Nuestros artistas del hambre

Por Julián Axat.

 

El diario Diagonales publicó la noticia de un ex preso que estuvo en prisión preventiva doce años, mientras los Tribunales -en un dimes y diretes- no trataron su recurso.

Como consecuencia de ese “no tratamiento”: la pena terminó prescribiendo cuando el preso consumió la condena. 

Llaman a la reflexión algunos aspectos. El tiempo que Los Tribunales superiores se toman para tratar el recurso contra la condenas no firmes, realizándo -a discreción- lo que Kafka llama en  una novela: “la prórroga ilimitada”: “…La prórroga ilimitada mantiene por tiempo indefinido al proceso en su primera fase…” (Franz Kafka, El Proceso, Edit. Losada. Págs. 131).

La “prorroga ilimitada” (inoficiosidad provocada) es el tiempo que el hombre de la noticia padeció en un calabozo durante doce años bajo la incertidumbre de su culpabilidad; es decir, sin poder saber si los fundamentos de tal encierro eran justos.

La elección de una jaula como protesta frente a ese padecimiento, nuevamente nos lleva a Franz Kafka en su cuento “Un artista del hambre” en el que un artista se encierra así mismo en una jaula en medio de la plaza céntrica de una ciudad. Al principio a todos los pueblerinos son atraídos por la escena, les llama la atención la presencia del artista-ayunador dentro de la jaula. Con el correr del tiempo se acostumbran, les parece un elemento más del paisaje. Sin que nadie lo mire ya, llega el momento en el que el hombre se convierte en una suerte de despojo, o animal hambriento que muere de inanición.

El cuento culmina con las siguientes palabras de un policía: “-¡Limpien aquí!… y enterraron al ayunador junto con la paja. Mas en la jaula pusieron una pantera joven… y la alegría de vivir brotaba con tan fuerte ardor de sus fauces, que no les era fácil a los espectadores poder hacerle frente. Pero se sobreponían a su temor, se apretaban contra la jaula y en modo alguno querían apartarse de allí” (Franz Kafka. Relatos completos I. Buenos Aires, Losada, 1980).
Supongo que hay veces que tanta crueldad ironiza con el espectáculo de variedades. El problema, parecería ser la propia prórroga del artista del hambre cuando la gente se aburre de su presencia. Digo parecería, porque siempre habrá otros ocupando su lugar.

Poeta y Defensor oficial

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