaciados con libreta en mano con rumbo a matadero sin faena

deambulaban cobraban cabreaban asignación planes bolsas

salían eran miles yo los ví de lo agujeros salían dejaban solas las esquinas

tercerizados blandían hipnotizados tras el flautista

contagiaban vacas o terneros perros famélicos carneaban de carros varados

aquello que encontraban a su paso langostas cangrejos revivían hormigueros

hasta hacerse románticos malparidos tornasolado crepúsculo negras patas

plateadas baldosas y alcantarillas me consta con pié plasma

aire acondicionados ventilador microondas y patas sin calma en ninguna fuente para

inyectar el consumo o agregar la demanda de un fin de año cuando

las manos son manopla batidora amapola brazo Black Berry taladro Black & Decker

lavarropas Drean Comodor 64C y la vidriera del viejo Modart vaciada

y todos vestían trajes Hitachi-Grundig sacudidos reducidos a la Historia

con la gorrita cortada por el cobani verde Centinela 

el duo Pimpinella canta de fondo mientras los carritos furibundos se llenaban

persianas levantadas y arremolinándolo todo

y el nuevo Chino Whan Ho recordando al viejo Chino Wan Ho

el chino llorando ante las cámara de TN depredado y todo el mundo en la TV lo veía

hace más de diez años de eso… pero al nuevo Chino Wan Ho todos los consolaban

el hervidero que salía de un agujero lo abrazaba le acariciaban la cabeza le decía quedate tranquilo 

mientras TN ahora eso no filmaba

y el nuevo Whan Ho se sentía redimiendo al viejo Whan Ho…

hasta que uno con handy viene a interrumpir la escena y dice “al Chino no!”

esta vez al Chino no!

y entonces les indicaba de donde tenían que salir con productos NINI.

J.A

Algunos apuntes sobre el arte de vestir la toga (abogados, alta y baja costura). Por Julián Axat [1]

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“Detesto este adorno incomprensible de la vestimenta masculina. De vez en cuando me reprocho sacrificar a la pobrísima costumbre de anudar cada mañana ante un espejo (trato de explicarlo a los psicolanalistas) este pedazo de tela que debe realzar una nada muy atenta la ya idiota expresión del saco puesto al revés” André Bretón. Voz “corbata”, en Diccionario del Surrealismo, LOSADA, BA, Pag. 43.

 

La presente ponencia busca analizar la disposición estética de los abogados penalistas, dentro del campo en el que reproducen su actividad. Se trata de analizar una dimensión muchas veces ignorada como sistema de disposiciones objetivas que produce condicionamientos sociales asociados a la clase y a los gustos (las preferencias manifestadas) en sus practicas. En la puesta en escena, el vestuario también tiene su dramaturgia y cuenta una historia, por medio de un lenguaje visual con el espectador que comunica y se convierte en signo de lo que se quiere decir, porque no solamente se narra con la palabra también con la imagen, el color, la plástico, suelo utilizar y darle aplicación a un término relacionado también con la mimesis, la misma naturaleza y el arte: disimulo, engaño, “que parece y no es”, logrando en el traje por medio de efectos la magia de la iluminación escénica, el propósito artístico deseado.

Como decía Ossorio y Florit: “La toga es ilusión. No puede cada hombre limpiarse del deseo de ser una cosa distinta a los demás. No distinta por los arrumacos y floripondios, sino por nuestra función, por nuestro valer, por nuestra significación… ¡Ah!, eso del peso de la toga sobre los hombros no es un tópico vano, aunque el uso la haya hecho cursi. La toga obra sobre nuestra fantasía haciéndonos limpiamente orgullosos, nos lleva por el sendero de la imaginación, a la contemplación de las más serias realidades… la toga diferencia, y siempre es buena, pero esa distinción no sería nada si no fuese acompañada del respeto, de un pueblo ingenuo, sencillo y rectilíneo que le tributa con admirable espontaneidad diciendo: “Ese hombre debe ser bueno y sabio”, y sin duda tenemos la obligación de serlo justificando la intuición de los humildes. ¡Pobres de nosotros si no lo entendemos así, y no alcanzamos a comprender toda la austeridad moral, todo el elevado lirismo que la toga significa e impone”. De allí que este “imaginario de la toga” siga presente; aun cuando la vestimenta romana ha quedado desplazada en los nuevos tiempos (no así en Europa, o Brasil donde continúa), por “ los trajes” (las camisas, los trajes, las corbatas).

En una investigación más abarcativa sobre distanciamiento judicial, este uno de los ejes con los que me he cruzado, lo que me ha llevado a analizar las posturas y vestimentas en los pasillos judiciales y en las audiencias; es decir, reglas de costura y elegancia convencionalmente aceptadas o rechazadas por el propio medio, y el “efecto” relativo que las mismas pueden llegar a tener como artefacto de “distinción” o presunto signo de elevación de capital social. Para ello he realizado una serie de entrevistas y observaciones de campo interesantes, en las que he recogido algunos datos relevantes para cruzar ciertas hipótesis. De entrada conjeturé que aquellos operadores judiciales con mejor “charme” en alta costura y uso de corbatas con las que visten alcanzan niveles performáticas de alta eficacia frente a los funcionarios judiciales que los convalidan al sentirse parte de una misma estética. Sin embargo algunos aspectos recogidos me llevan a relativizar tal hipótesis: “Mirá, acá vienen abogados que visten muy mal, traen trajes viejos, sucios. El fuero penal provincial se caracteriza por tener abogados muy mal vestidos y con mala apariencia. Eso no tiene nada que ver que no les demos la razón, aunque muchas veces te confieso es chocante… el tipo puede venir con barba de días, sin corbata, no pararse cuando entran los jueces, eso te predispone mal ante ese tipo… que encima ya todos lo conocemos por la fama que tiene” (entrevista a un juez). Como vemos, el sistema de justicia clasifica a los abogados que conoce, y ya sabe sus prontuarios y maneras de ser-presentarse en las audiencias. Si bien es una impronta negativa de entrada, no es determinante, en la decisiones de los jueces.

Las reglas de etiqueta muchas veces tienen una historia dentro de ciertas instituciones, pues los insumos vienen de afuera, y los tiempos actuales ponen en crisis el “aura de los ambos a medida”:“Vengo atendiendo a abogados desde hace cincuenta años, todos trajes a medida. Los jueces y abogados más conocidos de La Plata se hacían los trajes conmigo, sus hijos también son mis clientes hoy… acá tenemos las mejores telas, sedas importadas que en las casas de modas no se consiguen… pero viste que ahora están esas casas Johnson en donde un ambo te sale dos mangos, pero es una tela berreta y los ambos se te rompes todos, todos los trajes son iguales, no hay detalles, no hay medida… el abogado que va a comprarse un traje a esos lugares no sabe nada, no se da cuenta que en la justicia todos se fijan como le calza el saco, la forma de la corbata, la caída del pantalón… acá viene gente por recomendación, si no venís por recomendación yo no te visto… las normas de etiqueta de hace treinta años se están perdiendo lamentablemente, pero por suerte algunos se siguen fijando en estas cosas… hay abogados que perjudican a sus clientes si no se fijan… mirá te digo algo, en la justicia federal, si vos no sos un tipo elegante, a medida, olvidate que te atienda el juez, o la gente de la mesa de entradas te trate como es debido, se fijan en eso, un buen abogado es un tipo perseguido por un sastre…” (sastre muy conocido del ámbito judicial). La etiqueta “artesanal”  pareciera encontrarse en tensión con la etiqueta “industrial”, al menos esa es la queja del sastre que con los años ha venido perdiendo clientes desde que compite con los trajes seriados, que “pierden la medida”. La reproductibilidad técnica de la costura, hace ingresar la “homogeneidad” en la vestimenta y en los cuerpos: “todos los trajes son iguales, no hay detalles, no hay medida”. La mención de la justicia federal, deja entrever una percepción de exigencia más rigurosa en la disposición normativa de etiqueta y distinción, es decir más alta que el de las reglas de etiqueta de la justicia local; aunque esto sería relativo, desde que muchos de esos abogados litigan en ambos fueros a la vez.

La relación entre la alta costura y el capital social son aparatos de percepción y distanciamiento de la propia cultura leguleya con una prosapia antiplebeya. La percepción de la antigua toga sigue estando presente como toma de distancia por obnubilación en sacramentos y púlpitos. Ahora bien, hay abogados que he entrevistado que ponen en duda cierta cuestión de rigurosas etiquetas, lo ven como un tema en crisis: “… Mirá, yo me visto con trajes, porque me compro dos o tres ambos por año, pero también compro sacos y camisas, corbatas por separado. Las voy alternando un día me pongo una camisa y un saco elegante sport, con pantalón pinzado y cinturón de cuero, mocasines, etc. Otro día me pongo un ambo de un color, y así. Alterno mucho. Le doy bola a la pilcha porque es fundamental, y además me gusta. Mi viejo que era abogado engominado, siempre perfecto en los trajes, me decía, un buen abogado se sabe vestir, y brilla. Pero te digo que últimamente la cosa es más flexible, yo suelo ir a las audiencias sin corbata, pero con una camisa de muy buena marca, con un pantalón de vestir y saco de color a medida. Los jueces no te miran mal, porque te conocen, y saben que sos un tipo de familia, de buen vestir, y seguro que ese día quisiste ir más holgado, y eso te lo respetan… sabés que pasa, en el fondo lo que importa es la percha…” (entrevista abogado). En esta entrevista a un abogado reconocido de los pasillos judiciales, perteneciente a familia con vínculos en la justicia, se advierte un “permiso de etiqueta”. Es decir, aquellos abogados que traen-vienen acompañados de un capital social adquirido por herencia, no tienen un “deber” de etiqueta igual al que podría tener un abogado desconocido (ya hemos visto la opinión del juez al respecto de los abogados desconocidos o los conocidos que se mal-visten). En todo caso, hay -en estos tiempos- un cierto permiso de “flexibilidad”, siempre y cuando respete la tradición familiar leguleya y no la eche por la borda poniendo en crisis la convencionalidad. Es decir, el propio sistema da por descontado que la herencia le asegura a ciertos abogados (en este caso el hijo de otro abogado, ese sí fanático de las corbatas y trajes) un reservorio de gusto sofisticado en la alta costura, aun cuando la descendencia no lo sepa aprovechar, o lo flexibilice un poco.  La frase “en el fondo lo que importa es la percha…” resume el imaginario de este abogado con abolengo judicial, la negación o invisibilización del capital de costura, y la exteriorización de su capital social que da por sentado su capacidad de disposición hacia la etiqueta, sin hacer esfuerzos. A diferencia de otros abogados, que por carecer de esa herencia, deberán hacer un esfuerzo por demostrar “lo que está encima de la percha”, ostentar hasta “subrayar” que tienen un buen vestir, para así ocultar “la mancha” de su capital social: “… acá vienen varios abogados vestidos con trajes de las mejores marcas de las casas de alta costura extranjeras, vos los ves, incluso sobresale el pañuelito del bolsillo, sabés que pasa, por más que se pongan un traje de varios miles de dolares, esos tipos chorrean grasa por todos lados, uno de esos abogados es  muy conocido… igual acá vos tenés gente que se deslumbra con esos tipos, pero esa gente es nueva, los que conocemos el pasillo de tribunales sabemos cuando un tipo es pura apariencia, es un tipo de baja estofa, encima te cobra caro, tiene un super auto, y como abogado es malísimo…” (de un empleado de mesa de entradas). La mancha del capital social no puede taparse para los empleados de la justicia que tienen experiencia, porque conocen las reglas de etiqueta, y se dan cuenta cuando un abogado utiliza demasiadas artimañas para pretender ocultar su origen. A diferencia de los nuevos empleados que -según los viejos empleados- se dejan obnubilar y no alcanzan a percibir el verdadero estatus de los abogados que visten con trajes excesivos (alta costura – baja costura). La idea de “grasa” (kitsch) es muy ilustrativa, pareciera que hay una contradicción entre el traje y la persona,  la necesidad de “subrayar” la alta costura es un esfuerzo por pertenecer ante la mirada de los novatos y incautos clientes, no la del viejo empleado que ya conocería las artimañas de los abogados para engatusar con las apariencias. La cuestión siguen siendo aquellos abogados que, desconocidos, saben vestir moderadamente para el sistema de etiquetas y no generan una contradicción excesiva entre el capital social y el sistema de etiquetas que asumen (abogados discretos). La armonía parecería bien vista, en este caso (homología armónica: alta costura y alta cultura). Pero también están los abogados de alto encanto (abogados top, “chic” charme)  “… hay abogados que se nota que tienen clase, y además cuidan su clase con unos trajes increíbles. Siempre impolutos. Siempre un traje distinto para la ocasión. Claro que es gente que posee mucho dinero y además tienen una buena educación… Algunos utilizan estilográficas de oro, o vienen acompañados con otro abogado que le hace de ladero, y no está tan bien vestido como él…” (de entrevista a un juez). Pareciera que este juez se deslumbra cada vez que atiende a este abogado. Pareciera como la disposición de la justicia hacia este tipo de modales es de absoluta “simpatía” y atracción (nuevamente alta cultura – alta costura). La disposición natural (convencional) hacia la recepción de este tipo gusto refinado (al creer del juez) podría suponer algún tipo de influencia sobre los temas a decidir (aunque esto es una conjetura, en la practica, puede que esto no se de. De hecho no siempre se da).

Ahora bien, qué ocurre con los los gestionadores de esas mismas reglas, los jueces, pues son ellos los que las aceptan o rechazan: “…Hay jueces que también visten mal, son zaparrastrosos, pero como son jueces se les perdona… los que no se lo perdonan son sus propios jueces colegas, los que muchas veces tienen que sentarse con ellos en un tribunal, entonces se miran mal entre sí… a mí me tocó ir a un juicio de varias jornadas donde se notaba que un juez tomaba de mas por la noche, y a la mañana venía con resaca o tenía mal aspecto, era como que se dormía, cabeceaba, y los otros jueces le hacían señas, todos los días vino al juicio con la misma camisa… uno es abogado y no les va a decir nada a los jueces porque son jueces, pero un juez no puede tener mal aspecto, tiene que cuidar su figura, está bien que entre los mismos jueces se llamen la atención…” (entrevista abogado) Resulta interesante la alusión de este abogado, especialmente desde que tiene en cuenta una suerte de autocensura o autocontrol por espiritu de cuerpo hacia los modales y formas de presentarse. La anécdota recuerda a aquella imagen del pintor R. Daumier, en la que el juez duerme mientras se lleva a cabo el juicio y el abogado alega. Son los jueces quienes regulan el sistema de etiquetas a la hora de medir si los abogados se paran cuando ellos ingresan, toman la palabra solo cuando se les permite,  hacen silencio cuando se les exige; y llevan corbata cuando todos la llevan. Las reglas de etiqueta ante la corporación judicial son costumbres silenciosas, no están escritas en ninguna ley; pero todos las suponen conocidas. No es lo mismo el atuendo del reo o del defendido, que el atuendo del abogado o del juez. Cada uno ocupará un rol previsto, y cada uno respetará un sistema de expectativas y convenciones para el que fue entrenado. La negociaciones de este sistema de reglas se juegan en la practica como una obra de teatro en la que los jueces tienen la función de aceptarlas o rechazarlas. “Me ha tocado que vine al juzgado sin la corbata y el juez me pide que la próxima vez la traiga, porque en la mesa de entradas los oficiales mayores tenemos que tener corbata; los abogados tienen que tener corbata, porque los jueces usan corbatas. Es una cuestión de respeto. Yo no le exijo a los meritorios o a los empleados que no son abogados que las usen, pero si sos oficial primero la tenés que usar, aunque parezca todavía una antigüedad…” (oficial mayor de un juzgado). El sistema de etiquetas se reproduce hacia dentro del sistema de justicia, y por jerarquías, a más altura en el cargo, más exigencia en las formas de presentarse, aun cuando todavía sientan que se trate de un anacronismo, los jueces llaman la atención a aquellos que tienen responsabilidades, si no se muestran presentables ante el público. El “deber de respeto” pareciera ser parte del juego de las corbatas y las florituras de las mismas que no debe perderse. Los colores de los trajes no parecen ser algo fortuito, sino algo que la propia moda o convención también aprueba: “Antiguamente se usaba mucho el negro, los abogados de antes eran trajes de un mismo color, negro oscuro, también el marrón es bastante conservador, o el saco blanco, los tiradores, el jacket… Ahora se usan muchos colores, el beige, el verde, el saco a cuadros, se mezclan tonalidades, las corbatas son chillonas, la informalidad es más notable, lo que pasa es que si vos tenés mal gusto se nota, si no sabés combinar, los demás te van a decir, ahí viene el loro, el tucán… Los tipos que se saben vestir, usan pocos colores, tienen discreción y buscan el tono favorito, esa es la gente que a mi me gusta vestir…” (entrevista al sastre)

También resulta interesante que en este sistema de expectativas, el juego de las etiquetas predomina hacia una disposición “masculina”. De hecho la toga romana no tiene sexo. A las mujeres abogadas se les suele permitir mayor flexibilidad y relajo en las formas de etiqueta. Aunque lo que no se les permite es la falta de recato y discreción:  “acá las abogadas suelen venir con polleras tubo cerradas, con un tajo más bien mínimo, suelen usar trajes a medida, ambos y jackets. Las defensoras oficiales se visten muy recatadas, nada de hacerse las locas… si mostrar un levemente las piernas o un breve escote, la sensualidad pasa por ahí, no en mostrar… algunas usan lentes de pasta como de secretarias y se nota que no necesitan lentes… acá viene una abogada que tiene las mejores piernas que vi en mi vida, todos imaginamos lo que sigue hacia arriba…” (entrevista a un empleado judicial) . Como se puede apreciar, el sistema judicial conserva un patrón de imaginario machista marcado (falocéntrico) respecto de la estética femenina; permitiendo o exigiendo un recato en las formas de mostrarse-vestir que pide a gritos el detalle del escote y las piernas, siempre “hasta ahí”, pero como elemento potencial de seducción o “ratoneo”. Es como si este tipo de reglas de etiqueta impusiera una formalidad vacua de mujer difícil, mujer fatal, abogada de la distancia con lo mundano, pero que cuando entra en el cotidiano no formal pierde el encanto del detalle, se vulgariza.

Algunas Conclusiones:

Hemos analizado algunas entrevistas de las realizadas, a distintos actores, a fin de analizar las disposiciones de abogados, dentro del campo en el que reproducen su actividad. Hemos dicho que las reglas de etiqueta ante y desde la corporación judicial son costumbres silenciosas, no están escritas en ninguna ley; pero todos las suponen conocidas como “habitus” o tradición de campo. Estos temas suelen ser ignorados a la hora de analizar las practicas judiciales, siendo que pueden ser útiles para explicar trayectorias y disposiciones objetivas de posiciones estructurales de determinados campos de acción (campo judicial). Hemos elegido “la costura” de los abogados dentro del Sistema Penal, en tanto es un lugar interesante para percibir cómo el gusto se evidencia en las interacciones (y cómo son imaginadas por ciertos actores), y sobre todo en cómo éste permite apreciar el fenómeno de la distancia y el sistema de expectativas dado (costura/cultura- alta/baja), cuando estos actores lo atraviesan; ya sea adaptándose o poniéndolo en crisis (subvirtiendo). Las entrevistas dejan entrever cierta complejidad en la cuestión, y aquella propia hipótesis que postulaba que los operadores con mejor costura alcanzan mejores niveles performáticos, debe quedar desplazada por otra que supone mayor índole de pertenencia-aceptación a un espíritu de cuerpo (en la relación cultura-costura que sea, alta o baja, o viceversa), y en todo caso, el tipo de acumulación de clientes obnubilados ante esas tecnologías; pero no por ello efectividad en los planteos que se realizan.

BIBLIOGRAFÍA

– El Alma de la Toga, Edit La Ley, 1965.

– Luis Felipe Millán, El vestuario, una breve historia en la trasesena. En Revista Colombiana de las Artes Escénicas Vol. 2 No. 1 enero – junio de 2008. pp. 118 – 121.

– Roland Barthes, el sistema de la moda y otros escritos. Paidos, Bs. As. 2003. – Deslandres, Yvonne, El traje, imagen del hombre. Edit. Tusquets. 2005.

– La Sociedad Cortesana, Norbert Elías. FCM, 1996.

– Pierre Bourdieu, El sentido social del gusto”, elementos para una sociología de la cultura. S. XXI. 2010.

– Pierre Bourdieu, Espíritus de Estado. Génesis y Estrutura del campo Burocrático. Edit. Anagrama, 1997

– Pierre Bourdieu, La distinción. Edit. Taurus, 2011

– Pierre Bourdieu, Alta cultura baja costura, 2002, Sociología y Cultura, Mexico. Grijalbo. (pag 215/221)


[1]    Fragmento Tesis para Magister Ciencias Sociales, UNLP.

LA ESMA, LA MANO EN EL ATRIL (MÁS ALLÁ DE LA SACRALIDAD)

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Los lugares de la memoria son lugares de futuro, de proyección. La ESMA es lugar de la memoria de las nuevas generaciones para no repetir la ESMA. Un mundo en construcción y la complejidad en la representación del horror más palpable de nuestro país. El ingreso al predio por parte de los organismos de DDHH el 24 de marzo de 2004, fue un momento de algarabía. Nosotros estábamos ahí como hijos. Nuestras abuelas, nuestros hermanos, compañeros. El recuerdo de Néstor Kirchner hablándonos. Nadie repara en la imagen del el brazo del ex presidente apoyado sobre el atril mientras se dirigía a nosotros. La mano se retuerce sobre la madera, el hueso de la mano puja hacia abajo, resbala, y vuelve a apoyarse, y nuevamente coloca la mano y así sucesivamente. El gesto, el detalle da cuenta de un cuerpo tensado, descolocado en una interioridad extraña, expresa dificultad, dolor, fuerza. La especulación es imposible en ese gesto. En ese gesto estaba el lugar de la ESMA para el proyecto que nació.

En el año  2010 un conjunto de hijos fanáticos de la poesía, armamos una antología que se llamó Si Hamlet duda, le daremos muerte. El Ecunhi, un espacio de Nuestros Hijos y desde los hijos, nos abrió las puertas. Dándole vueltas a la idea Adorniana, pensamos entonces escribir poesía antes, para, con y más allá de la ESMA, pero desde ella. Cincuenta y dos poetas nacidos entre 1970 y 1990 leímos en voz alta para que las paredes escuchen, lleven nuestra impronta. Pero poesía y memoria siguió en 2011 con la reedición del libro de Ana María Ponce, versos escritos en cautiverio y reeditados en la ESMA como libro; pero también Joaquín Areta, desaparecido en 1978, devorado por las entrañas de la ESMA, rescatado ahora como poeta por el proyecto Memoria en Movimiento, gestado en ese mismo lugar. Devenido vida escrita, recuerdo en proceso, pues no sé si es sacrílego beber una copa de vino en la ESMA, pero sé que brindamos luego de recitar a los poetas tragados por la ESMA, y que no pudieron ser.    

La recuperación de la ESMA es también la recuperación de los poetas que no pudieron ser. Es la recuperación por parte del Estado de la poesía que no pudo ser. La poesía como lenguaje y como historia. Con el entusiasmo de los poetas y de los hijos-poetas en la ESMA recuperada por el Estado, por decisión del Estado, ¿o la sociedad le pedía a gritos a Néstor Kirchner que recuperara la ESMA para la memoria?

En los edificios de la ESMA –hoy Espacio Para la Memoria y los Derechos Humanos (ex ESMA)- hasta 2004 continuaba, de cara a la sociedad, una educación militar que no daba cuenta ni hubiera dado cuenta de lo allí sucedido. Cuando el ex presidente Kirchner recuperó la ESMA, cuando bajó los cuadros en el Colegio Militar, plantó al Estado en la memoria del período más atroz de nuestro país, e interpeló a la sociedad y nos interpeló a nosotros, familiares y sobrevivientes.

Y nos sigue interpelando hoy sobre cómo transitar ese Espacio para la Memoria. Como poetas creemos que ese tránsito debe darse en la recuperación continua, en acto, recuperación que también es celebración. Que no puede ser otra cosa que celebración porque la celebración es un reencuentro.

 Los hijos y poetas e hijos-poetas que presentamos la antología Si Hamlet duda le daremos muerte, discutimos la literatura y la política ahí, celebramos ahí y celebraremos ahí cada vez que celebremos la memoria. Sabemos que la memoria es presente, presencia. El terror por un brindis (en el marco de la presentación del Plan Estratégico del Ministerio de Justicia, hecho para todos los trabajadores del Ministerio y no para veinte funcionarios, como dijo ese día Alak) es la profunda ignorancia de la celebración de la memoria.

Entonces, el ¿qué hacemos con la ESMA?, retorna como una operación canalla, pues desde 2004 a 2012 el predio tiene un trabajo complejo y un avance concreto. Aunque la pregunta sigue abierta, y no tiene porqué volver a fojas cero. Los medios hegemónicos, a partir de un hecho, retrotraen el nivel de la discusión e invisibilizan el trabajo realizado para introducir el falso dilema de la sacralidad y la profanación. La pregunta por la ESMA no es la preservación “sacra”, en todo caso es la pregunta por la no repetibilidad de ese lugar en el futuro (la imposibilidad de una ESMA futura); y ello requiere un trabajo y esfuerzo político permanente, tal como el que se expuso este fin de año.

Julián Axat, hijo de desaparecidos, poeta y defensor oficial.

Emiliano Bustos, hijo de desaparecido, poeta y trabajador del Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA).