“Cuando las gasolineras sean ruinas románticas” Por María Ester Alonso Morales

“Cuando las gasolineras sean ruinas románticas” de Julián Axat

ruina gasolinera 1

 

Axat es un poeta que deambula por gasolineras en ruinas. Viajando en el tiempo visita el pasado, vislumbra el futuro.

En un tono cálido, personal e íntimo él escribe este diario poético donde verso a verso va abriendo su pecho desplegando su mundo interior, buceando en su “Weltinnenraum” haciendo caso de este modo a las recomendaciones de Rainer Maria Rilke en sus “Cartas a un joven poeta”.

Así es el hijo que baja de una nave y echa lágrimas en la lluvia.

Es el padre de una niña de siete años que encuentra el “armapoesías” perdido y dice “…viste que ya soy poeta…”.

Es el nieto de Gelman exclamando “¡Oh abuelo y vos padrecito a reescribir! ¡Contra qué o quién escribir!”.

Y a veces se convierte en su propio padre desaparecido -a su misma edad- y conversa en la cafetería de una estación de servicio con “el Negro” sobre la derrota, pensando que el futuro como decía Walter Benjamin hay que inventarlo.

Axat continúa su viaje viendo pasar las ruinas románticas de las gasolineras, restos de civilizaciones perdidas.

En un alto hace un “Inventario bolañano luego del divorcio” donde unas de las cláusulas es “———QUEDATE CON——QUE-DATE CON TODO———NO—— CON ESTO…”

Porque la poesía no se negocia en Juzgados de Familia.

En “Poema para lxs que se enamoran de los poetas & viceversa” el deseo es un abismo de sed. Sed que se apaga con el agua de los labios. Y nos recuerda a Adela de Federico García Lorca cuando dice “mirando sus ojos siento que bebo su sangre lentamente”.

En esta poética a pesar del dolor y la tristeza hay esperanza porque “Cuando se muere un poeta peronista” canta un ruiseñor anunciando la llegada de tiempos mejores.

Más adelante Axat sueña con el cuadro de Klee y se pregunta “cuántos son los muertos que se apilan en los pies de la Historia/ cuál es supeso/ su posible gravamen/ la dimensión de sus rostros”. Para concluir que “Los muertos no se despiertan ni se vengan/ siguen al pie de la historia acumulados”.

Pero el poeta ya no está solo, ahora comparte el “peso formidable” con sus hijas buscando en la noche cierta luz” Algo que se apagó hace tiempo pero que sigue encendido/ el dínamo espectral del universo mira a los desheredados/ & todavía/ a pesar de todo/ desde aquella estrella/ exigen un legado”.

Casi al final del poemario el autor observa detenidamente la fotografía en blanco y negro de suspadres 42 años después y se pregunta “¿Qué dirán de la falta de rayo de mi generación?/¿Y si toda la tristeza de esos años se perdiera en nosotros?”.

El rayo —definitivamente— no cesa y como todos los días Axat sigue por la autopista de la vida rumbo a Buenos Aires.

María Ester Alonso Morales, Hamburgo 8 de junio 2019

El Hugo “Beto”

hugo beto

El Hugo “Beto

a Victoria Irene

 

En el medio de la pesadilla

en lo profundo de la noche

está Freddy Krueger

y todos los niños muertos

los que salen de su cuerpo derretido

brazos y piernas atormentados

cabezas deglutidas

manos con marca de estigma

el camposanto de la tierra yerma

 

¿se puede fotografiar la cara de toda

una generación de niños

reclutados y luego asesinados?

 

Uno de esos niños es Hugo Beto

cuya inocencia violada es el desacato del Padre Lombroso

de todos los terrores nocturnos infantiles sublimados

el espejismo de cierta inocencia mártir tercerizada

 

En todos los tiempos

los perpetradores

son coleccionistas de almas en los rostros

pero especialmente en estos tiempos

que la vecindad paga cuotas altas

para asegurarse el pseudo paraíso de su propio sacrificio

y luego mirarse

en una imagen

que ya no es suya

 

(La historia de Hugo Beto: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/hugo-beto-el-hombre-condenado-y-anorado-nid943945 )

 

 

La colección Los Detectives Salvajes (2007-2015) – Poesía, política y memoria en la Argentina reciente- Por Emiliano Tavernini

La tesis del Mag. Emiliano Tavernini, aborda la colección de poesía Los Detectives Salvajes (2007-2015) de la editorial platense Libros de la Talita Dorada, poniendo especial énfasis en las expresiones poéticas de hijos e hijas de militantes setentistas que componen el catálogo.

Por lo tanto, se aborda en una primera etapa el contexto editorial en el que se inserta el proyecto de la colección –de recuperar la poesía escrita por militantes políticos desaparecidos o asesinados por el Estado genocida-, estudiando sus características particulares y las continuidades y discontinuidades que establece con respecto a la edición de poesía durante la década previa.

Además, se analizan las tensiones que produjo al interior del campo de la poesía la formación cultural nucleada alrededor de Los Detectives Salvajes, reponiendo las intervenciones públicas y las polémicas internas y externas.

En un segundo momento, realizamos un análisis crítico de los poemarios de hijos e hijas publicados en el catálogo (Juan Aiub, María Ester Alonso Morales, Nicolás Prividera, Julián Axat, Emiliano Bustos y Pablo Ohde), con el fin de caracterizar estas producciones como un corpus histórico emergente identificable de manera más extensiva alrededor del año 2007.

El fenómeno a estudiar cruza los campos de los Estudios sobre memoria, los Estudios culturales, los Estudios sobre la edición, la Crítica literaria y la filosofía, motivo por el cual proponemos un punto de vista transdisciplinario que implica una mirada compleja de la relación entre las prácticas editoriales y poéticas y el proceso político social en el que se sitúan.

 

Para acceder a la tesis: http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/75218/Documento_completo.pdf-PDFA1b.pdf?sequence=1&isAllowed=y

 

JULIÁN

Nacio

JULIÁN

                                                            Por Enrique Schmukler

Estábamos en el homenaje a los desaparecidos que en el año 96, por septiembre creo, hicieron en el patio del Colegio Nacional. Es triste el patio. Cada día de la primavera los pelotones de egresados pintan sus nombres con la ilusión de un minúsculo porvenir sobre cada laja del piso, pero al año siguiente otros más jóvenes, más alegres y con una pintura más espesa, los cubren, los hacen desparecer a casi todos. Hacía dos años que habíamos egresado Julián y yo del colegio y ya dos generaciones nos habían barrido de las lajas. De los nombres, tengo nada más el recuerdo de unas letras pintadas en color amarillo.

Había mucha gente entre el público y de pronto Lucía García, me acuerdo muy bien de ella porque había sido compañera de mi hermana Julieta en la secundaria y también, creo, como yo, estudiaba periodismo (o no, pero siempre la veía en los pasillos de la Facultad de calle 44 con los de la Haroldo Conti), desde arriba del escenario de tirantes instalado cerca de los baños que dan al área de física, Lucía García, que más o menos para cuando yo me vine a París se fue a vivir a Brasil con un novio matemático y hacía no mucho había sido una de las fundadoras de HIJOS, micrófono en mano, dijo: entre otras cosas que todos aquellos que lo desearan podían subir al escenario a decir lo suyo.

Entonces Julián, indómito –esta es una palabra que le encanta, que en sus libros siempre aparece–, indómito y salvaje podría agregar, pero discretamente, se fue desplazando hacia el escenario. Como el observador de ojos maliciosos que soy, un tanto perdido y al mismo tiempo presente, yo avanzaba detrás de él en mi impune segundo plano. Dejamos atrás algunas sillas ubicadas en fila para la ocasión y nos detuvimos sobre la margen derecha del gentío.

En verdad no creía que nos acercáramos por eso. Suponía que no se animaría aunque el verbo es impertinente. No, animarse, no. Simplemente lo conocía. O lo leía desde mi confusión de esa época y me confundiera al pensarlo. Suponía que no le interesaría subir al escenario y hablar ante la multitud. Que no era su estilo. O que pudiendo formar parte de su estilo, su inteligencia, su compleja inteligencia no le permitiría decir algo perceptible para la multitud.

Hubo de mi parte un segundo de distracción. Lucía estaba de pie en medio del escenario secundada por otros Hijos. Comenzó a decir:

–Ahora les quiero presentar a un compañero, a un Hijo como nosotros… que también es egresado del Colegio… Julián, a ver, haganlé paso a Julián.

Julián se hizo paso entre el grupo de laderos de Lucía, tomó el micrófono y habló. Me acuerdo perfectamente lo que dijo porque fue en cierta manera escandalizador. Bochornoso. Pero de un modo raro. Una frase corta. Me corrijo: más que una frase fue una fórmula. O más que una fórmula, el resultado de una fórmula. Mi sensación fue que se trataba de una fórmula complejísima y subversiva que sólo en apariencia, por el resultado, parecía simple.

Dijo:

–Sólo decir que nunca fui yo… sino ellos.

Acto seguido devolvió el micrófono y se bajó del escenario. Yo comencé a regocijarme por la evidencia incontestable de que nadie comprendiera un pomo y en eso lancé una mirada especular. Vi ex-alumnos de generaciones más grandes, padres de familias o quizás abuelos ya cruzar miradas incrédulas. Puede que me causara gracia lo que no debía, y que mi reacción fuera inmoral. Lo cierto es que reía.

Julián me buscó entre la gente y vino a mi lado. Nos quedamos de pie sin decir nada. En el escenario una banda de rock adolescente comenzaba a instalar sus instrumentos. Detrás, Lucía García y su mirada extraviada por la impotencia en el intento de completar el espacio en blanco que había dejado Julián tras su paso. Creo que tosió dos veces antes de volver a tomar la palabra.

–Luego de las palabras del compañero… esperaremos a que los chicos terminen de enchufar los instrumentos. Son alumnos de quinto año del Colegio Nacional. El grupo se llama Don Otario. Van a hacer covers del rock nacional.

Al terminar de decir eso se movió hacia un costado. La banda comenzó por una versión de “Heroína”, de Sumo.

Para mí el homenaje no daba para más (su sentido había sido clausurado por la fórmula ¿desquiciada? de un hijo de desaparecidos). Sin embargo, nuestra salida se vio demorada por un hombre con barba candado y el típico aspecto de militante setentista en épocas menemistas. Le habló a Julián:

– Yo fui compañero de secundaria de tu viejo, ¿sabés? Podrías haber dicho algo más… qué sé yo… emotivo.

Yo no creía estar riendo ya en ese momento. Igualmente, el pelado me increpó.

– ¿Vos de que te reís? –me miró. No dije nada.

Luego dio media vuelta y volvió a donde su esposa los esperaba con un nene en brazos.

– Entiendo –dijo Julián.

Pero no me lo dijo a mí ni se lo dijo al compañero de secundaria de su papá que ya no podía escucharlo. Se lo dijo a él mismo y al mismo tiempo dudo que fuera una respuesta. Dijo: “entiendo” robóticamente. A nadie.

Con el bullicio creado por los rockeros novatos de fondo llegamos al puestito de hamburguesas emplazado a las puertas del Colegio. Bajo la arboleda de tilos, era célebre el polígono de chapa verde no por las hamburguesas que ahí se cocinaban, sino porque el tipo que atendía, al menos en esa época, vendía marihuana fuera del horario de clases. O quizás únicamente a nosotros, que éramos fumadores precoces, nos vendía marihuana. Nos sentamos a una mesa de acrílico blanco y pedimos una Quilmes.

 

 

Recuerdo una noche increíble. Vestíamos remeras de manga corta y eso tenía un atractivo especial pues era la salida del invierno y se sentía la hermosa frescura de una renovación en la piel. Yo tenía por costumbre, y ya era un hábito inmodificable, una pared solidísima, jamás preguntarle nada a Julián sobre lo que le había pasado a sus papás. No preguntaba porque no sabía qué preguntar. Porque en todo caso ¿qué más había que saber? ¿Qué necesitaba saber yo además de lo que ya era vox populi? Esa noche no fue la excepción, no pregunté sobre lo que había pasado con sus viejos. Pero sí dije que no había entendido un carajo de cuanto había ocurrido arriba del escenario.

– No sos vos… sino ellos… ¿porque no recordás? –pregunté y me arrepentí.

Como toda respuesta se limitó a decir:

– Fue una limadez –y se sonrió.

No sé por qué pero me tranquilicé. En algún instante entre mi pregunta y su respuesta, temí que algo irremediable pudiera ocurrir en la vida futura de Julián y en nuestra amistad. O dicho de otro modo: siempre fue importante para mí saber que Julián se mantenía erguido. Era necesario no sólo para mí, diría para todos tener la convicción de que no se quebraría por nada del mundo. Se trataba de mi reaseguro. Julián cumplía el rol de guía explorador en mi vida y no podía flaquear. ¿Qué podía llegar a quebrarse para siempre? No lo sé. Pero al mismo tiempo no me podía sacar de la cabeza aquello que había pensado. Lo entendía o creía entenderlo recién en ese momento: no tenía ningún recuerdo de ellos. Si no tiene recuerdos es lógico que él fuera ellos. Todo eso pensé en ese instante y volví a arrepentirme de haber llegado a esa misma conclusión. Pero no dije nada. Me atuve, como se dice, a las consecuencias.

Debí anticipar o sospechar que Julián no iba a dejar que aquella fuera su última respuesta. Entonces dijo que tenía un sueño que volvía una y otra vez desde que era chico.

– ¡¿Desde cuándo?!

– Desde quinto grado. Pero no siempre –insistió

Yo pensé en quinto grado y me di cuenta de que fue en ese momento que nos hicimos amigos, Fran, él y yo, que antes no éramos amigos. Íbamos al mismo grado de la escuela Anexa pero no éramos amigos. En cualquier caso, el 87 había sido un año soleado de enero a diciembre. Pensé en los skates y en una herida de diez puntos de sutura debajo de mi rodilla derecha. También en lo mucho que me gustaba Luciana Pagani en quinto grado. Luciana, cuándo no, había sido novia de Julián, pero en séptimo.

Entonces Julián tocó por primera y única vez el único el secreto, quizás. Y lo develó esa noche luego de un homenaje impersonal a los desaparecidos de nuestro colegio secundario.

– Es un sueño no muy original… –me advirtió apenas–. Estoy en el departamento de mi abuela Chicha a una edad como de quince años. La impresión es que soy alguien que ya da sus opiniones y que es escuchado. Está mamá y está papá. Y está mi abuela con un bebé en brazos que soy yo. Es la noche en que los chupan, de eso estoy seguro. Yo miro a mis viejos pero ellos no me miran. Fuman nerviosos y apenas, de cuando en cuando, se ponen de pie y lanzan miradas por el balcón. Yo siempre veo ese balcón y pienso en tirarnos. En que si llegaran a irrumpir los milicos por la puerta de entrada nos podríamos tirar todos por el balcón y yo, en el sueño, sé que no nos moriríamos. Que a pesar de ser un séptimo piso caeríamos de pie mis papás, la abuela conmigo en brazos y yo. Zafaríamos y nos iríamos corriendo hasta el presente. Pero en el sueño nunca pasa eso. Lo que pasa es que mientras mis viejos deliberan (a veces veo dos revólveres recostados sobre el cubrecama), yo me preocupo sobre todo por mi abuela Chicha y por el bebé. Es más, a veces, mis viejos me piden opinión sobre qué hacer, como zafar de los milicos y yo en cambio digo o creo que digo cosas sin ganas y me vuelvo hacia donde está mi abuela y hacia donde estoy yo. Eso pasa en todos los sueños, irremediablemente. Lo que más me gusta es que mi abuela está recontenta y yo a veces logro no estar preocupado. Como si fuera un problema real, pero no tan grave. Económico. Como si a mis papás los fueran a echar del trabajo o ya los hubieran echado y no que los fueran a chupar para siempre. Pero entonces caen los milicos. Pero en el sueño no se manifiestan. O yo no los veo. Pero sé que cayeron. Que en la habitación de mi abuela está pasando algo terrible mientras yo me escondo con el bebé en brazos en un armario de la cocina donde se guardan las escobas. Entonces, sí, sé (no los escucho) que mi abuela pega dos o tres gritos. Después nuevamente la calma. Salgo del armario acaricio al bebé y mi abuela me dice: “Ya pasó, Julián”.

Julián se frenó de pronto y yo serví más cerveza. Como no recomenzaba y me parecía que le faltaba algo al sueño, le pregunté.

– ¿Y después?

– Y… se termina el sueño. Me despierto ¿Qué más querés que pase?

– No sé, creía que había algo más

– No –me dijo serio– en general es eso lo que pasa. Yo no tengo recuerdos de mis viejos pero tengo ese sueño.

– ¿En general?

– Sí. Tiene pequeñas variaciones. Hay veces en que el sueño sigue un poco más. Yo salgo a caminar indómito por la calle nocturna con el bebé en brazos y trato de buscar un banco para sentarme. Termino en la plaza Moreno que queda a dos cuadras y me siento en un banco. Entonces, a veces, dejo el bebé sobre el banco y me escapo corriendo yo también

– ¿Y a dónde te vas? –le pregunté.

– No sé –me dijo y miró en dirección a la avenida uno, desierta.

No dije una palabra durante un lapso prolongado pues no sabía qué agregar. Así y todo el sueño seguía pareciéndome inconcluso. Por no insistir sobre ese punto iba a decirle que hacía un rato me había puesto a buscar los nombres de mi división, quinto octava, en las lajas del piso del patio, pero que no los había encontrado porque ya había otros nombres. Le iba a preguntar si él había encontrado su nombre, con los de su división, quinto cuarta, en las lajas del piso, pero no alcancé a decir nada porque ya estaba Julián retomando el sueño.

– Me acuerdo… a veces, creo, me voy a las casa de Alicia, mi exnovia, que queda en Plaza Paso. Sí, casi siempre me voy ahí. Pero eso no está muy claro. Y otras veces me voy a una comisaría, ¿no te parece perverso ir a una comisaría? Increíble. Ese es el peor de los finales. Estoy en una comisaría y hay un cana que me habla y me consuela inclusive tocándome el hombro. Y yo, lejos de indignarme, porque la indignación viene cuando me despierto, me tranquilizo, le creo. No sé que me dice el milico pero le creo…

Nos quedamos sin decir nada un momento más. Yo pensé que si ese final no fuera un sueño de Julián, literariamente estaría muy gastado, en efecto no funcionaría por nada del mundo. Pero era así, pasaba.

– Lo más vomitivo es que en el sueño el comisario me habla como si fuera un padre, con ese registro tranquilizador.

Julián se sonrió como con vergüenza.

– Misterios del inconsciente, Quique –dijo y bajó los ojos. Luego tomó el vaso e hizo el ademán de un brindis.

No sé por qué yo seguía un poco decepcionado con al historia. Debe ser mi petulante personalidad. Julián me preguntó si había algo para hacer esa noche. No sé, contesté, caminemos por ahí. Después agregué que por qué no llamábamos a Fran, que él siempre estaba al tanto de algo. Dijimos que sí con titubeos porque la verdad ya era muy tarde y Fran vivía con la mamá.

Antes de que se perdiera definitivamente la conversación volví a preguntar:

– ¿Y desde quinto grado que soñás eso?

– Sí –contestó.

– Desde el ochenta y siete –dije yo–, el año en que nos hicimos amigos.

– Sí, desde el ochenta y siete –coincidió–. Once años.

– ¿Y te gusta?

– ¿El sueño?

– Sí.

– Me gusta y no me gusta. Lo que me gusta es que a la mañana siguiente me levanto con ganas, contento.

Como seguía insatisfecho iba a preguntarle si en general se levantaba triste o si cuando el sueño terminaba con el afecto paternal del comisario abría los ojos al día también contento, pero ya la iba muy de psicólogo. Así que desistí. Además ¿quién se levantaba contento? Pedimos dos cervezas más y las bebimos despacio. A las doce cerró el puestito verde. La noche era un buen lugar para descansar. Despacio dejamos nuestras sillas de plástico y nos pusimos a caminar rumbo al centro por la calle cuarenta y ocho.

 

ADELANTO DEL PROLOGO A MI NUEVO LIBRO “CUANDO LAS GASOLINERAS SEAN RUINAS ROMÁNTICAS”

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Cuando las gasolineras sean ruinas románticas; poesía, justicia, instante, futuro (anotaciones)

 

En un amanecer quieto

se desgarra el temporal.

Fluye ansioso

masacrando las cavernas de mis huesos

Luisa Marta Córica

 

Tomo como punto de partida el prólogo que Julián Axat escribió para uno de mis libros,[1] y especialmente la imagen utilizada por él, la escultura de Bernini que representa a Eneas huyendo de Troya. Eneas carga a Anquises, su padre, y a Ascanio, su hijo. Con el peso de la historia y el futuro, sin embargo puede huir. Como imagen, la escultura de Bernini es útil hacia el interior de la discusión respecto de la memoria, los hijos, los poetas hijos y, en general, para pensar el lugar del poeta frente a las generaciones anteriores, frente a los contemporáneos y el futuro. Hay un coro que parece reclamar: “¡Siempre miren a Anquises!” Y otro: “¡Sólo sean Ascanio!” Eneas también tiene sus partidarios. Personalmente, creo que no podemos echar un manto evolucionista sobre estas cuestiones; Anquises, Eneas y Ascanio aparecerán y desaparecerán porque todos, en franca discusión, viven en nosotros.

Junto a Juan Aiub, Axat dirigió durante varios años la colección de poesía Los detectives salvajes, que formó parte de la editorial Libros de la talita dorada, fundada por José María Pallaoro. Desde allí publicaron a poetas desaparecidos y a poetas hijos de desaparecidos; construyeron el “puente generacional” del que Axat habla en sus poemas. Al mismo tiempo, es imposible hablar de Julián Axat sin citar la guillotina (gesto fundacional en palabras de Adriana Badagnani)[2], objeto estrella en la presentación de la antología Si Hamlet duda le daremos muerte, realizada a fines de 2010 en La Plata[3]. En un movimiento súper rápido Axat plantó la bandera “generacional-hamletiana” (junto a Nicolás Prividera) y de ruptura con la poesía de los 90[4].

En el contexto de la poesía argentina reciente, uno de los aportes más significativos de Julián Axat es el de haber creado un “nosotros”, una circulación colectiva de obras y autores, que a su vez se constituyó, al menos por algún tiempo, en un espacio. A partir de la colección Los detectives salvajes, y especialmente de las antologías si Hamlet duda le daremos muerte (2010) y La Plata Spoon River (2014), un grupo de poetas inició un diálogo generacional e instaló un punto de tensión respecto de un estado de cosas en el ámbito literario-poético. Un diálogo entre artistas, periodistas, críticos y poetas emprendido por Axat junto a Aiub y José María Pallaoro, al que también se sumaron Mariano Schuster, Fernando Alfón y muchos de los poetas publicados en la colección, especialmente Nicolás Prividera, que pensó junto a Axat, como ya vimos, la idea de lo hamletiano.

2. Cuando las gasolineras sean ruinas románticas –título tomado de un poema de Ernesto Cardenal- es el noveno libro de poemas de Axat. En cierto modo, resulta menos programático que ylumynarya (Los detectives salvaje, 2008) y Neoo el equipo forense de sí (El suri porfiado, 2012), y podría ser continuidad de Rimbaud en la CGT (Los detectives salvajes, 2014) y Offshore & otros poemas (Ediciones periféricas, 2017). Por lo pronto, retoma el ejercicio de abordar hechos muy cercanos, o inmediatos, recurso presente en sus dos libros anteriores. Los poemas “Gastos de publicidad para la campaña electoral del candidato peronista 2013” (Rimbaud en la CGT); “Prat Gay o Baudelaire” (Offshore & otros poemas); “Raja de mí ese cáliz Rajoy” y “Marielle Franco retorna por la boca de un aluvión”[5] (Cuando las gasolineras sean ruinas románticas) son ejemplos. Escribir tan cerca de los hechos es un ejercicio siempre riesgoso, que Axat, por su insistencia, termina instalando como una manera de ver[6].

Ya en la contratapa de Rimbaud en la CGT leíamos: “El poeta afirma su voz, fija posición en el espacio público”. En este sentido, los poemas del libro parecen instalarse en varias zonas: la política (como ya vimos), la poesía y la justicia, presentes en libros anteriores. La poesía como lugar de discusión generacional, como claramente sucede en “Los nietos de Gelman”, que a su vez resignifica lo que Axat dijo en ocasión de la muerte del poeta[7]: “Los poetas que estaban escribiendo en Argentina pos 2001 / apenas fueron invitados al ágape de tu cuerpo / los verdaderos poetas invitados al funeral eran / los viejos nuevos de los 90´ / La estatalidad murió en ese evento / organizado allá por fines de 2015 en el CCK / & cuya centralidad fueron / los viejos nuevos poetas de los 90´ / todos fueron al velorio / a celebrar la comilona del cadáver”. Pese a las críticas sobre ese conjunto llamado “poesía de los 90”, Axat mantuvo diálogos con poetas y críticos vinculados a la etapa, como Martín Rodríguez y Damián Selci, y ha sido lector de Poesía civil, de Sergio Raimondi. Al mismo tiempo, su mirada sobre el campo poético no está centrada únicamente en la disputa con los 90. Las tensiones del kirchnerismo (como expone el poema sobre la muerte de Gelman), por un lado, y las de los años macristas, por el otro, disparan contrapuestos escenarios de Estado, diferentes preguntas por el Estado, el poder, la política. En “Lapsus por el único ministerio posible” leemos: “Cuando todo estalle no habrá déficit ni riesgo / ni polen ni musgo en las alcantarillas de los alacranes grises / ellos con sus carpetas comenzarán de nuevo a inflar el crédito del porvenir / para que vuelva a estallar tarde o temprano y así un campo de batalla / la pesada herencia de los cautos & ramplones (…) Parece normal que cuando todo estalle / el único Ministerio que quede sea / el de la Poesía”. Y también la autocrítica, más general (suponemos) que personal. Precisamente, en “Autocrítica sin usar Facebook Whatsapp o Twitter” el poeta dice: “Quizás la lucha / la que nos encuentre en la calle / sea / la que corrija / los errores cometidos / Lo que vendrá no puede hacernos chocar / con la misma condescendencia / ni con el eslogan fácil (…) En el barro y en la belleza / en el encuentro generoso / sin aparatos ni demagogia / Nos debemos mirar la cara / y cabalgar de nuevo de la mano”.

Por el lado de la justicia, podríamos decir que Axat se emparenta con la familia de los poetas abogados o jueces, con los poetas atravesados por la justicia como profesión, entre los que podemos mencionar a Horacio Castillo, Rafael Felipe Oteriño y Santiago Sylvester[8]. Pero, más allá del linaje, Axat encarna una idea de “justicia poética” (que tal vez comparta con Guido Croxatto)[9], reflejada en la antología La Plata Spoon River, en donde diferentes poetas tomaron la voz de las personas muertas en la inundación de la ciudad, en 2013, y en varios poemas, como “El niño ininmpunible” (Rimbaud en la CGT). La búsqueda de “justicia poética” que Axat impulsa está condensada en el análisis de ese poema por parte de María Manuela Corral:

Hemos podido observar en el desplazamiento por el poema cómo la poética de Julián Axat es indisociable de su compromiso social como defensor de menores. Su poesía recupera las proclamas vanguardista donde ética y estética conforman una sola cosa y en la articulación Memoria y Derechos Humanos desborda la temporalidad pasado-presente para ahondar en la problemática de vulnerabilidad social. Así, su escritura interviene las formas de expresión como gesto disruptivo que corroe los discursos hegemónicos que cosifican e instituyen a los niños y jóvenes vulnerados como alteridad.[10]

La idea de justicia poética de Axat también abarca a los juicios por delitos de lesa humanidad. En este sentido, el poeta sostiene que el testimonio de los hijos en los juicios ha transformado su propia palabra. En “Los hijos ante la ley. Posmemoria, poesía y justicia”, el poeta sostiene:

El testimonio judicial de los hijos de desaparecidos apunta a una verdad procesal con un sentido final en el sentimiento de justicia; es en cierta forma: “una nueva narrativa de la memoria o de la posmemoria”, pero que impone efectos hacia el futuro (como transferencia generacional), y vuelve a la re-lectura de otros archivos-testimonios no judiciales realizados antes de los juicios y luego de ellos. Hay algo en el espacio público que, en la sentencia sobre los cuerpos, en la indagatoria del verdugo o en el testimonio de las víctimas, modificó el plano de relato íntimo y hasta ficcional, la manera de mirar lo que pasó.

En esta perspectiva, Axat incluye la palabra de los nietos (los hijos de los hijos), como un lugar de futuro para la palabra y la memoria[11].

3. Los libros de Axat suelen desplegar una maquinaria literaria[12]. Lo hace Rimbaud en la CGT ya desde el título[13], y también offshore & otros poemas, en la vuelta a Maiakovski, en el cruce de haiku y realvisceralismo o en el gran poema que es “Spoon River Federico DellaCrocce”. En este libro aparecen Cardenal, Chesterton, Alfredo Carlino, Benjamin, como vimos, Gelman. En “Océano Pacífico 27° 9′ 10” Latitud Sur y 109° 27′ 17” Longitud Oeste”, poema hermanado a “resto iv” de Medium (Paradiso, 2006) se despliegan varios autores: René Daumal, Miguel Ángel Bustos, Olaf Stapledon y Rodolfo Axat, padre de Julián. Esta maquinaria de lectura no es un gesto que redunde en el escritor culto o plebeyo-culto, rasgo común a varios autores de los 90. La cultura, como la justicia, son ofrecidas por Axat para su socialización. Podemos ver ahí una inversión –entre otras- de la cita culta, restringida a un saber previamente adquirido; valor de cambio hasta no hace mucho. En “& el hombre que fue martes” vemos un trastocamiento, una reescritura y puesta en cuestión, que también busca repensar ciertas categorías: “Infiltrar al hombre que fue jueves & viernes & sábado / Infiltrar las novelas de Chesterton con periodismo barato / No leer ‘Los demonios’ de Dostoievski / & desobedecer los panegíricos de Sion / ni ‘La eternidad por los astros’ de Blanqui”. En “Inventario bolañano luego del divorcio” hay un verdadero catálogo de naves[14], del que cito el primer bloque de los tres que conforman el poema: “YO TE DOY A……….César Aira, Isabel Allende, Roberto Arlt, Arquíloco, Charles Baudelaire, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Carmen Boullosa, Max Brod, Roberto Brodsky, Charles Bukowski, William Burroughs, VOS ME DAS A……….Camilo José Cela, Javier Cercas, Miguel de Cervantes, Julio Cortázar, Rubén Darío, Philip K. Dick, Charles Dickens, José Donoso, Diamela Eltit, Alonso de Ercilla y Zúñiga, Macedonio Fernández, Jesús Ferrero, Rodrigo Fresán, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Antoni García Porta, Pere Gimferrer, WitoldGombrowicz, Vicente Huidobro, Franz Kafka /-”. A partir de esta selección podrían pensarse infinidad de acuerdos literario-culturales que no aparecían en los 90, como el de Julio Cortázar-César Aira, que alguna vez pidió Casas[15].

4. De algún modo, el título de este libro vuelve a Troya, como la escultura de Bernini. Pero la escultura de Bernini remite a la tarea del héroe que debe rescatar el pasado, el futuro y refundar la memoria. El poema de Cardenal -incluido en su libro Epigramas– habla del amor, del instante, del presente: “Recuerda tantas muchachas bellas que han existido: / todas las bellezas de Troya, y las de Acaya, / y las de Tebas, y de la Roma de Propercio (…) Tú que eres bella ahora en las calles de Managua, / un día serás como ellas de un tiempo lejano, / cuando las gasolineras sean ruinas románticas”. ¿Qué hacer con Troya, poeta? ¿Qué salvamos? ¿La memoria, el amor, el loro? ¿Cómo hablar con nuestros hijos mientras el día envejece? ¿Qué idea de justicia lo abarcará todo, incluso a nuestros nietos? Como el fragmento de Cardenal, los poemas de Axat representan otra mirada a la perspectiva de Troya. En el que abre el libro leemos: “En el futuro volverán los escuálidos a sobarte las piernas / perros demócritos astronautas del Apolo XXI de Rugama sin sueños / cantineras espiritas acosadas por poetas malísimos provenientes / de nuevas galaxias que te traerán mi cabeza cortada para ser exhibida (…) En el futuro volverán a llamarte y en un aullido pronunciarás mi nombre / el que será captado por las antenas de generaciones posteriores / del otro lado del mundo de este lado de mi amor”. Futuro es la tercera palabra que aparece en este poema y amor la última. Es otra mirada a la perspectiva de Troya en la que siguen apareciendo los traspasos generacionales (Bernini), pero ajustados “de este lado del amor” (Cardenal).

5. Si se me permite una caricatura para dar fin a estas anotaciones, una caricatura que pueda en cierto modo graficar el espíritu de todo poeta (sea cual sea su camino y equipaje), pienso en Axat como uno de esos personajes de Caras y Caretas (la original), por ejemplo Sarrasqueta[16], creación de Manuel Redondo. En un dibujo de 1917 se lo ve a Sarrasqueta con toda su carga: guitarra, sombrilla, bastón, valija, doble morral, colchoneta, cantimplora, ¿una mesa rebatible? Nuestro poeta carga sus (hasta ahora) nueve libros de poemas, que rebosan sus bolsillos y su humanidad de ex rugbier, una guillotina bajo el brazo (¿escupiendo papel picado?) y algún atributo de justicia, tal vez entrelazado a una infaltable lira. De fondo, una panorámica de los barrios que defiende. Acaso un dibujante de principios del 20 como Redondo hubiese advertido (y furtivamente incluido) alguna flor para indicar amor, vitalismo, “todas las bellezas de Troya”. O la flor con tallo en forma de mecha, evocando a los detectives salvajes. Y algo del atuendo de Hamlet. ¿Cómo dibujar la memoria? En definitiva, los poetas me parece que somos como Sarrasqueta (seamos humildes, esta pequeña y vieja caricatura nos viene bien); cargamos nuestra identidad en larga marcha, sin estacionamiento fijo; pasado, presente y futuro hormigueando en el cuerpo. Y hacemos equilibrio. “La poesía es un Frankestein armónico”, dijo alguna vez Jorge Boccanera. ¿Bernini o Cardenal? Un poco de todo, uniendo las partes. Nunca se sabe. Como compañero de generación de Julián, no puedo dejar de leer sus poemas y agradecer su abrazo hamletiano, que se extiende a todos nosotros, sin dudas.

Emiliano Bustos

 

[1]Gotas de crítica común, colección Los detectives salvajes, Libros de la talita dorada, 2011.

[2] Ver “Los detectives jacobinos y la poética de los hijos de desaparecidos”, por Adriana Badagnani, Estudios de Teoría Literaria, Revista digital: artes, letras y humanidades, Vol. 3, Núm. 6, 2014. https://fh.mdp.edu.ar/revistas/index.php/etl/issue/view/54 (19.03.2019).

[3] Los detalles de aquella presentación han sido abordados por diferentes autores, entre ellos Fernando Alfón, cuyo texto “La guillotina” fue publicado pocos días después del evento en el blog Detectives por la memoria, entrada del 05/11/2010. http://coleccionlosdetectivessalvajes.blogspot.com/2010/11/la-guillotina-por-fernando-alfon.html (18.03.2019).

[4] “De hecho el título Si Hamlet duda se nos ocurrió con Nicolás Prividera creo, en realidad surge a partir del diálogo de Horacio con Hamlet, porque no sabíamos quién podía llegar a decir esa frase, ¿quién es el que daría la muerte? ¿Está fuera de la obra?… Si Hamlet y una coma, surge la coma, Si Hamlet duda, le daremos muerte. Al principio era la frase completa y la coma como que cortó la frase, en el título no está la coma. Está adentro, en las primeras páginas”. Ver “La poesía como máquina del tiempo. Entrevista a Julián Axat”, por Emiliano Tavernini, Aletheia, volumen 8, número 16, junio 2018. http://www.aletheia.fahce.unlp.edu.ar/numeros/numero-16/entrevistas/entrevista-201cla-poesia-como-maquina-del-tiempo.-entrevista-a-julian-axat201d (19.03.2019). “Prividera extiende la metáfora shakespereana a otros actores de la generación que encarnan las distintas caras de un Hamlet. Luego de la dictadura, todos son Hamlet, y se perfilan las tres reacciones, aquellos que asumen la ‘irredenta voz del padre’ sin distanciada crítica (¿construcción de una memoria saturada?) y quienes rehúyen su herencia (posiblemente, el sistema poético canónico de los 90)”. Ver “La construcción de una generación hamletiana. Emiliano Bustos y Nicolás Prividera”, por Agustín Montenegro, en Discurso, memoria, identidad. Intervenciones sobre el fenómeno de la violencia, Cristian Palacios y Pablo von Stecher (comps.).  https://s3.amazonaws.com/academia.edu.documents/44702421/discurso-memoria-identidad-libro-2.pdf?AWSAccessKeyId=AKIAIWOWYYGZ2Y53UL3A&Expires=1553008364&Signature=L3fB9uPjXn8v4mtUb5wp9S948ec%3D&response-content-disposition=inline%3B%20filename%3DEntre_el_relato_entero_y_el_relato_aguje.pdf

[5] Si bien “Marielle Franco retorna por la boca de un aluvión” no entraría exactamente en la serie de estos poemas porque fue escrito bastante después del asesinato de la dirigente social brasileña –ocurrido el 14 de marzo de 2018-, es muy cercano a las revelaciones sobre la participación de ex policías en el crimen, conocidas al cumplirse un año del hecho.

[6] Recuerdo haber conversado con Julián sobre su intención de escribir un poema a partir de los dichos xenófobos de un senador y –tiempo antes- la de crear una suerte de “oda” a un político de nuestra generación (también hijo de padres desaparecidos), que indudablemente discutiría con un tipo de construcción política y de poder, como lo hace el poema dedicado a Máximo Kirchner incluido en Neo o el equipo forense de sí. En esas charlas tuve en mente la dificultad (al menos para mí) de escribir sobre hechos tan próximos, pero también entendí el convencimiento de Axat de ir en ese sentido.

[7] Ver “Escribir poesía después de Gelman”, Página 12, 21/01/2014 https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-238145-2014-01-21.html (13.03.2019).

[8] Otra tradición con la que discute es la de los poetas de La Plata. Como ejemplo podemos citar “Réquiem en la tumba de Matías Behety”, considerado el primer poeta de la ciudad. En el poema Axat revisita el paseo de los románticos por ruinas y cementerios, aunque lo hace como hijo de desaparecidos. Sin embargo, el poema calla esa pertenencia, que sobrevuela de manera inquietante el “paseo romántico”. El poema puede constituir, por tanto, una doble visita. “Diálogo de ultratumba con Joaquín V. González”, que Julián me envió cuando finalizaba este prólogo, es otro ejemplo del linaje platense que Axat interpela. Joaquín V. González, político, constitucionalista, pedagogo, jurista y poeta nacido en La Rioja fue fundador de la Universidad Nacional de La Plata en 1905.

[9] Axat y Croxatto escribieron varios textos conjuntos, entre ellos “Los que saquen la venda”, publicado en Página 12 el 14/06/2013: “De algún modo, todos los jóvenes argentinos son, en esta hora decisiva, Hijos. Hijos de la democracia, de la Historia compleja, de una trama de conquistas y fracasos. Todos por herencia o puente generacional, en busca de la justicia social que a la vez buscaban nuestros padres. La misma rosa, o la palabra que busca a la rosa. Porque a todos (incluso a los que no habíamos nacido) la dictadura nos quitó la identidad. Nos quitó la palabra. Allí donde muchos ven ‘el pasado’, nosotros vemos ‘el futuro’. La dignidad. Donde muchos no ven nada, vemos la potencia de una reparación a los débiles de la Historia. Ahí están los Hijos, por ahí marchan unidos, organizados, solidarios con la otredad de la patria. De los vuelos de la muerte caía el Derecho argentino. Pero la ceniza perdura. Está en nuestras manos”. https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-222265-2013-06-14.html (25.06.2019).

[10] Véase “…Hay poesía: sueños e infancias vulneradas en ‘El niño ininmpunible’ (2014), de Julián Axat”, por María Manuela Corral, publicado en El niño rizoma, entrada del 23 de septiembre de 2018, https://elniniorizoma.wordpress.com/2018/09/  (18.10.2018).

[11] Cito dos ejemplos: el poema “Enciclopedia china Miguel Ángel Bustos” (Rimbaud en la CGT), dedicado a mi hijo Mateo, nieto de Miguel Ángel Bustos, poeta y periodista asesinado por la última dictadura cívico militar, y “¿En qué estrellas viven mis abuelos, papá?” (Cuando las gasolineras sean ruinas románticas), en donde toma la palabra una de las hijas de Axat.

[12] Sobre las bibliotecas de los poetas, es interesante citar a Damián Selci. En una entrevista junto a Violeta Kesselman y Ana Mazzoni, coautores junto a él de La tendencia materialista. Antología crítica de la poesía de los 90 (Paradiso, 2012), el propio Selci señaló: “En los noventa hay veinte, veinticinco poetas, una biblioteca clara. Después no. Una de las causas, seguro, es la desaparición de las instancias consensuadas de legitimación (…) Está también el tema de que en la medida en que el sistema pierde fuerza, el mito de la poesía de los noventa crece exponencialmente. En el medio, el país cambia cultural y políticamente. Cambian un montón de cosas y me parece que todavía no hay poetas contemporáneos que se preocupen por eso. El poema promedio contemporáneo tiene la misma tonalidad de la poesía de los noventa, apagada, neutra, cínica, al menos nada que suponga un tipo de valoración diferenciada”. Ver “Ana Mazzoni, Violeta Kesselman y Damián Selci hablan de La tendencia materialista. Antología crítica de la poesía de los 90”, entrevista, por Patricio Zunini, Eterna Cadencia, 05/10/2012.  https://www.eternacadencia.com.ar/blog/contenidos-originales/entrevistas/item/poesia-del-presente.html (29.03.2019). Poco después, en 2014, durante un debate en el Centro Cultural de la Cooperación titulado “Escribir poesía después del 2001”, del que participaron Damián Selci, Ángela Urondo, Demetrio Iramain y Cecilia Eraso, Axat (ofició de moderador) sostuvo: “Hay que pensar a los poetas de los 90 y pensarlos como un problema complejo. Y hay que reescribirlos también. En este sentido me parece que hay nuevos temas, me parece que en los 90 no estaban y aparecen como problema. Entre los 90 y ahora el espacio público se reconstruyó, creo que el tejido social de a poco se fue constituyendo. Más allá de las disidencias políticas o no que uno puede tener con el kirchnerismo, creo que los poetas que escriben en este momento están pensando o atravesando o teniendo como dilema la nueva estatalidad, el nuevo espacio público creado como problema de interpelación (…) El espacio público de los 90 no es el mismo de ahora y eso es un problema para los que escriben en este momento poesía. Y eso implica, quizás, pensar o repensar la poesía de los 60, 70. Una forma de pensar los 60 y 70 de una forma que los poetas de los 90 no pensaron. Pensar, con los poetas de los 90, reflexionar qué está pasando con los contextos actuales”. https://www.youtube.com/watch?v=–ZhPquQBko (29.03.2019). Cuando Selci habla de “biblioteca” probablemente se refiera a una determinada red de lecturas (en el caso de los poetas de los 90, supongamos, la poesía anglosajona que introduce a mediados de los 80 Diario de Poesía; Giannuzzi, Girri, y también el paso por la carrera de Letras de varios de los autores que empezaron a publicar en esa época, experiencia que supone toda una serie de validaciones e impugnaciones). En el caso de Axat, claramente tiene una biblioteca detrás, la que sumada a su historia lo transforma en un poeta fuera del catálogo propuesto por Selci, un poeta que pone en cuestión ese catálogo.

[13] Los diferentes Rimbaud que aparecen en los poemas de ese libro son un despliegue del Rimbaud “trabajador” que surge del título, un poeta (y artefacto literario) cruzado por sus diferentes tareas e identidades: “Fanon + Rimbaud – Mac Donald x El “Che”’; “Rimbaud va a la Corte”; “Una historia de Rimbaud a Truman Capote”; “Mis amigos o Rimbaud triglicérido”; “Rimbaud en zapatillas”; “Lapidación de Rimbaud”; “Rimbaud en Arar”; “Rimbaud justifica sus viáticos”; “Rimbaud en los plenarios”; Juez procesista devenido demócrata juzgado por Rimbaud en Jerusalén”; “Rimbaud jugando cargado de plomo en sangre brillando en la noche”; “El estado y Rimbaud se odiaron”; “Rimbaudkamchatka”; “El día que Rimbaud fusiló a Dios”; “Rimbaud decreta la democratización de la poesía”; “Rimbaud conoce a Juana Gómez (15 años)”; “Rimbaud en el parnaso”; “Rimbaud de la guarda”, y “Absynth sin Rimbaud”. A diferencia de Las estaciones de Van Gogh (1984), el poemario de Amelia Biagioni que atraviesa la biografía del pintor holandés, Rimbaud en la CGT reutiliza al poeta por fuera de su historia (pero no de su rebeldía), en oficios, actitudes y escenas generacionales diversas. Los únicos poemas que desde el título parecen vincular a Rimbaud con su biografía son “Rimbaud en Arar” (la ausencia de la h y el tema trastocan la relación directa) y “Absynth sin Rimbaud”. Se diría que Axat hace trabajar a Rimbaud para un nuevo fin. Respecto de Rimbaud en la CGT, me gustaría apuntar otra cosa. Creo que su tapa (diseñada por Leopoldo Dameno), por la fuerza del cruce que propone entre el poeta de Charleville y el movimiento obrero organizado, está entre las mejores tapas de libros de poesía que recuerde, por ejemplo Fábulas (1971), de Gelman, El crawl (1982), de Héctor VielTemperley o Escrito con un nictógrafo (1972), de Arturo Carrera. El crawl, como Rimbaud en la CGT, también propone un cruce, en ese caso entre el marinero de Gold Leaf y una corona de espinas. Hay una “recategorización” que se da en los dos casos: el “marinero crístico” y el “poeta sindicalizado”. Sobre Rimbaud en la CGT y su tapa Axat opinó: “Te diría que el título ‘Rimbaud en la CGT’ nace del encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección. Es un juego de dos elementos de apariencia contradictoria en un mismo plano y que los hace posibles, pero que les da una lógica común. Un juego de tensiones entre la frescura y el vitalismo de un joven poeta, y una institución histórica como la cúspide de la organización sindical confederada. La tapa del libro busca descolocar, el rostro aniñado y salvaje atrás de las siglas históricas ‘CGT’. Como personaje de la poesía Arthur Rimbaud representa un fenómeno que contradice las maneras esclerotizadas del decir. El sindicalista de base se le parece en un punto. Todo lo contrario a la figura del sindicalista de la superestructura, que suele ser un burócrata, y hablar como los poetas burócratas”. Ver “Rimbaud en la CGT, de Julián Axat”, entrevista, por Augusto Munaro, en Indiehoy, 27/09/2017. https://indiehoy.com/libros/rimbaud-la-cgt-julian-axat/ (21.03.2019). Asimismo, la tapa de Rimbaud en la CGT propone cambios respecto de tapas anteriores, al volverse más marcadamente política. Lo mismo sucede con la de Offshore & otrospoemas, que recuerda la portada de algún libro u otra publicación de los años 70: un fragmento de la estatua de la libertad con una calavera por rostro y el fondo a rayas rojas y blancas que insinúa la bandera de Estados Unidos. Dos mujeres con atuendo musulmán actualizan la imagen. Por último, la estación de servicio abandonada que ilustra la tapa de este libro, bien podría ser una reutilización de la imaginería objetivista de los poetas de los 90, aunque el contenido del libro sea otro. Algo parecido a lo que sucede con la tapa de El sexo de las piedras (Mansalva, 2014), de Fernando AraldiOesterheld. El coqueto cuadro de Max Gómez Canle, titulado “Bia pelosa”, invita a pensar en algún poemario de fines de los 90, casi de Belleza & Felicidad; sin embargo, bajo ese aparente camuflaje se esconde otra cosa.

[14] Mientras escribía este prologo releí algunos cuentos de Apollinaire, como “La servilleta de los poetas”, incluido en Heresiarca y Cía. Allí figura este pasaje a modo de catálogo: “Esta servilleta se fue ensuciando poco a poco. Por allí había una mancha de huevo junto a una brizna de espinaca. Más allá, marcas redondeadas de bocas húmedas de vino y cinco huellas grisáceas dejadas por los dedos de una mano que se había posado. Una espina de pescado atravesaba la trama como una lanza. Un grano de arroz seco estaba pegado en un ángulo. Y las cenizas de los cigarrillos ensombrecían unas partes más que otras”.

[15] “Aira es un gran escritor, pero también está Cortázar: ¿por qué siempre tiene que ser Menotti o Bilardo, por qué no se puede cuestionar eso?” Ver “Aquí se veneran cosas estúpidas”, entrevista a Fabián Casas, por Ángel Berlanga, Página 12, 19/12/2007. https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-8683-2007-12-19.html (29.12.2019).

[16] Ver “El mito de la primera historieta argentina”, por José María Gutiérrez, Tebeosfera, 2ª época, N° 13, 31/12/2014. Ahí aparece Sarrasqueta, el personaje dibujado por Manuel Redondo para Caras y Caretashttps://www.tebeosfera.com/documentos/el_mito_de_la_primera_historieta_argentina.html (26.03/2019).

J.G. BALLARD SUBE A LA AUTOPISTA DEL FUTURO Y CARGA NAFTA EN LAS MALVINAS

J.G. BALLARD SUBE A LA AUTOPISTA DEL FUTURO Y CARGA NAFTA EN LAS MALVINAS

a Gustavo Caso Rosendi, Martin Raninqueo y Gabriel Sagastume

 

Creo en la belleza misteriosa de Margaret Tatcher

en el arco de sus fosas nasales

& el borde de su labio inferior

 

En la melancolía de los pichiciegos heridos

& en las sonrisas perturbadas de los empleados

de estaciones de servicio

 

En mi sueño sobre Margaret Tatcher

acariciadas sus tetas por ese soldado argentino

en un Motel olvidado

& observados

por un empleado de estación de servicio tuberculoso

 

 

 

 

 

DIALOGO CON ALBERTO SZPUNGERG SOBRE UNA GASOLINERA ENCONTRADA EN EL COMETA 67/P

DIALOGO CON ALBERTO SZPUNGERG SOBRE UNA GASOLINERA ENCONTRADA EN EL COMETA 67/P

 

Y si las gasolineras románticas fuesen cimientos abandonados

no estaciones de servicio en decadencia o surtidores vaciados

sino restos de una civilización perdida llevando en el útero

naves intergalácticas como barcos varados de un mar negro tan Purgatorio

más allá de Lovercraft o Cardenal

portadoras de un sueño a descifrar en la imagen

 

Románticas no por el deterioro y los poetas que

alguna vez cargaron combustible a su voz

Románticas por el corazón helado de cuarzo o nieve

de los viajeros que las olvidan mientras siguen ahí

sin que nadie les preste atención

HABITACIÓN 406

HABITACIÓN 406

 

Un ángel cae cuando tu cuerpo

cae sobre la sábana/ que llenaré de

jugos/ de saliva en nuestros

orificios que borbotan/ se abren a

los ángeles caen/ agua interna.

Pezones erectos como mi pija y las

bocas escupen mientras otros

orificios nos espían/ vecinos que

enloquecen/ quieren entrar al

agujero de néctar nuestro 406.

406 veces acabaremos y 406 veces

tocaremos el zenith entrelazados

chupados swingereados tan hijos de

puta como los ángeles que somos y

nos caemos.

Sumidos sometidos con todos los

consoladores del cielo metidos hasta

la garganta/ dueños de todas las

jugueterías del deseo/ llévame al

fondo/ píntame/ píntate/ los ojos/ la boca/

disfrazame de la mujer que te

gusta en la estrella de todos tus

sueños en los que te miran