“Les voy a poner una causa”

Por Fernando Latrille

El 4 de marzo por la tarde Nicolás, un chico de 16 años de barrio La Cerámica de Rosario, se encontraba con un amigo en un cumpleaños a quien  le propuso lo acompañara a cargar nafta en la moto Yamaha Crypton, para salir a dar una vuelta. Se dirigieron por calle Boedo, y pasando Superí, los cruzó un patrullero en un semáforo, les hizo seña de luces, y Nicolás siguió, aumentó la velocidad intentando perderlos,  aparecieron otros móviles más, luego de ocho o nueve cuadras sintió que venía un patrullero a alta velocidad y a los tiros. Nicolás se detuvo, el patrullero los chocó, y ellos cayeron sobre el asfalto. Es ahí donde dos policías, una mujer y un hombre, se les tiraron encima, y los golpearon,  fueron pateados en el suelo, y un uniformado preguntó “dónde está el fierro”, tendido en el suelo Nicolás expresó “no tenemos nada” a lo que el policía respondió “ah, no tienen nada, yo les voy a hacer robar gratis a ustedes…les voy a poner una causa”.

Así comenzó una historia que se repite una y otra vez en el barrio La Cerámica. Los adolescentes le temen y odian a la policía, no es para menos. La costumbre de los uniformados es detenerlos y pegarles, los abusos son una constante. El caso de Nicolás tiene ingredientes que las crónicas policiales de los diarios no reflejaron en forma completa, ya que muchos periodistas creen que cubrir policiales es obtener la versión policial y transcribirla en el diario. Se olvidaron gran parte de esta historia. La principal, que fue el abuso policial que se cometió contra los menores a quienes quisieron culpar de algo que nunca hicieron. La segunda omisión fue el papel inoperante que jugó la Jueza de Menores N° 2 de Rosario, Gabriela Sansó, quien compró la versión policial armada y no les brindó las garantías necesarias ni al menor, ni a su padre, que desconforme con su accionar recurrió en forma desesperada, ya que su hijo se encontraba envuelto en una causa que la policía le había armado, ante el Defensor General de la provincia de Santa Fe, Gabriel Ganón.

 De aquí para allá. Maltrato y humillación

Nicolás y su amigo fueron llevados hasta la comisaría décima del barrio. Ahí los hicieron desnudar y se burlaban de sus genitales, incluso los policías llamaron a una mujer policía de esa comisaría para que ella participara de esa acción humillante con un “mirá estos, se hacen los guapos y no tienen nada”. De ahí fueron trasladados a la Comisaría treinta, donde fueron fichados, y les tomaron fotografías sosteniendo un cartel donde tenían un número, relató Nicolás.

El padre se enteró, gracias a un vecino, que había visto como era trasladado Nicolás y su amigo. Ramón se presentó en la Comisaria Treinta, no estaba ahí su hijo, se fue a la Comisaría Décima y ahí le informaron que su hijo había robado, según la declaración de la propia policía, y lo trasladaron a la Treinta, como también al ciclomotor. Cuando llegó a la Comisaría un policía le preguntó si era el padre del que manejaba la moto, Ramón respondió que sí, y el uniformado expresó “su hijo se me paró de mano” ¿Cómo se le paró de mano?, pregunto confuso el padre. El policía explicó corporalmente que Nicolás se había puesto en posición de pelea, y agregó que si llegaba a decir que la policía le había pegado “el que le pegó fui yo”. Su padre pudo averiguar en estos días el nombre del policía, se llama José Villalba, petiso, pelado -lo describen en el barrio-  que se caracteriza por golpear a los adolescentes.

 

Comisaria 30 del barrio La Cerámica de Rosario

Nicolás recuperó la libertad, el padre que había llevado los papeles de la moto para poder retirarla recibió la negativa, que pasara la semana entrante, fue la seca respuesta que obtuvo. El ciclomotor quedó en un pasillo de la Comisaría. Nicolás negó que había cometido el delito de robo que le imputaban, se lo dijo a su padre y al policía que le informaba la situación a su progenitor. Pudieron irse de ahí luego de firmar la liberación,  el oficial les informó que serían citados y lo que tuvieran que declarar lo podrían hacer en esa oportunidad.

Así fue, fueron citados cinco días después por el Juzgado de Menores N° 2 a cargo de Gabriela Sansó. Cuando concurrieron al Juzgado fueron separados. A Nicolás se lo llevaron a un cuarto donde le tomó la declaración un Secretario, mientras Ramón era interrogado por otro lado. Fue así que el padre se sintió desconforme con el trato que le brindaron. Luego de unos seis días le llegó la citación de la Jueza Sansó que le mostraba la declaración policial, y le dijo “a su hijo lo va a tener que cuidar mucho. Vamos a ver cómo vamos a trabajar con él”. El padre se puso nervioso y le expreso “usted jueza a mí no me escucha yo voy a tener que aceptar lo que usted dice o lo que dice la policía, mi hijo no robó”. Gabriela Sansó le dijo que su hijo tenía un defensor, que luego lo iban a citar, para que se explaye ahí. Ramón se sintió maltratado, que no era escuchado, no lo conformó lo que expresó la Jueza. Al llegar a su casa, habló con su mujer, y preocupados buscaron qué hacer, no tenían dinero para contar con un abogado particular. Y a los dos los asaltaba el temor de que su hijo cargara con un prontuario por algo que no había hecho. Pero en el barrio La Cerámica la preocupación de ellos, era también la de otros vecinos que se sienten desamparados. Es por eso que se llevó adelante en un centro asistencial una reunión con personas afines a “los derechos humanos” contó la mujer de Ramón que asistió y pudo expresar lo que le había sucedido a su hijo. Fue así que asesorados por estas personas fueron citados en un despacho donde los contactaron con el Defensor General de la provincia Gabriel Ganón. Fue ahí que Ramón y su mujer se sintieron protegidos, acompañados.

Una vez que intervino Ganón, Ramón recibió otra citación de la Jueza Sansó, para informarle, notificarle, que su hijo contaría con una defensora, la doctora Peña. Ramón se quejó, “cómo nos va a representar alguien que estuvo ausente cuando le tomaron la declaración a mí hijo, y en las dos veces que usted me citó nunca estuvo. Y ahora que tengo quien me esté asesorando, ahora recién ahora, me asignan defensor” expresó con interrogante enojo.

Apuro y sobreseimiento 

 

Ramón, padre de Nicolás a quien lo golpearon, humillaron y le armaron una causa

 

La doctora Peña llamó por teléfono a la familia, para expresarle que quería hablar con Ramón, con Nicolás. Ellos aceptaron y se reunieron con Peña quien le mostró el legajo de su hijo, fotos de su hijo sacadas en la policía. En esa breve charla la doctora Peña le informó que intentarría revertir la situación. A pocos días lo volvieron a llamar a  Ramón expresándole que tenían buenas noticias sobre su hijo. Según le contaron al otro día, cuando fue recibido por la doctora Peña y fue llevado con la Jueza Sansó, le explicaron, que su hijo había sido sobreseído de la causa. Que la supuesta víctima de robo no reconoció a su hijo. Y que la moto que se buscaba era una moto roja, de la misma marca. pero no con el mismo número de patente. Y supuestamente quienes habían cometido ese robo, habían sido identificados por la víctima. Es decir que comenzaron a aparecer explicaciones de por qué su hijo no había cometido ningún delito, cuando ese debió haber sido el primer paso a realizar por la Jueza de Menores, si es que en derecho la presunción de inocencia todavía cuenta. Pero la acción tardía pero apurada de la Jueza tenía  como estrategia disimular su pésimo accionar.

Demuestro que hago y acuso  

Gabriela Sansó que rápidamente había comprado la versión policial sin escuchar al padre de Nicolás, y sin importarle que su hijo había declarado sin defensor, y expresaba ser inocente, comenzó a actuar a destiempo. Le designó como defensora para el menor a la doctora Peña una vez que la familia recurrió en forma desesperada ante el Defensor General de la provincia. Pero tenía un sentido ese simular que hacía, que cumplía con su función, y era precisamente el deseo de que no quede en evidencia su inoperancia, y al mismo tiempo responder con una acusación contra el único defensor de los derechos humanos que le violaron a Nicolás y su familia, el doctor Ganón, que fue denunciado por la Jueza de Menores N°2,  por representar al menor.

Un chiste de mal gusto

Todo pareciera convertirse en un chiste de mal gusto cuando el único defensor en este caso termina siendo el acusado, culpable de defender a un menor a quien le armaron una causa, lo golpearon, humillaron y maltrataron, con una familia desesperada que no encontró respuesta en un juzgado donde el maltrato y la versión policial fue lo que reinó. Que la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe haya resuelto pedirle a la Legislatura que analice si corresponde la remoción del Defensor General Gabriel Ganón por pretender representar desde su cargo al menor, es una clara muestra de la falta de seriedad y responsabilidad con la que trabaja ese poder supremo.

Que en el barrio La Cerámica el poder policial viole sistemáticamente los derechos de los pibes parece no importar, que el abuso sufrido, que hasta el día de hoy se repite con el propio Nicolás, que hace días fue parado por un móvil, cuando se dirigía caminando a la casa de su novia, fue interceptado y le dijeron: “así que vos sos el choro…y también batis a la cana…” mientras le pegaba un policía con la mano abierta en su cabeza y lo amenazó diciéndole “a vos no te quiero ver más por esta jurisdicción…cada vez que te veamos te vamos a llevar, te vamos a parar”, parece no preocuparle, no llama la atención de un poder judicial inoperante y pasivo a las violaciones de los derechos humanos que sufren los ciudadanos de esa provincia. Que la moto, Yamaha Crypton, que usa toda la familia, y que todavía la están pagando, haya desaparecido de la comisaría treinta y la explicación burlesca que le dieron a Ramón fue que “la robaron de afuera, le hicieron un puente… son rápidos los muchachos” cuando la moto se encontraba en el pasillo de la Comisaría Treinta. Y Ramón le advirtió al policía que no se iba a quedar de brazos cruzados, que haría la denuncia. “hace lo que quieras, nosotros ya estamos jugados” contestó el uniformado, tampoco parece importarle a ese poder judicial que debería bregar para que esos abusos de poder no sean moneda corriente. No, todo eso no cuenta para el poder judicial que cada vez se aleja en Santa Fe de la problemática de los ciudadanos, porque en lugar de ofrecerles garantías para que estos sucesos aberrantes no se repitan se encuentran bien dispuestos en que un defensor que fue la única respuesta que recibió Nicolás y su familia después de varios atropellos, sea quien deba ser removido de su cargo. 

 

 

 

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