CARTA A Fernanda Nicora EN UNA AGENTINA QUE PIDE PALABRA Y NO SILENCIO

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Querida Fernanda

Te escribo desde lejos, sé que me disculparás por no estar hoy. Ayer fue un poema, hoy te mando esto que estuve tecleando hace un rato. Es breve, son cosas que siento.

Hace dos años era defensor oficial de jóvenes y ese trabajo me permitió conocer un mundo terrible, pero también maravilloso. Los que venimos de la pelea por la Historia de este país, sea porque nos tocó ser hijos de esa Historia, o porque así también lo elegimos, nos chocamos con la justicia, pero también con la impunidad. Yo hace quince años elegí ser parte de la justicia, primero porque mis padres no la habían tenido, segundo porque pensé que “los justos” se hacen en el tiempo con la conjunción de palabra y el cuerpo, con el compromiso. No con la reproducción de una burocracia.

El año pasado en el juicio por la desaparición y asesinato de mis padres, en el momento de mi declaración, les dije a los jueces: “yo hubiera querido ser el abogado de mis padres antes de que los ejecuten”, todos me miraron con rostro de incredulidad. Pero bueno, desde ese juicio para aquí mi historia cambió un poco, ya no estoy más en La Plata, ando buscando nuevos rumbos para los hacedores de justicia. Allí está ATAJO, allí está la necesidad de llevar la justicia a los barrios de nuestro país, que no tienen nada.

Haber sido defensor, te decía, me dio alegrías-satisfacciones, pero también tristezas. Las alegrías van del lado de la fuerza que me transmiten los pibes, sus historias, los mundos que atraviesan y de los que nadie se entera. Crecí mucho con ellos. La mayor tristeza, es haberme encontrado asistiendo a adolescentes que tarde o temprano, eran asesinados en extrañas situaciones de enfrentamiento, o bien aparecían muertos. La cuestión la llevé a la Suprema Corte de la Provincia, en siete casos prácticamente calcados, donde el patrón estaba una sucesión: jóvenes hostilizados por la policía (vale decir: marcados), algunos atendidos por mí o por mis colegas en procesos penales de poca monta; nula contención del sistema de protección de derechos (familias desesperadas y sin referentes para apoyarlos). Así estaba la cosa a mediados de 2013, y alguien me mencionó de una marcha ocurrida a principios de ese año. Entonces Google el caso, y apareció la marcha y toda tu historia.

Entonces pensé que el caso de tu hijo, estaba dentro de la saga de los que yo había denunciado, aunque con una particularidad, la muerte se presentaba como dudosa, “un golpe” en una playa alejada de Punta Indio. Decidí averiguar un poco más, y aparecieron los otros patrones de la impunidad que detectaba en muchos otros casos: la atribución de la responsabilidad a un no punible, extraños movimientos policiales alrededor del cadáver, el pase del expediente –sin más- al Fuero Juvenil para que sobresea y punto final.

Si hay una manera de lograr que nadie investigue un crimen en la Argentina de hoy, es la vigencia de la ley 22.278 que atribuye responsabilidad a un niño no punible y cierra el caso. Así un grupo de reclutantes adultos, podría utilizar a niños para cometer crímenes, utilizando la no punibilidad subsiguiente, total luego el Fuero penal Juvenil no investiga, cierra los casos. Desarmar esa trampa desconociendo las poleas del sistema, fue tu primer desafío Fernanda, y lo lograste. La fiscal encontró a un niño de 15 años para atribuir todo el hecho, y le pasó el caso al Fuero Juvenil, quien sobreseyó por la no punibilidad y punto.

Cuando te conocí hace dos años, vos recorrías los pasillos de tribunales de La Plata exigiendo que se haga una pericia que al final demostró que un rastro en la zapatilla del menor, no coincidía con la del lugar donde fue hallado el cuerpo de tu hijo. Esa pericia duró meses, esa dilación fue la que terminó permitiendo al la justicia de entonces darle un margen a la policía corrupta y asesina, para esconder pruebas. Y que vos, con el tesón que te caracteriza, llegues a una autopsia que entonces era imposible.

Todavía te recuerdo en mi despacho pensando en todas las pruebas, en todo el punteo que vos tenías garbado en tu cabeza, y yo solo tenía que colocar en un escrito. Yo ya me iba, me despedía de mi lugar de Defensor, y lo hice abrazándote, lo hice pensando en la mirada de los pibes a los que nunca tuve la oportunidad de defender, como a mis padres.

Ahí fuimos a ver a la fiscal con nuestro escrito, tardó en atendernos, sentados en el pasillo con nuestro escrito con diez pedidos que iban a dar vuelta la hipótesis del expediente. Tu hijo en la playa no había sido golpeado con un elemento contundente, tu hijo había sido ejecutado con una bala con olor al encubrimiento policial que rodeaba a toda la saga de asesinatos y gatillo fácil de pibes que año atrás llenaba de olor nauseabundo a nuestra Provincia de Buenos Aires.

Y el médico, mejor dicho ese policía médico, había fraguado la prueba de tal modo que cuando lo tuviste enfrente, no podía mirarte a la cara, sin dejar de tener cara de rata. La fiscal dudó, la fiscal titubeó, la fiscal hizo tiempo, pero al final no le quedó otra que avanzar. Entonces Fernanda, vos ya estabas sola frente a las estructuras de la maldita justicia con tu machete, abriendo la maleza infectada, desmalezando ese expediente de mentiras que se abrían a tu paso con la verdad. La Comisión Provincial por la memoria, pero especialmente Sandra Raggio fueron un puntal, y creo que lo van a seguir siendo.

Así fueron apareciendo los elementos que ya sospechabas, y que demuestran, o tarde o temprano van a demostrar que, una trama vinculada a policías del lugar, algún vecino o allegado, forenses y negligencia judicial funcional, han sido los autores-encubridores del asesinato mafioso de tu hijo Sebastián. Solo tu fuerza, tu capacidad de lucha, tu enrome valentía y coraje desnudan al poder. En este país, no hay maldad que pueda contra una madre en búsqueda de verdad y justicia.

Escribo esto y finalizo en un momento particular de la Argentina, en la que muchos quieren ser un fiscal suicidado y usar esa muerte para desestabilizar y crear una argentina para pocos. A ellos que no les interesa tu hijo Sebastián, que nunca dirían “Yo soy Sebastián”. A ellos que utilizan el silencio y la cacerola, e ellos Fernanda, la muerte de tu hijo se la traga el silencio que profesarán. Nosotros en cambio, tenemos la palabra, la militamos, sonreímos pese a la tristeza. Ni un pibe más asesinado. Es la palabra, tu palabra que golpea las puertas de la ley. Es la palabra y no el silencio de los cómplices silencieros que quieren una Argentina para pocos. Porque de lo que no se puede callar, hay que gritar Fernanda. Tu lucha lo demuestra. En el tiempo que está por venir, no te sientas sola, somos muchos los que estamos. Te abrazo en este día tan especial. Tu hijo está a tu lado, tu hijo Sebastián te acompaña.

JULIAN AXAT, DNI 25476173

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