HAMBLET HUBIERAS

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Hamlet hubieras

Un viernes lluvioso en Buenos Aires el entonces Secretario de Derechos Humanos de Argentina, Eduardo Luis Duhalde, de quien yo era asesor, me pide que lo acompañe a la presentación de un libro de poemas de Rosa María Pargas (militante y poeta desaparecida durante la última dictadura militar en Argentina). La presentación de ese libro de poemas de Pargas estuvo a cargo del joven poeta (abogado e hijo de desaparecidos) Julián Axat, que dirige –mientras se desempeña como abogado en los juicios de derechos humanos de Argentina- una colección de poesía (Libros de la Talita Dorada) dedicada a publicar a poetas (abogados, economistas, como Jorge Money, economista y poeta) desaparecidos o hijos de desaparecidos. „Nosotros –como abogados- no somos mercenarios, somos poetas“, dijo Julián en la presentación del libro, „y como poetas (como abogados poetas, no como abogados burócratas, no como „abogados mercenarios“) podemos y debemos construir un Derecho mejor, nuevo, un Derecho diferente, más justo“. Más poético. Un Derecho que se involucre más con la poesía, un Derecho que hable el lenguaje que hablan los poetas, (y no el lenguaje evasivo que hablan los abogados); poetas como Jura Soyfer, como Celan, como Juan Gelman. Un Derecho que crea que la poesía puede aportar en la formación de los abogados una visión más crítica, más „subversiva“ („la literatura es subversión“, afirma Marta Nussbaum en su libro Poetic Justice, también Derrida en su conferencia Ante la ley, que recupera un cuento de Kafka, cuando habla de una „juridicidad subversiva“ presente en la literatura, sostiene que hacer literatura es hacer „subversión“; precisamente de eso eran –fueron, y son- tachados los poetas argentinos desaparecidos durante la dictadura militar argentina: de ser „subversivos“, de ser poetas-abogados –como Luis Elenzvaig, o economistas poetas, como Jorge Money, a quien Julian le dedica su poema más importante- dedicados a promover la „subversión“, de ser jovenes „politizados“ y “subversivos“, dedicados a promover –con sus escritos poéticos revolucionarios, „irresponsables“, críticos de la injusticia reinante en la sociedad- la „subversión“ política) Denunciar la desigualdad es ser „subversivo“. Denunciar la injusticia, la pobreza, la marginalidad, (los aun vigentes campos de exterminio que existen en el mundo) es hacer „subversión“ de un orden. Por eso el sistema –como recuerda Apollinaire- arrincona y anula a los poetas. („Hay que apurarse. Mañana ya no habrá ninguna poesía. Mañana ya no habrá poetas“). Porque la poesia no es inocente ni es políticamente „neutral“, la poesía promueve la „subversión“ de un orden estatuido. Promueve la „subversión“ de unos valores y de unas palabras. La poesía es –debe ser- „subversiva“. Los jóvenes abogados poetas –argentinos, hijos de desaparecidos, como Axat- no hacen poesía „por amor al arte“, sino por amor al cambio, a la crítica, a la „politización“, a la militancia: a la transgresión. A la justicia. Por amor a la instransigencia. Porque la intransigencia –como dijo Alicia Eguren, tambien poeta- nos da poder. La instransigencia nos mantiene vivos, nos mantiene firmes en unos valores que el sistema (que genera exclusión, hambre, marginalidad, pobreza, y silencio) tacha de „subversivos“. Alzar la voz (ser poeta) es siempre subvertir un orden. Hablar es ya ser „subversivo“.

Más allá de los valiosos juicios de derechos humanos, existe algo que el Derecho mismo –la „Justicia“ en si misma- no puede reparar. En esos márgenes y vacíos de lo que la Justicia (argentina) no repara, aparece la poesia con su palabra. Con su „subversion“. (Cuando se le pide a los jovenes que „no se metan“, que „no se „politicen“, que no hagan „bardo“, se nos está pidiendo que no hagamos „poesia“, que no pensemos, que no nos volvamos „subversivos“, que no hagamos –de nuevo, recuperando la palabra subversiva, poética, que no pudo ser desaparecida- „subversión“. La palabra de los desaparecidos que se recupera en estas colecciones de poemas que edita Axat no es una palabra muerta: es una palabra viva. Una palabra que está más viva que nunca. Que es más „subversiva“ que nunca. Una palabra que nos quema las manos, que dice, que grita)

La poesia lucha contra los silencios (y contra los eufemismos) que emplean los abogados. El Derecho calla. La poesía no. La poesia lucha contra el eufemismo. Lucha contra el lugar común del lenguaje que no dice nada. Lucha contra los ritualismos formales. Contra la formalidad del Derecho. Contra el formalismo inconducente debajo del cual se esconde el sufrimiento. Un derecho poético es un Derecho con mayor sensibilidad, con mayor empatía, con más ojos, vivo, con mayor lugar para las emociones. Para la „parcialidad“. Para la palabra.

Como dijo Julián Axat hace muchos años, en la presentación del libro de Pargas, „nosotros -como abogados- no somos mercenarios, somos poetas“. Y lo que define al poeta es que su palabra no se vende. No se negocia. No tiene precio. No se puede comprar. Por eso es un „riesgo“ para el sistema. Un „peligro“ de una „subversión“ latente (poética) que se avecina. Una „subversión“ que vuelve. Que puede volver. Por eso es probable que una vez más a los abogados poetas nos llamen, otra vez, en pleno siglo XXI, (a los hijos y nietos, „Guido, vos también sos un Hijo“, me dijo Julián alguna vez) „subversivos“. Que volvamos a escuchar esa palabra sobre nosotros. Que nos vuelvan a llamar –caratular- así. (Jóvenes-abogados-poetas) „Subversivos“. El lenguaje jurídico calla muchas cosas, pero la poesía no puede callar. No está para eso.

Por eso el título del poema (en forma de preguntas) que Julián escribe para su papá desaparecido se llama Hamlet Hubieras. Es un poema-pregunta (todo poema es una pregunta). „Y vos qué hubieras hecho padre de no haber desaparecido“? „Ser o no ser“, esa es la cuestión final para el poeta, pero también lo es para todo abogado que se precie de „justo“: ser o no ser, todos los dias se debe tomar esa decisión dificil: elegir „ser“ implica riesgos. Implica decisiones. Implica palabras. Muchos abogados eligen no ser. Para los poetas la decisión posible es una sola. Hacer justicia. Hacer poesía. Elevar la voz. Hacer palabra. Tener valor. Correr un riesgo. Enfrentar un peligro. Subvertir un (el) orden que nos mantiene –y nos quiere- callados.

Luego de la presentación de ese libro de poemas, Eduardo Duhalde me llevó en su auto hasta mi casa. En un semáforo en rojo, y con las manos bien aferradas al volante del auto Vento Gris, con la mirada perdida en una avenida llena de autos, dijo Duhalde de repente „ves, Guido que los desaparecidos no es que no están?“. Yo me limité a guardar silencio. Pero él repitió: „los desaparecidos están, Guido. Están.“

Guido Leonardo Croxatto

gcroxatto@zedat.fu-berlin.de

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